Bajo el impulso de los fondos europeos, el sector del ciclo del agua está experimentando una revolución tecnológica a dos velocidades. Sin embargo, detrás de los sensores automáticos y la gestión inteligente se esconden riesgos laborales de diverso tipo, como la falta de desconexión o la brecha digital que impacta de lleno en la salud colectiva de las plantillas

Por Luis de la Fuente Sanz, técnico de la Fundación 1º de Mayo
El ciclo integral del agua en España,que abarca desde la captación y depuración hasta el saneamiento de las aguas residuales,se encuentra inmerso en una transformación estructural, principalmente digital, impulsada por el Proyecto Estratégico para la Recuperación y la Transformación Estratégica (PERTE) de digitalización del ciclo del agua, que ha movilizado más de 3.000 millones de euros entre inversión pública y privada. El objetivo institucional es claro: optimizar recursos ante la crisis climática, atajar el estrés hídrico y reducir las pérdidas de agua a lo largo del proceso.
Sin embargo, la tecnología nunca es neutra y sus impactos dependen de las estrategias de los actores implicados. En el marco del proyecto “Transformación digital y riesgos laborales en el ciclo del agua” (AS2024-0024), la Fundación 1º de Mayo ha desarrollado diversas actividades, que culminan en un folleto que arroja luz sobre la verdadera dimensión de este proceso y que puede ser consultado en la web de la Fundación 1º de Mayo. El proyecto ha contado con el apoyo económico de la Fundación Estatal de Prevención de Riesgos Laborales
Por otra parte, el análisis previo realizado para este proyecto, a partir de datos estadísticos oficiales y de entrevistas directas a delegados y delegadas de prevención, ha demostrado que la modernización de las infraestructuras hídricas está reconfigurando las condiciones de trabajo de una plantilla de más de 61.000 personas en nuestro país. Una transición digital que, de no acompañarse con una potente acción sindical, corre el riesgo de empeorar la salud de las plantillas de las empresas del sector del ciclo del agua.
Radiografía de un sector esencial y masculinizado
Para entender el impacto de los cambios, es necesario radiografiar a quiénes afecta. El sector del agua en España sostiene unos 61.500 empleos, principalmente en pequeñas empresas y concentrados mayoritariamente en la rama de captación, depuración y distribución (52.400 personas) frente a las dedicadas a la recogida y tratamiento de aguas residuales (9.100 personas). Aunque goza de una tasa de temporalidad notablemente baja (7,5%) si se compara con la media estatal, se trata de un entorno laboral profundamente masculinizado, donde las mujeres apenas representan el 25,9% de las plantillas.
En términos de seguridad, el sector acarrea una siniestralidad tradicional que no se puede ignorar: en 2024 se registraron 1.667 accidentes con baja en jornada. Aunque la distribución de agua concentra más accidentes absolutos, la rama de aguas residuales es la que muestra una mayor peligrosidad relativa, con una tasa de incidencia superior que roza los 5.970 accidentes por cada 100.000 trabajadores. Es sobre este mapa de vulnerabilidades físicas donde se está instalando la llamada revolución digital del sector.
De la pala a la ‘tablet’: los claroscuros de la automatización
La introducción de automatismos, drones y sistemas SCADA (Supervisión, Control y Adquisición de Datos) ha traído ciertas mejoras en la prevención de accidentes tradicionales y de higiene industrial. El folleto constata que la instalación de bombas dosificadoras automáticas ha reducido la manipulación directa de sustancias químicas tan peligrosas como el cloro o el hipoclorito. Asimismo, el uso incipiente de robots con cámaras para inspeccionar tuberías no transitables y pozos evita que los operarios deban introducirse en espacios confinados, reduciendo la exposición a atmósferas tóxicas o agentes biológicos.
No obstante, esta liberación de las cargas físicas más penosas tiene una contrapartida directa: la multiplicación de la carga mental y los riesgos de carácter organizativo y psicosocial. Las tradicionales órdenes de trabajo y planos en papel han sido sustituidas por terminales portátiles (PDAs, tablets) y Sistemas de Información Geográfica (SIG). Así, por ejemplo, las personas operarias pueden informar del inicio y cierre de cada tarea en tiempo real. Esta hiperconectividad está desatando fenómenos de tecnoestrés y una profunda desconfianza en las plantillas. El informe advierte que herramientas como la monitorización por GPS en los vehículos, pensadas originalmente para la seguridad, se desvían con bastante frecuencia hacia el control punitivo de tiempos y la vigilancia constante.
Salas de control y retén digital: el asalto al descanso
Uno de los puntos más críticos señalados por el estudio es la alteración de la salud colectiva ligada a la disponibilidad permanente. En las salas de control y centros de datos, donde se monitoriza el agua de forma centralizada a través de grandes pantallas, los riesgos higiénicos emergentes son ya una realidad: problemas derivados de la iluminación artificial constante o la visualización en grandes pantallas, generan, en último término, trastornos del sueño ligados a los «retenes digitales». La falta de un descanso real y la difuminación de las fronteras entre el tiempo de trabajo y la vida privada están cronificando patologías que las y los delegados entrevistados vinculan directamente con problemas cardiovasculares y ansiedad.
A esto se suma la alarmante brecha digital por motivos de edad. El ciclo del agua cuenta con plantillas envejecidas donde la alfabetización tecnológica no se ha desarrollado al mismo ritmo que la implantación de los sistemas digitales. El personal operativo se ve obligado a interactuar con software complejo sin recibir, en muchos casos, una formación continua adecuada, lo que dispara la frustración y el temor psicológico a no ser capaces de adaptarse a esta transición digital o a que su puesto de trabajo desaparezca.
Acción sindical: democratizar la tecnología en la empresa
Frente a una transición que amenaza con deshumanizar los trabajos, la investigación realizada hace un llamamiento inequívoco a la movilización de la negociación colectiva. La Ley de Prevención de Riesgos Laborales obliga a integrar la seguridad y la salud de las plantillas en todas las transformaciones organizativas. Por tanto, la introducción de cualquier nueva herramienta digital, aplicación, algoritmo o dispositivo de geolocalización debe exigir una evaluación previa de los puestos de trabajo que ponga en el centro las condiciones psicofísicas de la persona.
El Convenio Colectivo Estatal del Ciclo Integral del Agua ya ha empezado a recoger estas demandas, incluyendo apartados específicos para regular la protección de datos de los trabajadores, las garantías del teletrabajo y el derecho a la desconexión digital, o incluso la formación digital ligada a la seguridad y salud en el trabajo. De igual modo, también existen avances en la negociación colectiva de empresa, con algunas prácticas innovadoras como por ejemplo la creación de una figura del delegado de Cumplimiento para supervisar el derecho a la desconexión digital.
En suma, los comités de seguridad y salud y los delegados y delegadas de prevención deben participar desde la fase de diseño de la tecnología hasta la evaluación de los riesgos laborales y sus impactos. La modernización del agua no debe significar la pérdida de derechos laborales o la precarización de la salud de quienes trabajan en el sector.
Imagen: Pilixip



