¿Cómo prevenir en origen los riesgos psicosociales en el puesto de gerocultora?

En el puesto de gerocultora en los centros residenciales de personas mayores es prevalente la exposición a los riesgos laborales psicosociales. En este artículo se resumen una serie de medidas preventivas fruto del diálogo entre el conocimiento científico y el derivado de la experiencia

Clara Llorens Serrano y Montse López Bermúdez, investigadoras de la Fundación 1º de Mayo-ISTAS

Los riesgos laborales psicosociales son condiciones de trabajo derivadas de las deficiencias en el diseño, la gestión y la organización del trabajo, para las que se cuenta con investigación suficiente y de la máxima calidad (estudios longitudinales), que demuestra que pueden perjudicar la salud de las trabajadoras y los trabajadores. Estos riesgos se han identificado como una de las causas laborales más importantes de la depresión y la ansiedad, de las enfermedades cardiovasculares o de los trastornos musculoesqueléticos, entre muchos otros y también de una parte importante de las bajas laborales por motivos de salud.

En el puesto de gerocultora son prevalentes algunos de estos riesgos laborales como las excesivas exigencias cuantitativas y el alto ritmo de trabajo, la baja influencia y las escasas posibilidades de aplicar habilidades y conocimientos, las altas exigencias emocionales y el alto conflicto trabajo-vida, riesgos que es necesario reducir o eliminar en origen para evitar daños a la salud.

Un proyecto financiado por el Instituto Andaluz de Prevención de Riesgos Laborales nos permitió discutir con la representación sindical y empresarial del sector de establecimientos geriátricos privados andaluces las medidas preventivas que plantea la literatura científica y concretarlas para la realidad del puesto de gerocultora.

Reducir las excesivas exigencias cuantitativas y el alto ritmo de trabajo en el puesto de gerocultora

El problema para la salud son las excesivas exigencias cuantitativas, que se producen cuando se tiene más cantidad de trabajo del que se puede realizar durante la jornada laboral. Derivarían en un ritmo alto de trabajo o en alargamiento de jornada. 

60 personas, 5 gerocultoras, en dos horas y media. Tienes 8 minutos para levantar al abuelo, quitarle el pijama, ducharle, secarle, hidratarlo, vestirlo, secarle el pelo, peinarle, afeitarle, hacer la cama y bajarlo al desayuno … Hay que trabajar muy deprisa, nos cuentan las trabajadoras de un centro residencial andaluz.

En Andalucía las excesivas exigencias cuantitativas y el alto ritmo se asocian con la falta de personal en el puesto de gerocultora. Aunque Irene Álvarez Bonilla, responsable estatal de Salud Laboral de la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de CCOO (FSS-CCOO), nos indica que ello es común en todas las comunidades autónomas. Se trataría de hacer los cambios necesarios para que la plantilla de gerocultoras pueda aumentar en los establecimientos residenciales, a fin de contar con el personal suficiente en cada turno, según la carga de trabajo asignada y teniendo en cuenta vacaciones e imprevistos habituales (días de libre disposición, cubrir las bajas por enfermedad, etc.). Y ello, según los agentes económicos y sociales andaluces, pasaría, en primer lugar, por aumentar el precio-plaza que paga la administración a las residencias privadas, alineándose con el coste en las residencias públicas y por establecer criterios en los pliegos de concierto para que ese aumento se destine a personal. También por reducir el número de residentes por gerocultora en la ratio establecida por la administración. 

El precio-plaza es fundamental para aumentar el personal, el que hay ahora, económicamente no te permite estar por encima de ratio. Andalucía es la comunidad que menos paga al establecimiento. Por ejemplo, con Madrid hay una diferencia del 34% precio-plaza y tiene una ratio más baja … Pensad que el recurso a la residencia nunca se asigna a personas por debajo de 83 años, edad en que los deterioros son importantes. De ahí que la Junta debiera establecer una ratio más generosa, nos comentan varias representantes de las organizaciones empresariales del sector.

Irene Álvarez Bonilla, Virginia García Quintero y  Paula Saenz Vera. /Fotos cedidas

En segundo lugar, se tendrían que establecer ratios más específicas de dependencia severa y adecuar la ratio de gerocultoras a la situación de dependencia de las personas residentes. Y, en cualquier caso, se tendría que vigilar el cumplimiento de las ratios en cada turno.

En tercer lugar, la situación de dependencia de las personas residentes se tendría que tener actualizada. Para ello serían necesarios unos criterios de revisión automática de la situación de dependencia de las personas mayores y también de la ratio correspondiente de gerocultoras.

La ratio ha de ser revisable. Se debería tener una especie de cuadro con criterios desarrollados por la Junta de Andalucía, a partir de los que, automáticamente, se revisara la situación de dependencia y la ratio de gerocultoras aplicable, a partir de la evaluación continua de las necesidades de las personas mayores en los centros residenciales. Luego, la Junta debería articular un procedimiento de seguimiento de esas revisiones en los centros, nos plantea Paula Saenz Vera, responsable del Área de la Mujer de la FSS- CCOO Andalucía.

Reducir las altas exigencias emocionales en el puesto de gerocultora

Son las exigencias de no involucrarse en la situación emocional derivada de las relaciones interpersonales que implica la realización del trabajo y de esconder las emociones sentidas. El problema para la salud se produce cuando son altas. En el caso del puesto de gerocultora, estas exigencias derivan del cuidado de personas mayores, casi siempre con discapacidades severas que, suelen agudizarse con el paso del tiempo y cuya expectativa de vida es escasa. También hay que esconder sentimientos delante de las personas residentes y de sus familias.

Las altas exigencias emocionales son el único riesgo psicosocial del trabajo que tiene que ver con la naturaleza de la tarea por lo que no tiene un origen organizativo, cobrando especial importancia que las trabajadoras reciban formación sobre los problemas de salud de las personas mayores, como comunicarse con ellas y sus familias, el afrontamiento de situaciones de sufrimiento y traumáticas, así como identificar y gestionar situaciones de violencia.

Durante la pandemia se hicieron varios cursos para identificar conductas y saber cómo tratarlas y también aprovechamos para socializar cómo nos estaba afectando, habría que retomar estos cursos y espacios de intercambio entre nosotras. La formación debe darse en el centro de trabajo, la gente no la hace cuando hay que desplazarse y si es fuera del horario laboral tampoco, porque tienen obligaciones en casa, comenta Virginia García Quintero, delegada de prevención de FSS-CCOOA. 

También es pertinente tomar medidas organizativas como variar entre tareas más y menos exigentes emocionalmente, reducir la cantidad de personas a atender y asignar tiempos de descanso y socialización o terapia grupal.

En nuestras residencias, existe rotación: cada tres semanas se cambia de planta, en la primera están las personas que son autónomas y en la segunda las de mayor dependencia, nos comenta Elena Sánchez, subdirectora de Recursos Humanos del Grupo REIFS, miembro de la organización empresarial CECUA.

Aumentar la baja influencia y las escasas posibilidades de aplicar habilidades y conocimientos en el puesto de gerocultora

La situación desfavorable para la salud se produce cuando no se tiene autonomía, ni influencia sobre cómo se realiza el trabajo y cuando no se pueden aplicar las propias habilidades ni conocimientos, ni aprender nuevos en la realización de las tareas. En el puesto de gerocultora en Andalucía, la exposición se asocia con la estandarización del trabajo de gerocultora y con el poco reconocimiento de su profesionalidad. 

Por ejemplo, a la hora de levantar tienes un protocolo que seguir. Y si te saltas su protocolo de trabajo, te pueden sancionar, nos cuentan las trabajadoras de un establecimiento geriátrico andaluz.

Elena Sánchez y Fernando Acosta. / Fotos cedidas

Para reducir la exposición se necesitarían cambios organizativos, que ya son una realidad en algunos establecimientos residenciales de Andalucía y que pasarían, en primer lugar, por la participación de las gerocultoras en las reuniones interdisciplinares, por ejemplo, en las de protocolos de trabajo, o las de valoración de residentes, etc.

Para los Planes de Atención Individualizada, hay residencias en las que generalmente, se reúnen la psicóloga, la trabajadora social, la terapeuta, la enfermera y la gobernanta, que lleva la voz de las gerocultoras. La gobernanta antes se lo ha preguntado a las gerocultoras…Tratan de las incidencias de las residentes, los nuevos ingresos… Se pregunta cómo lo ven las gerocultoras, si creen que un mayor puede entrar o no en una actividad, cómo han evolucionado… plantea Rosa María Martín Cruzado, responsable de salud laboral y medio ambiente de FSS-CCOOA

En segundo lugar, se pueden delegar algunas decisiones a las gerocultoras:

En el día a día, ellas (las gerocultoras) valoran, llaman al fisio y le dicen lo que necesitan que mire a un residente … Las gerocultoras son el referente. No pueden ser ratios muy altas … Nosotros ya somos mini-residencias. El tema de la autonomía es importante si quieres que la residencia sea algo más que un tren de lavado. La gerocultora tiene que tomar decisiones sobre la marcha, tenemos unas rutinas que cumplir, pero al final, es al residente al que hay que priorizar, nos comenta una vocal de la organización empresarial FADE.

En tercer lugar, se puede establecer la consulta cotidiana:

Tenemos un estándar, pero si la gerocultora detecta que no le funciona podría no seguirlo, siempre y cuando lo consulte a la jefatura de turno … Hay que escuchar al residente si queremos el modelo centrado en la persona y son las gerocultoras quienes tienen capacidad de hacerlo … Los abuelos son personas delicadas de salud y no todos los días están igual, plantea Elena Sánchez, subdirectora de Recursos Humanos del Grupo REIFS, miembro de la organización empresarial CECUA.

Por último, es necesario asignar tiempo en la carga de trabajo del día para desarrollar la participación de las gerocultoras.

Reducir el alto conflicto trabajo-vida en el puesto de gerocultora

El alto conflicto trabajo-vida se produce cuando es necesario compaginar tareas y tiempos laborales con las familiares y sociales, que pueden suponer cargas excesivas y a menudo simultáneas. En el puesto de gerocultora tiene que ver principalmente con las exigencias cuantitativas y con cómo se organiza y modifica la jornada laboral. Por ejemplo, horarios o días laborables incompatibles con el trabajo de cuidado de las personas o la vida social o demasiada carga de trabajo.

Solamente libramos un domingo al mes, no tenemos vida social y complica mucho la familiar. Justo cuando los niños están en casa, tú estás trabajando y te pierdes muchas cosas. Luego, el cuadrante es anual, pero la realidad es que cada mes te dan un cuadrante nuevo o te llaman el día de antes porque una compañera se ha puesto enferma, y debes cubrirla en tu día de descanso, nos cuentan las trabajadoras de un centro residencial andaluz

Las medidas para reducir el conflicto trabajo-vida en el puesto de gerocultora pasarían en primer término, por reducir al máximo las jornadas asociales:

Tenemos ciclos de trabajo rotativos, lo que permite tener dos fines de semana libres al mes, a los que se le pueden añadir festivos plantea Josefa Sánchez Trujillo, delegada de personal de FSS-CCOOA

Josefa Sánchez Trujillo y Rosa María Martín. / Fotos cedidas

En segundo término, diseñar de manera anticipada el calendario laboral, comunicando todos los aspectos de la jornada con la máxima antelación posible y permitir las permutas, dando influencia colectiva a las trabajadoras.

El calendario laboral, de carácter anual, se confecciona a finales del año anterior, teniendo en cuenta las peticiones de las trabajadoras. Por ejemplo, las trabajadoras de mayor edad prefieren el turno de tarde frente a las que necesitan conciliar que prefieren el de la mañana Cuando no se pueden atender estas necesidades, se permite la posibilidad de permutar entre compañeras, plantea Fernando Acosta Aguilar, director de la Residencia de Mayores Hermanas de Ntra. Sra. de la Consolación, presidente de LARES y de la Fundación Vida Abundante.

La literatura científica y la experiencia muestran que una parte importante de exposiciones a los riesgos laborales psicosociales y los problemas de salud relacionados no son intrínsecos al trabajo. La mayor parte de estos riesgos se relacionan con las prácticas de gestión laboral que son transformables; incluso las exigencias emocionales se ven afectadas por otras condiciones de índole organizativo, que pueden modificarse. Cambiar el diseño, la gestión y la organización del trabajo para que sea más saludable es posible, mejorando las condiciones de empleo, trabajo y de vida. Llevamos toda nuestra historia dedicándonos a ello, en el diálogo social o en la negociación colectiva sectorial o de empresa.

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