Avances tecnológicos y biotecnologías agrarias para la adaptación a la sequía en el Estado español 

El cambio climático influye directamente en la agricultura española. Ante este escenario, las investigaciones relacionadas con la mejora genética, la biotecnología y las nuevas tecnologías agrarias se presentan como una de las principales vías para aumentar la resiliencia de los cultivos y asegurar la sostenibilidad del sector

Por Dailyn Kamila Chavez Almeida

La agricultura del siglo XXI se enfrenta a importantes desafíos derivados del cambio climático. El incremento de las temperaturas, la disminución de las precipitaciones y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos están modificando la disponibilidad de los recursos hídricos que comprometen la producción agrícola en numerosos territorios. 

España no es ajena a este panorama. Durante las últimas décadas, las proyecciones climáticas han mostrado una tendencia progresiva hacia un aumento de la aridez, especialmente en las regiones del sur peninsular. La reducción de las precipitaciones, unida al incremento de la evaporación provocado por las altas temperaturas, disminuye la disponibilidad de agua para el riego y aumenta la presión sobre los sistemas agrícolas. Como consecuencia, los cultivos experimentan un mayor estrés hídrico, reducen su productividad y presentan una mayor vulnerabilidad frente a plagas y enfermedades. 

Esta situación afecta especialmente a especies de gran importancia económica como el olivo, la vid, el almendro, los cítricos o el arroz. Aunque cada cultivo responde de manera diferente al cambio climático, todos dependen de recursos hídricos cada vez más limitados. En determinadas zonas costeras, además, el aumento del nivel del mar favorece procesos de salinización que reducen la superficie cultivable y dificultan el mantenimiento de determinadas producciones agrícolas. 

La agricultura constituye un pilar fundamental de la economía española. Aunque el regadío ocupa una proporción relativamente baja de la superficie agraria útil, aporta cerca de la mitad del valor total de la producción agrícola. Por ello, optimizar cada metro cúbico disponible constituye una prioridad para mantener la sostenibilidad del sector y asegurar el abastecimiento alimentario en un escenario climático cada vez más complejo. 

La Demarcación Hidrográfica del Guadalquivir refleja con claridad estos desafíos. Esta cuenca es una de las principales zonas agrícolas de España y concentra una elevada superficie de regadío, donde predomina el cultivo del olivar. 

Actualmente, la disminución de las precipitaciones y el aumento de la frecuencia e intensidad de las sequías hacen imprescindible una gestión más eficiente y sostenible de los recursos hídricos. De este modo, la adaptación al cambio climático deja de ser una opción para convertirse en una necesidad. Entre las principales medidas de adaptación destacan la modernización de los sistemas de riego, el aprovechamiento de aguas regeneradas y la implantación de cultivos con menores requerimientos hídricos, actuaciones que ya se están desarrollando en numerosas explotaciones agrícolas. No obstante, para afrontar con éxito los desafíos futuros será necesario impulsar aún más la investigación, la innovación y el desarrollo tecnológico, con el fin de incrementar la resiliencia del sector agrario.

Tecnología y biotecnología

España dispone de una extensa red de centros de investigación y organismos públicos dedicados a mejorar la eficiencia y la sostenibilidad de la agricultura. Instituciones como el Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA) desarrollan proyectos relacionados con especies de gran relevancia económica, entre ellas el olivo, los frutos rojos, los cereales, las leguminosas, las hortícolas o diversos cultivos tropicales como el aguacate, el mango, la pitaya y el maracuyá. Sus investigaciones abarcan desde la conservación de recursos fitogenéticos hasta la obtención de nuevas variedades mejor adaptadas a la sequía y al cambio climático. 

De este modo, se han desarrollado nuevas tecnologías como sensores, drones, imágenes de satélite, sistemas de información geográfica e inteligencia artificial que facilitan el seguimiento continuo del estado de los cultivos. Estas herramientas contribuyen a reducir el consumo de agua, mejorar la eficiencia de los sistemas productivos y disminuir los costes para los agricultores. 

Investigación, transferencia del conocimiento y retos para el futuro

La investigación agraria desarrollada en España durante las últimas décadas ha permitido disponer de herramientas cada vez más eficaces para hacer frente a los efectos del cambio climático. Universidades, organismos públicos de investigación y centros tecnológicos trabajan de forma continuada en el desarrollo de soluciones que permitan aumentar la resiliencia de los cultivos. 

Entre los organismos con mayor actividad investigadora destacan el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC) y el IFAPA. Estos centros desarrollan proyectos relacionados con la mejora genética de cultivos, la conservación de recursos fitogenéticos, el uso de herramientas biotecnológicas y la incorporación de tecnologías digitales para optimizar la producción agrícola. De igual modo, numerosas comunidades autónomas cuentan con instituciones propias que impulsan investigaciones adaptadas a las características de sus principales sistemas productivos. 

Sin embargo, la distribución territorial de esta capacidad científica no es homogénea. Andalucía concentra una gran parte de los proyectos relacionados con el olivar, los frutos rojos y los cultivos hortícolas, mientras que Cataluña desarrolla investigaciones punteras en agrogenómica y agricultura regenerativa. Aragón destaca por sus programas de mejora genética y herramientas digitales para la gestión del riego, y Galicia mantiene una intensa actividad en conservación de germoplasma y adaptación de cultivos tradicionales. Esta diversidad demuestra el elevado potencial científico existente, aunque también pone de manifiesto diferencias regionales que pueden dificultar el acceso equitativo a la innovación. 

A pesar de estos avances, trasladar los resultados de la investigación al sector agrícola continúa siendo un desafío. En muchas ocasiones, estos avances tardan en aplicarse en las explotaciones, lo que limita su impacto.

A esta situación se suma la necesidad de incrementar la inversión destinada a la investigación y la innovación agraria. El desarrollo de nuevas variedades vegetales, la validación de tecnologías de riego inteligente o la aplicación de técnicas de edición genética requieren importantes inversiones sostenidas a largo plazo. Del mismo modo, se debe fortalecer la colaboración entre administraciones públicas, universidades, empresas y organizaciones agrarias para acelerar la transferencia tecnológica. 

Otro aspecto relevante es la integración de la investigación en la planificación de la gestión del agua. Las decisiones relacionadas con la distribución de los recursos hídricos no pueden basarse únicamente en criterios de disponibilidad inmediata, sino que deben incorporar el conocimiento generado por la comunidad científica sobre escenarios climáticos futuros, necesidades de los cultivos y las tecnologías de adaptación. La coordinación entre planificación hidrológica e innovación permitirá optimizar el uso del agua y aumentar la capacidad de respuesta frente a periodos de sequía cada vez más frecuentes. 

Innovación para el futuro de la agricultura

La agricultura española afronta un escenario marcado por el incremento de los efectos del cambio climático. El incremento de la frecuencia de las sequías, el aumento de las temperaturas y la irregularidad de las precipitaciones obligan a replantear los modelos tradicionales de producción y a apostar por nuevas estrategias que garanticen la sostenibilidad del sector a largo plazo. 

En este proceso, la innovación tecnológica y la biotecnología agraria resultan fundamentales para la adaptación del sector agrícola al cambio climático. El desarrollo de variedades vegetales más resistentes al estrés hídrico, la conservación de los recursos fitogenéticos, la implantación de sistemas de riego inteligentes y la incorporación de herramientas digitales para la gestión de los cultivos son algunas de las estrategias más prometedoras para mejorar la eficiencia en el uso del agua y aumentar la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a las condiciones climáticas adversas.

Aumentar la financiación de la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i), favorecer la cooperación entre instituciones y facilitar la transferencia del conocimiento hacia agricultores y empresas será tan importante como el propio desarrollo tecnológico. Se deberá reforzar una actuación coordinada entre ciencia, administraciones y sector productivo para asegurar una producción sostenible en las próximas décadas. 

Este artículo está basado en el Trabajo Fin de Prácticas del Máster Tecnología Ambiental llevado a cabo por el acuerdo entre la autora y la Fundación 1º de Mayo CCOO.  Toda la bibliografía consultada para su elaboración consta en el Trabajo original.

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