Adaptación al Cambio Climático en el entorno laboral: retos, riesgos y propuestas hacia 2030

El cambio climático representa uno de los mayores desafíos a la prevención de riesgos laborales en la actualidad, con el aumento del calor como uno de los elementos que probablemente tendrá un mayor impacto en la salud de la población trabajadora

Las consecuencias del cambio climático no afectan por igual a todas las personas y tienen mayor impacto sobre los trabajadores manuales y precarios. /Tania Castro

Por Sergio Salas, técnico de la Fundación 1º de Mayo-ISTAS

El cambio climático representa uno de los mayores desafíos a la prevención de riesgos laborales en el presente siglo. Las altas temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos y la creciente contaminación ambiental están multiplicando los riesgos para la salud y la seguridad de las personas trabajadoras, especialmente la de aquellas en condiciones de mayor vulnerabilidad (trabajadores con puestos precarios o en situación de informalidad, personas trabajadoras con problemas de salud, embarazadas, etc.). De todos los riesgos asociados al cambio climático, el aumento del calor probablemente sea el que tiene un impacto mayor en la salud de la población trabajadora, tal y como ocurre con la población general. El proyecto CALORADAPT, que tiene como objetivo estudiar la adaptación del entorno laboral a los efectos del calor en España, acaba de finalizar, por lo que consideramos que es un buen momento para dar cuenta de los avances logrados y de los retos identificados que tendremos que afrontar de un modo u otro en el futuro más inmediato. Este proyecto ha sido realizado por la Fundación 1º de Mayo y financiado por la Fundación Biodiversidad.

En cuanto a los retos relacionados con el cambio climático y la salud de las personas trabajadoras, de manera muy general pueden agruparse en tres grupos diferentes:

  • Salud humana: Las olas de calor comportan riesgos agudos para la salud de las personas trabajadoras (eccemas, calambres musculares, desmayos y pérdida de conciencia o golpes de calor). Además, aumentan la incidencia de enfermedades cardiovasculares, renales, respiratorias, neurodegenerativas, etc. entre las personas trabajadoras cuando la exposición se prolonga en el tiempo. También aumentan el riesgo de accidentes por otras causas al disminuir la capacidad de concentración y los reflejos (atropellos, caídas, conflictos violentos, etc.).
  • Justicia social y aumento de la desigualdad: Las consecuencias del cambio climático no afectan por igual a todas las personas. La precariedad, la informalidad laboral o el trabajo manual a la intemperie agravan los impactos en los sectores más vulnerables, reproduciendo y aumentando la desigualdad ya existente.
  • Pérdida de competitividad: El impacto del cambio climático también amenaza con reducir la productividad económica si no se implementan medidas preventivas eficaces. Las personas que enferman y dejan de trabajar aumentarán si no se toman las medidas preventivas necesarias.

Descomponer estos retos en riesgos más concretos permite operativizar los objetivos y las medidas a aplicar. Así, el proyecto de investigación CALORADAPT, que se centra en los dos primeros retos, ha permitido identificar de manera más precisa cuáles son los riesgos más relevantes para la salud en el entorno laboral.

  • La exposición al calor excesivo es generalizada: Un 40% de la población asalariada consultada en la encuesta realizada expresamente para este proyecto (n=3.360) contestó que el calor resulta “muy molesto” en su trabajo durante los meses de calor. Este porcentaje aumenta hasta el 50% al referirnos exclusivamente a personas en puestos de trabajo manuales (ver Informe Diagnóstico p.8).
  • La sobrecarga térmica en la población asalariada se sitúa en un nivel de riesgo por enfermedades inducidas por el calor, especialmente en el colectivo de trabajadores manuales durante los meses de calor (ver Informe Diagnóstico p. 9-10, 16).
  • Desigualdades en salud amplificadas: trabajadores informales, temporales o al aire libre enfrentan riesgos desproporcionados en comparación con los trabajadores no manuales. Hay un colectivo especialmente vulnerable formado por trabajadores manuales mal pagados, que dispone de pocas medidas preventivas a su alcance y que experimenta más síntomas relacionados con el calor que el resto (mareos, dolores de cabeza, calambres, etc.) con una alta probabilidad de sufrir enfermedades causadas por el calor (ver Informe Diagnóstico p. 29).
  • Las empresas españolas presentan déficits notables en la prevención y hasta un 45% de los encuestados contestaron que su empresa pone en práctica pocas o ninguna medida para atajar el calor excesivo en el puesto de trabajo (ver Informe Diagnóstico p. 18).
  • Las empresas alegan falta de recursos económicos para la adaptación preventiva frente al calor. Mientras no se actúa, esos costes se repercuten en la salud de la población trabajadora, que es peor en aquellos han sufrido previamente enfermedades o accidentes de trabajo causados por el calor (ver Informe Diagnóstico p. 26).

Mirando hacia el futuro, visualizamos un escenario ambicioso pero posible para 2030, en el que la adaptación al cambio climático esté integrada de forma transversal en las políticas de salud pública y trabajo. Para ello habría que lograr los siguientes hitos en el corto plazo:

  • Mejorar la inclusión de la salud laboral en los planes estratégicos climáticos de España y europeos promoviendo la coordinación institucional entre los ámbitos de sanidad, trabajo y medio ambiente.
  • Garantizar la aplicación de la normativa existente en materia de salud laboral y calor. Contar con una norma clara y actualizada sobre prevención de riesgos relacionados con el calor y el cambio climático.
  • Exigir la evaluación del estrés térmico mediante metodologías precisas aplicadas rigurosamente y que cumplan con los estándares internacionales y científico-técnicos más exigentes (ver Propuesta de Intervención p.8-10).
  • Fortalecer la negociación colectiva en materia de prevención de riesgos, también en lo relacionado con el medio ambiente y el calor. Asegurar en lo posible la presencia de delegados de prevención en las empresas que cuenten con la formación e información específica sobre estrés térmico (ver Guía práctica para la gestión del calor en el trabajo).
  • Conseguir la implantación universal y sistemática de los protocolos de actuación participativos frente a fenómenos climáticos adversos, incluido el calor. Lograr que estén actualizados y que se apliquen eficazmente en todas las empresas (ver Propuesta de Intervención p.23-27).
  • Establecer sistemas de alerta climática específicos para la salud laboral (ver Propuesta de Intervención p.11-12).
  • Mejorar la vigilancia epidemiológica y evitar el subregistro de enfermedades laborales relacionadas con el estrés térmico (ver Propuesta de Intervención p.18-19).
  • Fortalecer la inspección de trabajo dotando al organismo público de recursos humanos y administrativos que permitan actuar con la inmediatez y la contundencia necesarias durante las olas de calor.
  • Evaluación de costes y beneficios de la prevención: se requieren estudios empíricos que hagan emerger y permitan cuantificar los costes ocultos de la inacción en materia preventiva contra el exceso de calor.
  • Elaborar una presupuestación detallada de los costes de adaptación en prevención de riesgos laborales y asignación de partidas específicas en los presupuestos públicos.

En conclusión, la adaptación al cambio climático desde el ámbito laboral no es una opción, es una necesidad urgente. Integrar la salud de las personas trabajadoras en las políticas climáticas de adaptación, prevenir con visión de futuro y reducir desigualdades debe ser la hoja de ruta hacia 2030. La salud laboral debe convertirse en un pilar clave de la acción climática.

Scroll al inicio