Si antes del inicio de la guerra era complicado captar la amplitud de quejas en una clase trabajadora tan heterogénea como la iraní sometida a una represión brutal, resultará muy complicado en la actual situación un monitoreo de la actividad sindical

Por Alejandra Ortega Fuentes, responsable de países árabes, África y Asia en la Secretaría confederal de internacional y cooperación de Comisiones Obreras
Las libertades sindicales en Irán han sido fuertemente restringidas durante el régimen teocrático (aún) en vigor en el país como lo fueron durante el régimen del Sha, ahogando las escasas iniciativas de un sindicalismo autónomo e independiente del poder político. Aquellas organizaciones que intentaron resistir con el actual régimen de Teherán y conservar su identidad fueron señaladas como “organizaciones de izquierda” y declaradas ilegales.
En la actualidad, aún reconocida la libertad sindical por ley, las restricciones son enormes y el marco legal no protege a la clase trabajadora iraní frente a la discriminación antisindical. Como suele ser habitual en los contextos dictatoriales, se fomenta y financia el monopolio sindical de una entidad conocida como la Casa de los Trabajadores (Khane Kargar, 1990), absolutamente sometida a los criterios de las autoridades y de la patronal iraní. Así no es posible elegir libremente a los representantes oficiales de los trabajadores y trabajadoras ni se facilita la afiliación al sindicato de su elección.
No se trata lógicamente de una organización sindical sino de una organización corporativa con varios millones de personas afiliadas y registrada en el Ministerio del Interior que, por ejemplo, se comporta de manera crítica con los compromisos del gobierno con la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aunque participa en la delegación oficial que anualmente se desplaza a Ginebra para la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT). Sus estructuras de base son los conocidos como Comités Islámicos de Trabajadores (Shorahay Islami Kar).
Irán, miembro de la OIT desde el 28 de junio de 1919, año de la creación de esta agencia de Naciones Unidas, apenas ha ratificado quince convenios y un protocolo de la OIT y cuando lo ha hecho ha sido siempre un proceso farragoso tanto bajo el régimen de Pahlavi como en el de la República Islámica. El país no ha ratificado ningún convenio ni protocolo a lo largo de los últimos doce meses. De entre los ratificados, podemos encontrar los relativos al trabajo forzoso, la igualdad de remuneración, la lucha contra las peores formas de trabajo infantil, la seguridad y la higiene en el trabajo y las políticas de empleo, que son conculcados de manera continua en el actual Irán. Pero además, no ha ratificado convenios fundamentales relativos a la libertad de asociación, la negociación colectiva, la determinación del salario mínimo, las prestaciones por discapacidad, las pensiones y prestaciones por fallecimiento, el trabajo en el servicio doméstico y la violencia y el acoso en el lugar de trabajo, perpetuando así la represión sistémica contra la clase trabajadora iraní.
Siendo este patrón un mecanismo repetido en otros contextos dictatoriales, en este caso cabe añadir que es el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales iraní quien tiene la obligación de formar estos Consejos Laborales Islámicos en centros de trabajo que dispongan de más de treinta y cinco personas trabajadoras fijas. Además, los trabajadores/as en las Zonas Francas Industriales (ZFI), en el sector agrícola, empresas con menos de diez trabajadores/as, servicio doméstico y, por supuesto, aquellas personas en la economía informal, quedan fuera de cualquier tipo de protección sindical, del derecho a la negociación colectiva, de tener un convenio y del derecho a la huelga (que se prohíbe y sanciona con duras medidas).
Así el régimen iraní ha creado una plétora de “organizaciones de trabajadores” que han ido construyendo un sistema en el lugar del trabajo desde los niveles más locales, provinciales hasta los estatales que ejercen un control absoluto sobre la clase trabajadora iraní y les niega su derecho a crear sindicatos libres e independientes.
Por ejemplo, personas que trabajan en importantes sectores de la economía iraní como el petroquímico no están autorizadas a organizarse por sí mismas y son organizadas de manera obligatoria en estas estructuras que se han mencionado. Se trata de un sistema “triangular” de control que ejerce esa presión en los tres niveles. Pero además y al mismo tiempo, el régimen iraní trata de posicionar en la escena internacional a estas organizaciones con diferentes intentos de afiliación a la Confederación Sindical Internacional (CSI).
El sindicalismo activo en Irán
A pesar de todo, el movimiento obrero iraní ha mostrado siempre y muestra en la actualidad una notable capacidad de resistencia que muy probablemente les concederá un papel relevante en la actual guerra en curso de agresión exterior por parte de Estados Unidos y de Israel. A pesar de la actual crisis, es probable que el movimiento obrero iraní siga siendo un elemento clave para comprender las dinámicas políticas y sociales de Irán en el futuro.
Su resiliencia les ha hecho desenvolverse bajo diferentes sistemas políticos desde la monarquía a la república islámica y ha logrado adaptarse a distintos contextos de represión desde el momento de la industrialización temprana de Irán hasta las más recientes protestas laborales de 2025 e inicios de 2026 contra la precariedad, la inflación desorbitada y las sucesivas crisis. Entre los sectores más activos se encuentran los del transporte urbano, los y las docentes y el sector petroquímico.
Según informes de la conocida como Confederación del Trabajo de Irán en el Extranjero (el CTI creado en Berlín 2024 es un grupo de sindicalistas, periodistas y defensores de los derechos de las mujeres en el exilio) tan solo a lo largo de 2024, se produjeron al menos 2396 concentraciones de protesta y 169 huelgas en diversos sectores, lo que da cuenta de cierto dinamismo a la hora de sumarse a las denuncias por las precarias condiciones de vida, la precariedad laboral y las presiones derivadas de las disfuncionales estructuras administrativas y económicas del país. Estas protestas y huelgas se extendieron por las treinta y una provincias y setenta ciudades de Irán. En informes posteriores del Instituto Volunteer Activists (VA, Teherán 2011) se registraron de julio a diciembre de 2025 en torno a 471 protestas laborales.
Solo dos organizaciones iraníes sobreviven en el Irán actual con cierta actividad: Syndicate of Workers of Teheran and Suburb Bus Company (Kargaran Sherkat Vahed Otobusrani Teheran va Home, en su forma abreviada se le conoce como Syndica Vahed) y la Teachers Association in Teheran (Kanom Senfie Moaleman-Teheran – KSMI): el primero sindicato de medios de transporte de Teherán y el segundo, el sindicato de docentes de Teherán.
La primera organización, creada en 1958 y clausurada durante más de 20 años, pudo retomar la actividad trabajando sobre las cuestiones relacionadas con la seguridad y salud en el trabajo y la segunda, con algo más de actividad durante la época del Shah, cuenta aún hasta nuestros días con varias oficinas regionales en varias ciudades iraníes y ha sido protagonista en distintos momentos de protestas masivas por el trabajo decente y contra los procesos de privatización de las escuelas.
Las huelgas por el pago de los salarios, las privatizaciones y la precariedad generalizada se han vuelto relativamente frecuentes. En algunos casos, estas movilizaciones han coincidido con protestas sociales más amplias y movilizaciones estudiantiles relacionadas con la igualdad de género, la corrupción o la falta de libertades políticas.
Está por ver la evolución de los acontecimientos que seguirán a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y que han desatado una rápida escalada de gravísimas consecuencias humanitarias y diplomáticas globales y en qué medida el frágil sindicalismo iraní con el apoyo internacional necesario puede proteger a la clase trabajadora iraní que queda aún más desprotegida y a la intemperie de lo que ya estaba en el anterior período.
Si antes del inicio de la guerra era complicado captar la amplitud de quejas y acciones sindicales en una clase trabajadora tan heterogénea como la iraní sometida a una represión brutal, resultará muy complicado en el actual estado de la situación interna en Irán e internacional en la región, un monitoreo de la actividad sindical, copada por la cobertura mediática por la guerra y cercenada en gran parte la actividad en las redes sociales que operan en el país.
La República Islámica de Irán: patrón recurrente de violaciones de los derechos laborales y sindicales
En junio de 2025, en la Comisión de Aplicación de Normas (CAN) de la 113ª CIT en Ginebra revisábamos por última vez el caso de la República Islámica de Irán en relación con el Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111). En esa sesión de apenas hace nueve meses, gobiernos, patronales y sindicatos (entre otros, Comisiones Obreras) debatimos el estado de aplicación de este convenio y por extensión la situación general del cumplimiento de las normas laborales en Irán.
Desde hace décadas, la CAN ha revisado la situación en Irán por el incumplimiento de distintas normas internacionales del trabajo: un patrón que muestra la falta de progreso sustantivo en casi todos los aspectos laborales del país y muy especialmente en las discriminaciones legales y prácticas contra las mujeres, las minorías y otros grupos en situación vulnerable.
Aunque en 2025 tuviera lugar la última revisión formal del caso de Irán ante la OIT, el país ha sido objeto de atención recurrente en todos los mecanismos de supervisión, de manera muy especial en el Comité de Libertad Sindical (CLS) de la OIT, como cabe imaginar por la falta de libertades sindicales, la discriminación de mujeres y de grupos vulnerables, las condiciones de inseguridad, violencia y acoso en los lugares de trabajo y la represión de las actividades sindicales independientes, entre otras graves violaciones de las Normas Internacionales del Trabajo (NIT).
Comisiones Obreras: apoyo histórico al movimiento sindical iraní
Comisiones Obreras ha mantenido la presión a lo largo de los años sobre el gobierno iraní en numerosas comunicaciones a las autoridades de Irán con el objetivo de hacer cumplir sus obligaciones internacionales y a un tiempo a las autoridades españolas y europeas para que exigieran el cumplimiento de las obligaciones internacionales de la República Islámica de Irán.
Y no en pocas ocasiones, hemos alzado la voz para pedir la suspensión de la pena de muerte y la liberación de presos y presas políticos, miembros de la oposición política, activistas y sindicalistas iraníes, mujeres que han arriesgado sus vidas en esta lucha por las libertades como Pakhsan Azizi, Verisheh Moradi y Sharifeh Mohammadi, detenidas por su compromiso con los civiles kurdos y por sus actividades sindicales.
Mujeres que han sido torturadas en las siniestras prisiones iraníes, condenadas en juicios injustos y sometidas a un régimen de detención muy duro en condiciones extremadamente precarias. En numerosas ocasiones, hemos denunciado cómo las personas presas en Irán son obligadas a realizar trabajos forzosos, violando así el convenio núm. 29 de la OIT, relativo al trabajo forzoso, uno de los 15 que Irán sí tiene ratificados.
Además hemos manifestado desde hace años nuestra preocupación en todos los ámbitos internacionales haciéndonos eco de los numerosos informes disponibles sobre las graves restricciones a las libertades sindicales, a la igualdad de oportunidades y a la falta de protección efectiva en el mercado laboral tanto de la OIT como de la CSI y las denuncias constantes del movimiento sindical iraní en el terreno y en el exilio.
Desde la Coalición global en apoyo del sindicalismo independiente en Irán, coordinada desde 2017 por la CSI, hemos analizado, registrado y denunciado cómo los derechos y libertades sindicales en Irán han sido atacados de manera permanente enfrentando a sindicalistas y activistas al hostigamiento diario y a la persecución judicial solo por llevar a cabo sus actividades pacíficas y legítimas.
De entre las principales violaciones que hemos denunciado, podemos destacar: la prohibición de los sindicatos independientes en Irán, la falta de paga de los salarios, la violencia policial extrema, los arrestos de sindicalistas y las condenas a penas de prisión por cargos inventados como «difundir propaganda contra el sistema», «reunirse y confabularse para cometer crímenes contra la seguridad nacional» y «formar un grupo con el propósito de perturbar la seguridad nacional», entre otras. Sin olvidar también la represión y las amenazas fuera de Irán y el acoso personal y a familiares cercanos de los activistas.
Los casos de Reza Shahabi (trabajador de la compañía de autobuses suburbanos de Teherán), Esmail Abdi (asociación de profesores de Teherán), Ali Reza Saghafi (arrestado por organizar una reunión por el 1º de Mayo), Ebrahim Madadi (miembro y vicepresidente del Consejo de Administración del sindicato de trabajadores de autobuses de Teherán) y Davoud Razavi (miembro de la junta directiva del mismo sindicato) han sido algunos de los casos que más han requerido nuestra atención en estos últimos años.
En conclusión, hemos trabajado en distintos canales y espacios para dar visibilidad a la solidaridad con activistas, sindicalistas y personas encarceladas por razón de su actividad sindical o política en Irán, hemos hecho seguimiento y hemos participado en los casos activos sobre Irán en la OIT y en el marco de la CSI y hemos presentado nuestras exigencias sindicales ante el Examen Periódico Universal (EPU) de Irán en la 48ª sesión del grupo de trabajo en enero de 2025, entre otros mecanismos de denuncia y queja de la situación sindical en Irán.
Desde el pasado 28 de febrero de 2026, CCOO llama al alto el fuego inmediato y a la reanudación de las conversaciones de paz en Oriente Medio en distintos comunicados emitidos por el sindicato desde esa fecha pidiendo la desescalada inmediata, el fin de todas las operaciones militares y el retorno a las negociaciones pacíficas en Oriente Medio, el respeto al derecho internacional y a la búsqueda de vías para la paz, la democracia y el trabajo decente.


