Más de 6.000 símbolos franquistas en el espacio público: una deuda pendiente con la democracia

Debería Desaparecer es una herramienta digital colaborativa en la que cualquier persona pueda identificar y geolocalizar los símbolos del franquismo que todavía persisten en nuestra geografía de forma fácil y visual

Por Eduardo España y Johana Dueñas (Couple InDesign) e Ignacio Fernández y Ana Peña (Fundación Jesús Pereda de Comisiones Obreras de Castilla y León)

A menudo, la narrativa oficial sobre la transición democrática en España nos presenta esta etapa como un momento ejemplar, una transición modélica que permitió pasar de una dictadura a una democracia sin traumas ni conflictos. Pero ¿fue realmente así? Si miramos más de cerca, veremos que esta «transición» no fue tan limpia como nos han querido hacer creer.

El cambio de régimen no significó un corte total con el pasado. La dictadura franquista dejó una huella profunda que todavía persiste en nuestras calles, plazas y edificios. Prueba de ello es que una parte significativa de los dirigentes de la dictadura se mantuvieron en posiciones de poder durante la democracia, y los pilares ideológicos del régimen franquista encontraron maneras de camuflarse en las nuevas instituciones democráticas. La presencia de más de 6.000 símbolos franquistas repartidos por toda España es un recordatorio bochornoso de esa continuidad.

Estos símbolos, que incluyen placas, cruces, nombres de calles y monumentos, no son solo vestigios de un pasado que deberíamos haber superado. Son, en muchos casos, una celebración de un régimen que oprimió, censuró y asesinó a miles de personas. ¿Cómo es posible que en una sociedad que se define como democrática el espacio público siga albergando iconos fascistas?

No podemos subestimar el impacto que tienen estos símbolos en nuestra conciencia colectiva. Para quienes sufrieron la represión franquista y para sus descendientes estos iconos son una herida abierta. Representan una negación de su dolor y una falta de reconocimiento de las injusticias que vivieron. Por otro lado, para las nuevas generaciones, la presencia de estos símbolos puede trivializar o incluso legitimar una etapa oscura de nuestra historia. Al dejar que sigan formando parte de nuestro paisaje cotidiano, enviamos un mensaje de indiferencia hacia lo que significan.

Debería Desaparecer: Una llamada a la acción

Esta realidad, ignorada durante décadas, subraya un problema fundamental: no existe aún un catálogo completo que identifique y geolocalice todos estos elementos a pesar del Artículo 36 de la Ley de Memoria Democrática. Sin saber cuántos son ni dónde están, actuar se convierte en un reto casi imposible.

Ahí es donde entra en juego Debería Desaparecer, una herramienta digital colaborativa que nace con un propósito claro: crear una base de datos viva, abierta y accesible, fácilmente usable y muy visual, donde cualquier persona pueda contribuir a identificar y geolocalizar los símbolos del franquismo que todavía persisten en nuestra geografía. Este proyecto no solo pone el problema sobre la mesa, sino que busca transformar.

Debería Desaparecer se fundamenta en la idea de que la memoria histórica no es un ejercicio individual, sino colectivo. La falta de bases de datos centralizadas y completas ha dificultado durante años la identificación de estos símbolos. Por eso, este proyecto apuesta por la participación ciudadana como herramienta clave para construir esa base de datos tan necesaria.

Desde su lanzamiento a mediados de 2022, la respuesta ha sido muy positiva. Más de 1.400 aportaciones han llegado de ciudadanos, entidades memorialistas y universidades. Es decir, la sociedad ha mejorado la base de datos inicial más de un 30%. Cada una de ellas ha ayudado a arrojar luz sobre una realidad que durante mucho tiempo ha permanecido oculta o, peor aún, normalizada. Este esfuerzo colectivo no solo permite visibilizar el problema, sino también generar un impacto real en el ámbito institucional. Al proporcionar una base de datos accesible, las autoridades tienen ahora una herramienta para identificar y actuar contra estos símbolos de manera más efectiva.

Pero el impacto de Debería Desaparecer va más allá de la acción política. También se presenta como una herramienta educativa que invita a reflexionar sobre el significado de estos símbolos en nuestro espacio público. Al hacer visible lo que antes era invisible, fomenta un diálogo necesario sobre cómo construimos nuestra memoria colectiva y qué valores queremos priorizar en una sociedad democrática.

Tecnología al servicio de la memoria

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es el uso innovador de tecnologías digitales para garantizar que la información sea accesible y útil para el mayor número posible de personas. La web está diseñada como una experiencia interactiva dividida en cuatro secciones, cada una con un propósito claro:

1. Scrollytelling: Un repaso visual a los símbolos mapeados

La primera parte de la web utiliza la técnica de scrollytelling para presentar los datos de forma visual y narrativa. A medida que se navega desplazándose hacia abajo, se despliegan mapas que muestran la ubicación de los símbolos mapeados hasta el momento. Esta es una forma de narrar cómo estos símbolos han invadido nuestro espacio público y de explicar por qué es crucial eliminarlos.

2. Explora: Un mapa interactivo para navegar y descubrir

En la sección «Explora«, se puede acceder a un mapa interactivo que permite navegar por los símbolos geolocalizados. Gracias a filtros personalizables, es posible buscar por tipo de símbolo (monumentos, placas, nombres de calles, etc.) y ver cuáles están cerca de su ubicación. Además, el mapa incorpora una innovadora visión 3D del callejero, que permite explorar los símbolos desde una perspectiva única y envolvente.

Esta funcionalidad no solo facilita la investigación, sino que también convierte la exploración en un ejercicio educativo con componentes de gamificación.

3. Contribuye: Un espacio para la participación

La tercera sección está dedicada a la colaboración ciudadana. Aquí, cualquier persona puede ponerse en contacto con el equipo para incorporar nuevos datos o corregir información ya existente. Este enfoque colaborativo asegura que la base de datos sea dinámica y se mantenga actualizada, mientras fomenta la implicación activa de la sociedad en la construcción de una memoria histórica más completa.

4. Realidad aumentada: Una experiencia inmersiva

La última incorporación al proyecto es quizás la más innovadora. Si te encuentras cerca de uno de los diez monumentos franquistas de dimensiones descomunales, monumentos que miden lo mismo que un edificio de 2 plantas, la web utiliza tecnología de realidad aumentada (AR) para desplegar una placa informativa directamente en tu móvil. Esta experiencia inmersiva no solo aporta contexto histórico sobre el símbolo, sino que también genera un impacto educativo.

La realidad aumentada hace aflorar lo invisible. Caminar por una calle y recibir información sobre un símbolo que quizá ni habías notado cambia por completo la percepción del espacio. Es una forma poderosa de mostrar cómo lo que damos por sentado puede tener un significado profundo y, en este caso, oscuro.

Reconocimientos nacionales e internacionales: Diseño al servicio de la memoria

El impacto de Debería Desaparecer no ha pasado desapercibido. La combinación de innovación tecnológica, diseño visual y compromiso con la memoria histórica ha llevado al proyecto a ser reconocido tanto en el ámbito nacional como internacional. Entre los galardones más destacados se encuentran los premios nacionales de diseño, Premios Laus, donde fue celebrado por su capacidad de utilizar el diseño como herramienta para el cambio social.

A nivel europeo, el proyecto ha sido galardonado con los prestigiosos ADCE (Art Directors Club of Europe), en las categorías de web y visualización de datos. Estos reconocimientos no solo avalan la calidad técnica y estética del proyecto, sino también su relevancia como herramienta educativa y de transformación social. Debería Desaparecer demuestra que el diseño no es solo una disciplina estética, sino un medio poderoso para abordar problemáticas sociales y políticas desde una perspectiva innovadora.

El futuro de Debería Desaparecer: Mapeo y educación

El camino de Debería Desaparecer está lejos de terminar. Aunque el proyecto ha logrado importantes avances, aún queda mucho por hacer. La catalogación de símbolos franquistas es un proceso lento y minucioso que requiere una constante comprobación humana. Esta necesidad de verificación es esencial para garantizar la precisión de los datos, pero también significa que la web no siempre está actualizada con la rapidez que nos gustaría.

A pesar de estas limitaciones, el equipo sigue comprometido con el mapeo sistemático de los símbolos que aún persisten en el espacio público. La participación ciudadana continúa siendo clave en este proceso, y las aportaciones de personas, universidades y entidades memorialistas seguirán siendo fundamentales para ampliar y enriquecer la base de datos.

Sin embargo, el futuro del proyecto no se limita al mapeo. Ahora que estamos comenzando a entender dónde están los símbolos, el siguiente paso es profundizar en su significado. En esta nueva etapa, Debería Desaparecer buscará responder preguntas fundamentales: ¿Qué representan estos símbolos? ¿Por qué están ahí? ¿Cómo incumplen la ley?

Esta nueva línea de trabajo será más educativa y buscará crear recursos que expliquen el contexto histórico y social de estos símbolos.

Otro de los planes a futuro de Debería Desaparecer es la creación de un catálogo fotográfico. A lo largo de los años, muchas personas han enviado imágenes de los símbolos franquistas que han encontrado en sus ciudades y pueblos. Estas fotografías no solo documentan la existencia de estos símbolos, sino que también capturan su contexto: las calles, edificios o plazas donde están situados, y cómo se integran en el paisaje urbano. El catálogo fotográfico será un recurso valioso tanto para la investigación como para la educación. El éxito de Debería Desaparecer demuestra que la memoria histórica no tiene por qué quedarse en los libros de texto o en las discusiones académicas. Puede y debe formar parte de nuestra vida cotidiana, integrándose en las herramientas digitales que utilizamos todos los días.

Esta herramienta es una respuesta valiente y necesaria a esta problemática. No se trata solo de señalar la existencia de estos símbolos, sino de cuestionar su permanencia y proponer su resignificación o eliminación. Este no es un acto de borrado histórico, como algunos argumentan. Al contrario, es un acto de memoria. Es un esfuerzo por recuperar el significado del espacio público como un lugar de encuentro y respeto, en lugar de un escenario para la glorificación de un régimen que negó los derechos más básicos a millones de personas y asesinó indiscriminadamente a cientos de miles de ellas.

Además nos invita a reflexionar sobre qué tipo de sociedad queremos ser y qué mensaje queremos transmitir con nuestros espacios comunes a las generaciones presentes y futuras. ¿Queremos perpetuar la exaltación de un régimen autoritario o construir un entorno que honre los valores democráticos?

Scroll al inicio