Tanto en este dossier como en el Congreso que la Fundación 1º de Mayo organiza los dias 25 y 26 de octubre, se analizan los diferentes impactos de la emergencia climática y medio ambiental

Por Vicente López, director de la Fundación 1º de Mayo
La crisis ecosocial, como señala Santiago Álvarez Cantalapiedra, “es multidimensional, multiescalar y con variadas implicaciones”. En realidad, es imposible en estos momentos un análisis económico, social o laboral serio, o una praxis política democrática, sin tener en cuenta la crisis ecológica y sus derivas económicas y sociolaborales.
En este dossier intentamos repasar de forma somera qué implicaciones tiene esta crisis en el mundo del trabajo, en la evolución de las desigualdades y la pobreza, en el acceso al agua, en los procesos demográficos y en las desigualdades territoriales. Tras la crisis ecosocial se esconden dinámicas de exclusión social y empobrecimiento, de limitaciones inhumanas a recursos básicos o a la propia salud. Eso mismo haremos también en el Congreso «Crisis Ecosocial. Causas, consecuencias y desafíos”, que la Fundación 1º de Mayo organiza este 25 y 26 de octubre en Teruel. De hecho, los artículos de este dossier son reflexiones de algunos de los ponentes que allí podrán escucharse.
Volviendo a las implicaciones de la crisis ecosocial, enfrentarse a los problemas ecológicos, al exceso de huella ecológica, conlleva, como señalan los autores de este dossier, actuar política y socialmente frente a un modo de vida, a una perspectiva falaz de “buena vida” que no cuentan, por desgracia, con mayorías sociales y políticas para llevarse a cabo en estos momentos. De ahí también el peligro hacia una deriva antidemocrática, ecofascista, que ensanche más los ya insoportables niveles de desigualdad y pobreza a escala global.
Desde luego, la crisis es un hecho: la pérdida de suelo fértil, de biodiversidad, el deterioro de los acuíferos, la deforestación o, entre otros, el cambio climático, lo ponen de manifiesto de forma incontestable científicamente; y también lo es la relación estrecha entre estas dinámicas ecológicas y el sistema socioeconómico hegemónico: el capitalismo global. El deterioro de los niveles de cohesión social, la pérdida de valores democráticos o la expansión de la precariedad en sus formas más duras (semiesclavitud o trabajadores pobres), son las consecuencias directas de las políticas que intentan salvaguardar a través del crecimiento económico esta forma de organización política y social ecológicamente insostenible.
En este sentido, el fortalecimiento de la lucha sindical contra la explotación laboral y en pro de una mayor redistribución de la renta a favor de las clases y países subalternos, resulta esencial. Un conflicto social insoslayable que, a bien seguro, va a intensificarse en las próximas décadas ante el paradigma de la “escasez” de recursos y la dificultad (límite) para mantener un crecimiento económico (monetario) continuado. En este ámbito la lucha política entre las clases extractivas y la clase trabajadora, tomará una nueva velocidad e intensidad.


