Sufriendo en silencio: enfermedades profesionales en la música

Una de las principales dolencias asociadas al manejo de instrumentos, la distonía, no está en la lista de EEPP. La evaluación de riesgos y la prevención tienen además importantes carencias

LAURA VILLADIEGO

En una orquesta, cada pequeño movimiento está medido para que la melodía resultante sea perfecta. Una perfección que sólo se alcanza con muchos años de entrenamiento. “Lo que se ve es el concierto, pero eso conlleva una preparación personal previa. Cualquier músico, haga la actividad que haga, requiere de un estudio personal primero, de una práctica personal e individual, y de un ensayo de conjunto. Lleva mucho trabajo anterior”, asegura Pilar Parreño, secretaria general de la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas (AMPOS) Sinfónicas y delegada de Comisiones Obreras. 

Y toda esa preparación tiene un coste: la sucesión de movimientos repetitivos durante años puede llevar a lesiones que afecten a la vida profesional de los artistas. “Los músicos se dedican exclusivamente a su trabajo, que es tocar y tocar, para conseguir cada vez más perfección. Ese perfeccionismo y repetición continua acarrea muchísimas dolencias”, explica Pilar Parreño. 

“Es una profesión con un alto grado de exigencia, tanto por parte de los propios profesionales, como de los directores y del público”, añade Ángel Cítores, de FSC-CCOO. Esa exigencia lleva a la invisibilización de las patologías que sufren estos profesionales, continúa Cítores, que son no sólo de tipo físico, sino también psicosocial. “La presión psicosocial también es muy alta por la necesidad de alcanzar la perfección”, asegura. FSC-CCOO está así trabajando en visibilizar estas patologías a través de jornadas de información y formaciones con delegados y delegadas, para “poner encima de la mesa no sólo las problemáticas, sino encontrar también las medidas correctoras y aplicarlas”, explica Cítores.

Así, un análisis de las enfermedades profesionales de los músicos entre los años 2007 y 2014, realizada por la jefa del Área de Salud Laboral del Ministerio de Sanidad y Política Social, Montserrat García Gómez, identificó al menos diez patologías típicas de los músicos que podían tener cabida en el cuadro de enfermedades profesionales, principalmente trastornos músculo-esqueléticos e hipoacusia. “Las muchas horas de práctica, el mantenimiento de posturas forzadas, la intensa repetición de movimientos, las competiciones estresantes y el gran esfuerzo por la perfección, provocan que la gama de problemas de salud que pueden sufrir los músicos sea amplia”, aseguraba el documento. Así, según el análisis, se localizaron 213 enfermedades durante ese periodo, 120 de ellas en hombres y 93 en mujeres. El 81% fueron trastornos músculo-esqueléticos, el 11% hipoacusias y el 7% nódulos de las cuerdas vocales.

Sin embargo, en ese listado no se reconocen una de las enfermedades más importantes que afectan a los músicos: la distonía focal del músico. Cuando se produce una distonía focal, el músculo deja de responder a fuerza de sobreutilizarlo y, como consecuencia, se dan movimiento involuntarios. “La distonía es que el músculo, de tanto tono que ha cogido, se ha saturado y empieza a dejar de hacerte caso”, explica Ana Isabel Cabrera, fisioterapeuta especializada en dolencias de músicos. En algunos casos la distonía focal es incapacitante, e incluso ha llevado a padecer graves secuelas de salud mental por tener que abandonar la profesión. “Es una enfermedad que causa mucho sufrimiento y que es muy concreta del músico. Esa sí que tenemos que meterla en el listado porque no está en ningún epígrafe”, reclama Parreño. Por ello, AMPOS ha organizado un congreso para los próximos 9,10 y 11 de junio, que cuenta también con el apoyo de FSC-CCOO, cuyo objetivo principal es “visibilizar esta terrible patología” con el fin de encontrar sistemas de prevención y concienciar de la necesidad de su inclusión en el listado de enfermedades profesionales.

Además, en las enfermedades que sí que están incluidas en el listado oficial, no hay un reconocimiento explícito de los músicos como profesiones afectadas. “Hay enfermedades reconocidas en el apartado músculo esquelético como consecuencia de movimientos repetidos del brazo y se menciona, por ejemplo, a carniceros, pero no a un violinista que puede hacer 3000 repeticiones sólo en un concierto”, asegura Parreño. 

Esto tiene varias consecuencias, explica Parreño. La primera es que hay poca concienciación y que a menudo esas dolencias se llevan en silencio. “Cuando tienen cualquier tipo de dolencia originada por el trabajo, en un primer momento se callan y lo gestionan de manera individual”. Cuando se complica, muchas de las personas afectadas van al médico de cabecera para tratarlo como una enfermedad común. “Al no notificarse, no entran en las estadísticas oficiales de las enfermedades de trabajo”, explica Parreño. “Y si se da un caso ya extremo de una incapacidad permanente, pues pierde cualquier eventual indemnización o pensión que le correspondiera por la incapacidad”, continúa. 

Sin embargo, Parreño apunta que durante los últimos 15 años se han dado importantes mejoras y que, por ejemplo, ya es más corriente tener planes de prevención en las orquestas. “Ahora ya está mejor la cosa. En algunos casos no existía plan de prevención.Y cuando existía, la evaluación de riesgos era incorrecta casi siempre o insuficiente en todos los casos”, explica. Sin embargo, aún quedan muchos cosas que mejorar. “Falta mucha formación. Los delegados y las delegadas de salud no están formados para saber cómo notificar los accidentes o no saben identificarlos. Y la evaluación sigue siendo incorrecta en muchas ocasiones”, asegura Parreño. 

Las aproximadamente 2000 personas que trabajan en las 27 orquestas que hay en ESpaña son, no obstante, unas privilegiadas, apunta Parreño, en comparación a otros músicos. “El resto de la profesión del músico en general es bastante precaria. Son personas autónomas, que deberían estar contratados, pero lo normal es que no lo estén”, asegura. 

Para Ana Isabel Cabrera, la prevención debería incluirse desde las primeras etapas de la enseñanza. “Cuando los músicos aprenden, ni siquiera se les adapta ni se les enseña cómo aprender a tocar para evitar lesiones. Entonces, claro que se desarrollan muchas molestias”, asegura la fisioterapeuta. “El mayor problema que suele haber con el músico, pues que no está concienciado de que tiene que hacer actividad física y que tocar el instrumento es como un deporte”, continúa.

Para Cabrera, los músicos podrían adoptar algunas pequeñas rutinas que podrían mejorar notablemente sus dolencias. Por ejemplo, Cabrera recomienda hacer una pausa cada 45 minutos y estirar y mover el cuerpo en sentido contrario al que se ha estado utilizando, para contrarrestar. “Todo lo que sea trabajar en prevención hará que la persona no sufra dolores o no llegue a un punto en el que ella diga ya me duele demasiado y no puedo hacer más” “el músico cuando ya es profesional, lo que tiene miedo es de al final tener una lesión que le impida volver a tocar”, Ana

Parreño añade que, además de la necesidad de hacer cursos de prevención, algo que ya hacen desde AMPOS, hay que evaluar el riesgo auditivo de las obras musicales que se interpretan como se hace en países como el Reino Unido. “En esas orquestas, tienen archivos con el riesgo auditivo que tiene cada obra. Con eso luego saben cómo programar las obras para que no haya dos obras de riesgo auditivo alto seguidas, o se establecen límites de tiempo de ensayo o se colocan los instrumentos de forma diferente”, explica. 

En España, asegura Parreño, las acciones de prevención se limitan a lo establecido en la ley, que no se adapta a las particularidades de la música, y apenas se buscan otras soluciones que son comunes en otros países. “Música hay mucha y con imaginación pueden hacer programaciones más saludables para los trabajadores y muy atractivas para el público”, concluye. 

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