Desafíos climáticos y riesgos laborales en el ciclo integral del agua

El cambio climático es un multiplicador de los riesgos laborales presentes en la gestión del ciclo integral del agua por el incremento de fenómenos meteorológicos adversos o por la mayor exposición a riesgos biológicos y químicos, entre otros

Por Sergio Salas, técnico de la Fundación 1º de Mayo

Las ciencias sociales han recurrido históricamente a las metáforas como herramientas de análisis y de comunicación. Lejos de ser meros recursos retóricos, las metáforas cumplen una función pedagógica fundamental: permiten traducir fenómenos complejos a marcos comprensibles, facilitan el debate público y dotan de fuerza expresiva a las discusiones académicas, políticas y sindicales. Sin embargo, su potencia explicativa encierra también riesgos evidentes. La simplificación excesiva, el traslado acrítico de categorías de un campo a otro o la introducción inadvertida de sesgos normativos e ideológicos pueden distorsionar la comprensión de los problemas que se pretenden iluminar. Un ejemplo clásico de este tipo de abusos cargados ideológicamente es comparar la contabilidad nacional con el presupuesto familiar: el famoso “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” que se utiliza para justificar las políticas de austeridad, la devaluación interna, y los recortes en gasto social. De ahí la necesidad de emplearlas con prudencia, rigor conceptual y plena conciencia de sus límites.

Hecha esa advertencia, el Instituto del Agua, Medioambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) ha introducido en su último informe sobre el agua el concepto de bancarrota hídrica (water bankruptcy), una metáfora que traslada al ámbito ecológico una categoría propia de las finanzas y de la economía familiar. La elección de esta expresión responde a que, a diferencia de otras, como por ejemplo “estrés hídrico” o “crisis del agua”, no se limita a describir situaciones puntuales de sobreexplotación o sequías cada vez más prolongadas y frecuentes.  La bancarrota hídrica refiere a un escenario nuevo en el que la demanda estructural de agua supera de forma persistente la disponibilidad y la capacidad de renovación del recurso: el agua superficial, que se renueva constantemente, es como nuestro ingreso mensual mientras que las aguas subterráneas son los ahorros acumulados durante milenios. Como el ingreso nunca cubre toda la demanda, estamos agotando los últimos ahorros. En tales circunstancias, se traspasan umbrales ecológicos críticos y los sistemas hidrológicos pierden resiliencia hasta el extremo de que la recuperación plena resulta imposible, extremadamente costosa o incierta.

Así, la analogía con la quiebra financiera alude a algo más que a un problema de “liquidez” coyuntural: señala una insolvencia estructural. La sobreexplotación mantenida por largo tiempo de este recurso natural, el agua dulce, en un contexto de cambio climático y de límites planetarios sobrepasados que desestabilizan procesos de regulación claves para mantener el equilibrio ecológico a escala global. Independientemente de si la elección de la metáfora es o no acertada, pues siempre hay un riesgo cuando se introducen miradas economicistas de la naturaleza, la idea de “no retorno” al traspasar umbrales críticos está cada vez más extendida entre las personas expertas en las ciencias ecológicas.

Sin ir más lejos, el Instituto de Resiliencia de Estocolmo publicó en 2025 que “la alteración de los ciclos de agua dulce, incluidos los ríos y la humedad del suelo, afecta a funciones naturales como la captura de carbono y la biodiversidad, y puede provocar cambios en los niveles de precipitación. Las perturbaciones de origen humano tanto del agua azul (por ejemplo, ríos y lagos) como del agua verde (es decir, la humedad del suelo) han superado el límite planetario”. El siguiente gráfico “viral” muestra que siete de los nueve límites planetarios claves para la homeostasis de la biosfera – es decir, su equilibrio interno – se han traspasado en 2025, algunos de ellos de manera muy destacada. En el cuadrante inferior izquierdo se encuentra el del agua dulce superficial y de acuíferos subterráneos (blue water) y como puede verse también está ya en la zona de riesgo.

Figura 1. Actualización de 2025 de los límites planetarios. Fuente: Stockholm Resilience Centre, basado en los análisis de Sakschewski and Caesar et al. 2025 (Reproducido bajo licencia Creative Commons 3.0)

Para la economista Alyssa Battistoni esto tiene que ver con la rentabilidad y la competencia capitalistas: las empresas no serían rentables si tuvieran que incorporar los costes ambientales en sus balances contables o restituir todo lo que destruyen; y si un empresario con conciencia ecológica quisiera hacerlo sería expulsado por la competencia tarde o temprano. Es por tanto algo estructural: bajo el capitalismo, los bienes naturales son tratados como regalos gratuitos (free gifts).

El sector presenta además otros desafíos que se escapan del objetivo del presente artículo pero que no podemos dejar de mencionar, aunque sea de soslayo. Durante décadas en el modelo de gestión del ciclo del agua se ha ido intensificando la presencia del sector privado, en base a la creciente subcontratación de los servicios por parte de las administraciones municipales. Sorprendentemente (o no), esto ha llevado a una concentración monopolista sin visos de cambiar en el corto plazo.  En territorios como Catalunya, donde el 42,4% de los municipios y el 73% de la población es provista de agua por empresas privadas, el 88% del mercado privado del agua está dominado por la multinacional francesa Veolia a través de su filial Agbar. Cabe recordar que en el año 2002 la Organización de las Naciones Unidas definió el derecho del agua como un derecho de todas las personas y que lo reconoció como tal en 2010. Un derecho que, por otra parte, puede verse limitado en un contexto de gestión privada donde el beneficio empresarial prevalece frente a otros usos y necesidades.

Riesgos laborales en la gestión del agua

Las personas trabajadoras del ciclo integral del agua se ven doblemente afectadas por esta situación en tanto que seres humanos y consumidores, y como trabajadores del sector productivo encargado gestionar todo lo relacionado con este recurso natural -incluyendo la captación, potabilización, distribución, saneamiento, depuración y reutilización del agua-. Este sector, clave para mantener la salud pública de la población y para garantizar la actividad económica de tantas otras industrias, se enfrenta así a numerosos desafíos resultantes del escenario descrito en los párrafos anteriores. Así, el mantenimiento de las infraestructuras y la depuración de las aguas sucias aparecen como elementos esenciales para limitar la degradación de los recursos hídricos y asegurar el acceso universal al agua.

Centrándonos en los que tienen que ver más directamente con el cambio climático y la salud laboral podemos mencionar los siguientes. Por ejemplo, las infraestructuras para la conducción del agua, su depuración o almacenamiento, fueron construidas hace décadas y no se han modernizado ni reemplazado desde entonces. Además, no estaban pensadas para resistir los embates de fenómenos meteorológicos adversos cada vez más extremos y frecuentes. Esto obliga a incrementar su mantenimiento con el coste económico asociado y la carga de trabajo que tienen que soportar las personas trabajadoras a menos que se aumenten las plantillas. Se trata de plantillas que en muchos casos ya presentan exposiciones a riesgos psicosociales como la baja conciliación trabajo-vida debido al trabajo en turnos. Segundo, algunas de las fases productivas del sector se caracterizan por presentar una incidencia elevada de accidentes y enfermedades profesionales relacionadas con la exposición a distintos productos químicos (cloro, ozono, cal…) y biológicos (bacterias, virus, hongos y parásitos). El calor puede hacer que todos estos agentes tóxicos e infecciosos aumenten su presencia en pozos, alcantarillado, depósitos, tuberías, cursos de agua, etc. que forman parte del entorno de trabajo aumentando el riesgo de exposición de las personas que realizan tareas en ellos. Tercero, una parte importante de la plantilla del ciclo integral del agua realiza trabajos físicos al exterior durante los meses de verano, que pueden exponer a estos/as trabajadores a un exceso de calor si no se aplican las medidas de protección adecuadas.

El calor o estrés térmico es causante de un gran número de dolencias, algunas de ellas, como la rabdomiólisis o el golpe de calor, si no se tratan a tiempo médicamente pueden provocar la muerte del trabajador/a. La humedad, omnipresente en muchas de las instalaciones aumenta todavía más ese riesgo al dificultar la evaporación del sudor y el consiguiente enfriamiento del cuerpo. Existen finalmente otros riesgos relacionados con los fenómenos meteorológicos extremos como las riadas, inundaciones, crecidas, etc., provocadas por las lluvias torrenciales cada vez más frecuentes a causa del cambio climático, que también afectan particularmente a este sector. En el folleto que estamos elaborando en el marco del proyecto titulado “Impacto del cambio climático en la salud y la seguridad de las personas trabajadoras del ciclo integral del agua (AS2024-0027)” y financiado por la Fundación Estatal Prevención Riesgos laborales, hablamos con más detalle de los diferentes riesgos consecuencia del cambio climático y cómo prevenirlos.

La conclusión es que el cambio climático actúa como multiplicador de los riesgos para la salud y la seguridad de las personas trabajadoras en este sector productivo. Los mecanismos a través de los cuales actúa son muy variados y los sistemas de prevención deben reforzarse para abarcarlos todos con la eficacia necesaria. Resulta imperativo adaptar las empresas del ciclo integral del agua ante este desafío. Ello incluye reforzar los sistemas de participación de las personas trabajadoras en materia de prevención de riesgos. La ley y la evidencia científica demuestran rotundamente que es una condición necesaria para garantizar la salud de las personas trabajadoras. Dicha participación se refuerza cuando las normas de prevención de riesgos laborales avanzan en concreción y cuando las autoridades públicas fiscalizan su cumplimiento de manera estricta y eficaz. La situación medioambiental de bancarrota hídrica no puede ser una excusa para no acometer este esfuerzo colectivo. Las personas trabajadoras en este sector son imprescindibles para aligerar las consecuencias negativas que el cambio climático está teniendo ya sobre la población. Salvaguardar su salud y su vida es salvaguardar la de todos/as.

Ilustración: Pilixip

Scroll al inicio