La violencia laboral no es un fenómeno aislado, circunstancial ni basado en un problema de carácter individual, sino una cuestión organizativa con importantes efectos sobre la salud de las personas trabajadoras. Este enfoque es fundamental para una intervención efectiva ajustada al marco legal preventivo

Por Juan José González Zamora y Esther Madroñal Cano, técnicos de la Fundación 1º de Mayo
Durante décadas, las corrientes tradicionales de gestión empresarial han tratado la violencia laboral de forma mayoritaria como un asunto estrictamente interpersonal. Se asume de este modo que la empresa es un espacio neutro donde la violencia representa únicamente una anomalía. Sin embargo, la violencia no ocurre en el vacío, sino en el marco de unas relaciones de trabajo estructuradas. La empresa no es un escenario pasivo en el que interaccionan personas, sino un espacio de asimetría de poder y subordinación. La empresa establece los medios y estructura las normas de comportamiento para desarrollar el trabajo en su seno. En consecuencia, la dirección de la empresa es responsable de las condiciones que estructuran tales interacciones y, por tanto, de la prevención de cualquier manifestación de violencia en su ámbito de gestión.
La Fundación 1º de Mayo, con el apoyo económico de la Fundación Española de Prevención de Riesgos Laborales (FEPRL – Proyecto AI2024-0008), ha desarrollado un proyecto centrado en la violencia laboral en el que se trata específicamente de desplazar el foco del individuo a la organización, así como de establecer un diagnóstico, a través de una encuesta, del alcance y distribución de la violencia laboral en España en 2026. Sus resultados concretos, que incluyen un folleto sobre violencia en el trabajo y una infografía para identificarla y prevenirla,se presentarán en el siguiente enlace.
El estudio aborda específicamente la violencia laboral y, siguiendo la estela del Convenio 190 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), amplía la mirada al señalar que existen comportamientos violentos en el trabajo que no requieren de la sistematicidad del acoso (incluido bajo el concepto de violencia laboral) para generar un entorno intimidante que dañe la salud de las personas trabajadoras.
El alcance de la violencia laboral
Los datos recopilados en este estudio apuntan a la necesidad de intervenir urgentemente. Si bien la Encuesta Europea sobre las Condiciones de Trabajo ya advertía que un 11% de las personas trabajadoras en España sufren directamente comportamientos sociales adversos (violencia y acoso laboral), la encuesta específica elaborada por la Fundación 1º de Mayo desglosa un mapa de la vulnerabilidad a tener en cuenta.
Según los datos preliminares del estudio, en España casi una de cada tres personas asalariadas está expuesta (directa o indirectamente) a un entorno laboral violento (es decir, aquellos cuyo diseño organizativo aporta las condiciones necesarias para la aparición de violencia laboral, en sus diferentes formas). Si hablamos de víctimas directas, ésta afecta en mayor medida a mujeres y especialmente a personas jóvenes de entre 18 y 24 años (casi el doble respecto a la siguiente franja de edad, entre 25 y 34 años). Esto podría indicar que la violencia laboral funciona como un mecanismo de socialización en el mundo laboral, a menudo invisibilizado y normalizado.
La mayoría de entornos laborales violentos se concentran en el sector servicios, donde las demandas emocionales (normales en cualquier relación de trabajo) pueden volverse excesivas. Las demandas emocionales interaccionan con otros factores organizativos, dinamizando en su conjunto episodios de violencia laboral. Sobresalen el sector sanitario y de atención social, el comercio minorista y la hostelería, y el sector educativo, sectores donde las tensiones internas se ven dinamizadas por tensiones en el ejercicio del servicio con usuarios/as o clientela.
El estudio también muestra, por otro lado, que la violencia laboral se encuentra principalmente en el núcleo de la organización, destacando la violencia interna (por parte de compañeros/as y superiores), con un peso equiparable a la violencia por parte de usuarios/as del servicio. La violencia laboral desciende progresivamente a medida que el vínculo se externaliza y la interacción se vuelve más ocasional. A pesar de otorgar habitualmente mayor importancia a los atracos y robos, estos tendrían un peso relativo bajo en los entornos laborales violentos. También cabe destacar que, aunque la violencia física normalmente ocupa toda la atención, esta es la menos predominante en entornos laborales hostiles, destacando el aislamiento social, la violencia verbal o la simbólica.
Condiciones de vida y salud en entornos laborales violentos
A menudo destacamos los efectos físicos y psicológicos de la violencia, olvidando sus efectos sociales. Todos ellos se presentan de forma interrelacionada, sin la posibilidad real de separarlos entre sí: una agresión física tiene efectos sobre la identidad, la sensación de seguridad y la capacidad de relación con el entorno. Mientras, el sufrimiento psicológico tiene manifestaciones psicosomáticas ampliamente estudiadas en el caso del estrés (alteraciones cardíacas, digestivas, problemas de sueño…). Tal y como señala Dejours, psiquiatra y médico del trabajo francés, los efectos de la violencia laboral a menudo tienen más que ver con la ruptura de lazos de convivencia que con una agresión en sí misma, lo que tiene consecuencias sobre el entorno laboral en su totalidad.
El estudio muestra que, en entornos laborales violentos, una amplia mayoría de las personas registran peores estados sobre salud mental, y buena parte de ellos de manera grave. También se registra un deterioro notable en problemas de sueño, relaciones entre compañeros/as, el propio desarrollo del trabajo y en la continuidad en el empleo, algo especialmente a subrayar si aplicamos una perspectiva de género.
En todos los ítems propuestos, las mujeres expuestas a entornos laborales hostiles declaran peores resultados respecto a los hombres, destacando negativamente su mayor propensión a valorar el abandono de su puesto de trabajo. El resultado de la expulsión del mercado laboral, ampliamente estudiado por Leymann (psicólogo que dedicó su vida a estudiar el acoso laboral), es especialmente preocupante, ya que en el capitalismo el salario es el medio esencial de participación social, es decir, de acceso a medios de vida (no solo hacer la compra, también buena parte del ocio y otras actividades que reproducen cotidianamente nuestra vida). Esto nos lleva a observar la violencia laboral como un mecanismo de exclusión social que afecta directamente a las condiciones asociadas a la salud. Las mujeres, jóvenes y otros colectivos vulnerables sufren una tendencia más intensa al deterioro en sus medios de vida debido a la violencia laboral, lo que profundiza en desigualdades existentes y refuerza su posición de desventaja en el ámbito laboral y social.
Intervención en violencia laboral
La corrección de estas dinámicas exige abandonar las medidas puramente individuales y reactivas para priorizar la intervención sobre el entorno organizativo. El art. 15 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales establece que deben priorizarse las medidas encaminadas a combatir los riesgos en origen, lo que obliga a actuar sobre sus causas estructurales. Por tanto, el enfoque organizativo no es solo preferible, sino preceptivo por ley. Las medidas de protección y seguridad pueden ser imprescindibles, pero siempre complementarias para abordar riesgos residuales que no hayan podido resolverse previamente.
Para abordar la violencia laboral en los centros de trabajo, una propuesta de medidas es:
- Integrar la violencia laboral en el sistema preventivo de la empresa como cualquier otro riesgo laboral, cuando sea necesario.
- Actuar sobre las causas organizativas que favorecen su aparición, mejorando la organización del trabajo, el apoyo social y los entornos de respeto y cooperación.
- Establecer mecanismos de detección e intervención temprana, mediante canales seguros de comunicación y denuncia, procedimientos claros y formación de la plantilla y los mandos.
- Garantizar una respuesta rápida ante los casos de violencia, con apoyo psicológico y sanitario, acompañamiento y adaptaciones del puesto cuando sean necesarias.
- Implantar políticas y protocolos frente a la violencia y el acoso laboral, investigando los hechos, corrigiendo los fallos organizativos y evitando su repetición.
Abordar la violencia laboral desde su raíz organizativa es el único camino efectivo para proteger la salud de las personas trabajadoras y evitar que el empleo se convierta en un vector de exclusión social.
Imagen: Pilixip


