Las altas temperaturas provocadas por el cambio climático están agravando el estrés térmico en centros educativos de toda España. Docentes, personal no docente y alumnado denuncian condiciones incompatibles con la prevención de riesgos laborales mientras las medidas siguen siendo insuficientes

Por Sergio Salas, técnico de la Fundación 1º de Mayo
Cada año el cambio climático hace que las olas de calor sean más intensas y duraderas. Las temperaturas alcanzaron máximos históricos en España en junio de 2025, causando la muerte de más de un millar de personas en todo el estado. Si ante este escenario las empresas no actualizan sus medidas preventivas frente al estrés térmico, los resultados que obtendremos necesariamente serán más accidentes laborales y más enfermedades de origen profesional relacionadas con el calor. De hecho, cada verano se registran varios accidentes de trabajo mortales que responden a la misma causa: una gestión de la prevención del riesgo por estrés térmico claramente deficiente por parte de las empresas.
Lamentablemente, la magnitud del problema hace que las personas que trabajan a la intemperie ya no sean las únicas que sufren de estrés térmico en España y en muchos otros países. Desde hace ya varios años, e incluso, en algunas zonas meridionales, desde hace más de una década, alumnos, profesores y personal administrativo y de mantenimiento de colegios e institutos vienen denunciando los efectos del exceso de calor que sufren en su propio cuerpo cuando están trabajando en épocas cercanas a los meses de verano. En 2025 se registraron temperaturas de hasta 31 grados en algunos centros escolares de la provincia de Aragón y llegó a producirse un golpe de calor que requirió de atención médica de urgencia. En otras comunidades autónomas como la valenciana, la gravedad de la situación ha llevado a las asociaciones de madres y padres a iniciar una iniciativa legislativa popular para regular por ley la climatización de los centros educativos públicos que cuenta con el apoyo de CCOO.
El calor extremo llega a las aulas
Las declaraciones de un trabajador del sector de la enseñanza recientemente entrevistado a este respecto ilustran cómo el estrés térmico afecta cada vez con más intensidad a la comunidad educativa.
“En mayo ya se nota y junio ya es verano puro. Se necesitan soluciones inmediatas. Junio y septiembre son meses de verano, hay un gran tránsito de familias para matricularse, para becas, se incrementa la labor administrativa, y los centros no están preparados.”
Resulta peligroso trabajar o estudiar en esas condiciones. Además, contradice la ley de Prevención de Riesgos Laborales de 1995 y el RD 486/1997 sobre lugares de trabajo según el cual la temperatura en las aulas cerradas debería estar entre 14 y 25oC. Incluso, si la docencia se considerara un trabajo sedentario, las temperaturas no deberían superar nunca los 27oC. Nuestro cuerpo no está “diseñado” para trabajar en este tipo de ambientes tan calurosos, por lo que además de poner en peligro la salud, el rendimiento profesional y académico caen en picado, y la irritabilidad y la conflictividad aumentan. Otras personas trabajadoras del sector señalan:
“Se generan espacios de convivencia con mucha tensión y estrés a 37 grados, baja el rendimiento académico y sólo se quiere salir de allí. Es muchas veces un tema psicosocial.”
“En el rendimiento, tanto alumnos como docentes. Todo el mundo se tensa, hay nerviosismo y se genera presión en el docente.”
Prevención insuficiente frente al estrés térmico
La mayoría de centros escolares se edificaron en épocas donde el calor no era todavía tan elevado, por lo que no están suficientemente aislados del calor. En cuanto a los centros de edificación más reciente, estos no siempre consiguen resolver el problema del calor excesivo en el interior, debido a la calidad precaria de los materiales utilizados en la construcción de algunos de ellos. El famoso caso de los barracones en Catalunya es un ejemplo de ello. Además, el calor no solo afecta el trabajo en las aulas, sino que también se extiende a los periodos de la jornada que alumnos y trabajadores pasan al aire libre, como los recreos o las clases de educación física.
“Los docentes de educación física son los más expuestos, por hacer el trabajo a la intemperie, docentes que tienen guardia de recreo, y personal no docente: personal de limpieza, por su actividad física más intensa, monitoras de co0’iº medor, con temperaturas a partir de mayo de más de 27 grados y aulas en gran parte sin climatización.”
En otros centros no se realizan evaluaciones específicas del estrés térmico y, si se pone alguna medida preventiva, suele ser de tipo organizativo, como adelantar la hora de salida, pero solo para las y los alumnos más jóvenes.
“Hay adaptaciones sólo para el alumnado, de mediados de junio a mediados de septiembre para que puedan salir antes. Sólo en educación infantil y primaria. En la ESO y bachillerato nada.”
Las administraciones suelen permanecer pasivas ante este problema editando guías y manuales de recomendaciones que no implican compromisos para ellas, desplazando el problema a una cuestión de autocuidado individual en lugar de ofrecer una solución colectiva. Tampoco se ofrece formación específica a las personas trabajadoras sobre este riesgo en concreto. Los servicios de prevención se encargan de la vigilancia de la salud, los reconocimientos médicos, sin prestar apenas atención a la prevención primaria y a la evaluación de las condiciones de trabajo que están en el origen de las exposiciones al riesgo.
“Se editó recientemente una guía dirigida a los docentes, sobre el riesgo del calor, recomendaciones básicamente, sin ninguna obligación del propio gobierno.”
“Son temas específicos que no se tocan. La vigilancia de la salud con los reconocimientos es el mayor volumen de trabajo.”
En algunos casos como el de Andalucía, donde el calor es especialmente intenso, hay legislación específica al respecto: la conocida como Ley de Bioclimatización del año 2020 que abarca no solo centros de titularidad pública sino también los privados concertados a través de su disposición adicional segunda. Sin embargo, seis años después de su publicación en el BOE no parece que dicha ley se esté implementando en la práctica con la diligencia y la contundencia que serían deseables.Ante la gravedad de la situación, la Fundación 1º de Mayo, con el apoyo económico de la Fundación Española de Prevención de Riesgos Laborales, ha llevado a cabo un proyecto de investigación y sensibilización titulado “AS2024-0028 Prevención del estrés térmico en las trabajadoras y trabajadores de la enseñanza privada” que se propone identificar y visibilizar los problemas específicamente relacionados con el calor que enfrentan las personas trabajadoras del sector de la enseñanza privada en el Reino de España; así como avanzar algunas medidas preventivas basadas parcialmente en intervenciones de renaturalización exitosas en varias ciudades europeas.
Los espacios interiores pueden adaptarse al calor mediante la mejora del aislamiento térmico de las instalaciones, la implementación de sistemas de ventilación cruzada, la instalación de protecciones solares en las ventanas y la incorporación de aire acondicionado allí donde resulte necesario. En los patios y zonas exteriores, las medidas más eficaces incluyen el aumento de las superficies verdes, la instalación de pérgolas y porches que generen sombra, así como la incorporación de fuentes y áreas de juego con agua que contribuyan a reducir la temperatura ambiente y mejorar el confort térmico.

Este primer diagnóstico de los desafíos que encuentran los centros educativos en relación al estrés térmico permitirá hacer una valoración de las estrategias preventivas frente al calor al alcance de la comunidad profesional y educativa del sector de la enseñanza privada, en base a las prioridades expresadas por ellas y ellos mismos. En otras palabras, se pretende ofrecer a la comunidad profesional y educativa una serie de recomendaciones informadas sobre qué se puede hacer para eliminar, o al reducir la exposición a este grave riesgo laboral que amenaza, cada vez más la integridad física y mental del personal docente y no docente de centros educativos privados y concertados.
Fuente de la imagen de refugios climáticos: Ruiz-Mallén, I., Baró, F., Bentouhami, H., Buchthal, S., Campins-Iborra, S., Chaves, J., … & Valladares, F. (2026) Greening schools for climate-resilient, inclusive and liveable cities. Nature Climate Change, 16, 112–114.


