Algunos resultados del estudio realizado por la Fundación 1º Mayo de CCOO, con el apoyo de la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO: Desafiando la invisibilidad y transformando la prevención de riesgos laborales en los centros de personas mayores

Por Montse López Bermúdez y Mayka Muñoz Ruiz, Fundación 1º de Mayo
En el sector de las residencias para personas mayores, el cuidado a menudo se percibe como una actividad exenta de riesgos higiénicos graves, bajo una falsa narrativa que prioriza la vocación sobre la salud laboral. Sin embargo, el estudio de CCOO «Trabajadoras de cuidados en residencias para personas mayores. El riesgo biológico existe» revela que estas trabajadoras (colectivo masivamente feminizado) están expuestas de forma constante a agentes biológicos capaces de causar enfermedades graves. El estudio, que ha contando con la financiación de la Fundación Estatal Prevención Riesgos laborales a través del proyecto AS2024-0019, advierte que no estamos ante un «riesgo intrínseco del oficio» inevitable, sino ante una falta de gestión preventiva que el sindicato debe denunciar.
Este estudio y sus productos son una herramienta a utilizar por las delegadas y delegados de prevención para exigir que la empresa abandone la improvisación y aplique el Real Decreto 664/1997 sobre la protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos durante el trabajo con todo su rigor. La salud de las plantillas en el sector sociosanitario no puede seguir siendo invisible.
Radiografía de la exposición: agentes, vías y daños
El estudio identifica una amplia gama de agentes biológicos presentes en el entorno residencial. En una residencia la exposición a este tipo de agentes es imprecisa y constante debido al contacto estrecho y prolongado con las personas usuarias. Así, la propia presencia y cuidado de las personas mayores, estén éstas enfermas o no, expone a la plantilla a agentes biológicos a través del contacto con fluidos corporales (orina, heces, sangre), secreciones respiratorias o superficies contaminadas.
La falta de higiene en las instalaciones también puede ocasionar la presencia de ácaros y roedores capaces de producir y transmitir enfermedades, así como los sistemas de recogida y tratamiento de residuos inadecuados.
El manejo de agujas y otros instrumentos peligrosos también puede traer aparejado el contagio de patógenos peligrosos como la hepatitis en distintas variables. Por último, una falta o un inadecuado mantenimiento de las unidades de acondicionamiento puede dar lugar a la presencia de legionela.
¿A qué nos enfrentamos? El estudio cataloga la presencia de bacterias, destacando la Mycobacterium tuberculosis; de diferentes tipos de virus, como la gripe, la hepatitis B y C, VIH, o virus respiratorios como el SARS-CoV-2; de parásitos, como el ácaro de la sarna (Sarcoptes scabiei), con brotes recurrentes en centros de mayores que a menudo no se gestionan adecuadamente; o de hongos, causantes de micosis cutáneas y problemas respiratorios.
La exposición no solo ocurre por vía parenteral (pinchazos accidentales), sino que es muy significativa la vía inhalatoria y el contacto dérmico. El estudio subraya que los daños no se limitan a infecciones, sino que incluyen efectos alérgicos, tóxicos y dermatitis de contacto.
Las deficiencias en la gestión en residencias: donde falla la dirección
El análisis de este estudio identifica fallos sistémicos en la gestión empresarial que provocan la exposición de las trabajadoras ante los riesgos. Estas deficiencias no son accidentales, sino fruto de una cultura preventiva deficiente.
Así, las evaluaciones de riesgo son genéricas y muchas empresas presentan documentos «tipo» que no analizan las tareas reales de las gerocultoras ni identifican los agentes específicos del centro. También se da una trampa en la formación, ya que ésta se limita a la transmisión de información general en una fotocopia y en el mejor de los casos se ofrece formación teórica online que no tiene en cuenta las situaciones reales o que, incluso, se realiza fuera de la jornada laboral, incumpliendo la ley.
Por otra parte, se ha detectado una gestión negligente de la ropa de trabajo. Una de las deficiencias más graves en este sentido es permitir (incluso forzar) que las trabajadoras laven el uniforme en su domicilio, trasladando el riesgo biológico a su núcleo familiar. Además se ha documentado una deficiente y/o inadecuada provisión de Equipos de Protección Individual (EPI), ropa y herramientas de trabajo
Hay otras carencias importantes. En primer lugar, el estudio desvela que hay una falta de protocolos ante brotes e inacción de las empresas, con una alarmante improvisación cuando surge un caso de sarna o tuberculosis, sin medidas de aislamiento adecuadas ni protección inmediata para los contactos estrechos. En la mayoría de los casos son las propias trabajadoras quienes ponen en marcha acciones preventivas.
También hay falta de información así como una falsa confidencialidad. Una deficiencia crítica detectada es que la dirección a menudo oculta información sobre personas residentes con enfermedades infectocontagiosas graves como la hepatitis y la tuberculosis. No menos preocupante es la ausencia de los servicios de prevención, incluida la vacunación de las trabajadoras que se realiza por el sistema público de salud.
Modelo asistencial: las causas raíz
El estudio va más allá de las cuestiones técnicas preventivas para analizar las causas estructurales que aumentan el riesgo biológico. Es clave la relación entre precariedad y riesgo. Las bajas ratios obligan a trabajar con prisas, lo que incrementa la probabilidad de pinchazos accidentales o salpicaduras, por ejemplo. Por tanto, aumentar la ratio de personal es la medida de prevención primaria más efectiva.
Es necesario un cambio radical en la gestión del sector, con una mayor inversión en recursos humanos, una mejora de las condiciones laborales y un reconocimiento social del valor del trabajo que realizan las trabajadoras.
Estrategia sindical: del silencio a la intervención
Todas estas conclusiones se recogen en la guía EL RIESGO BIOLÓGICO EXISTE. Trabajadoras de cuidados en residencias para personas mayores. Para controlar la realidad en los centros , el estudio propone el uso de la Lista de Comprobación sindical. Algunos puntos irrenunciables serían:
- La incorporación de todas las tareas (no solo las realizadas por el personal médico y enfermería) que se realizan en las evaluaciones específicas de riesgos biológicos.
- La intervención en el origen: garantizar medios, sobre todo humanos, y tiempo efectivo para la higiene personal dentro de la jornada.
- Exigir que la empresa se responsabilice de la desinfección y lavado profesional de la ropa de trabajo.
- Suministrar vestuarios y doble taquilla para que se consiga la separación física entre ropa de calle y uniforme. Sin esto, no hay prevención real.
- Una vigilancia de la salud eficaz con reconocimientos médicos específicos y vacunación gratuita proactiva.
Asimismo, este estudio incorpora una infografía dirigida a las trabajadoras en la que se recogen los 10 aspectos fundamentales que deben conocer sobre la exposición a agentes biológicos.
El cuidado seguro y saludable
Es imprescindible buscar el equilibrio entre la protección de las trabajadoras y la calidad de vida de las personas residentes mediante la innovación en los diseños de los espacios, creando estructuras y flujos de trabajo que permitan la sectorización o el aislamiento efectivo en caso de brote, sin que la residencia parezca un hospital; así como desarrollar guías de actuación que se puedan modular rápidamente en función del nivel de riesgo, minimizando las restricciones al proyecto de vida de las personas residentes.
Este estudio es un punto de inflexión. Nos da la evidencia para decir «basta» a la invisibilidad de las enfermedades derivadas de la exposición a agentes biológicos. Cuidar de quienes han cuidado toda su vida es un orgullo. Implementar estas buenas prácticas de manera consistente no solo protege a las trabajadoras, sino que también contribuye directamente a la seguridad y bienestar de las personas residentes, creando un entorno de cuidado más seguro y saludable para todo el mundo. Pero las buenas prácticas también deben dirigirse a las instituciones públicas para que intervengan realizando un control periódico y exhaustivo de las condiciones de las residencias y del trabajo de las trabajadoras.
Usemos estas herramientas en cada asamblea y reunión. La prevención es un derecho y la salud de las personas que cuidan es la base de un sistema de cuidados digno.


