Desde finales de la años 70 del pasado siglo se han publicado muchos estudios que relacionan diversas exposiciones psicosociales en el trabajo, principalmente la alta tensión, combinación de muchas exigencias y bajo nivel de control sobre el trabajo (trabajo con poco margen de autonomía que no permite adquirir ni desarrollar habilidades) con enfermedades cardiovasculares (como el infarto de miocardio), relación que podría tener también que ver con el aumento de la exposición a otros factores de riesgo relacionados con el sedentarismo, los hábitos alimenticios y tóxicos, que también aumentarían en situación de exposición a estos mismos factores psicosociales laborales. Sin embargo, en 2009 se publicó una revisión que ponía en duda la existencia de esta relación causal (Eller et al. Cardiol Rev 2009; 1783-97).