El sociólogo ha publicado en colaboración con la Fundación 1º de Mayo el libro ‘Las metamorfosis del trabajo y de la relación salarial’ donde repasa los cambios acaecidos en el mundo contemporáneo del trabajo

Por Laura Villadiego
Las sociedades contemporáneas se han definido durante los últimos siglos en torno al concepto de trabajo como elemento definitorio del individuo. Sin embargo, estel concepto no ha permanecido inmutable a lo largo de la historia, sino que su construcción no sólo ha sido cambiante, sino que continúa cambiando a día de hoy. Esta idea es el tema central del libro ‘Las metamorfosis del trabajo y de la relación salarial’, escrito por el sociólogo Carlos Prieto y editado por la Fundación 1º de Mayo en colaboración con la editorial Catarata. En el libro, el autor reconstruye el camino que han seguido nuestras sociedades en la lucha por delimitar el ámbito de lo pensable y deseable del mundo del trabajo. Hablamos con él sobre algunos de los principales pasos en ese camino.
P. En el libro hablas de que damos por sentado que el trabajo es algo natural de nuestras sociedades, pero que realmente es una construcción sociológica. ¿Cómo de importante es el trabajo en nuestras sociedades?
R. El trabajo es más importante de lo que creemos, pero además es el resultado de una construcción histórica que va cambiando a lo largo de los años y de las décadas, es decir, que no es algo cerrado. ¿Por qué? Porque nuestras sociedades, mal que bien, siguen siendo sociedades que se definen por el trabajo, son sociedades del trabajo. Nunca antes en la historia había habido sociedades de trabajo, ni tampoco las personas se definían como trabajadores. Eran esclavos, siervos, procedían de diferentes castas sociales, pero no se definían como trabajadores. Que la sociedad y las personas se definan, sean y existan a través del trabajo es un dato muy importante. Lo que pasa es que al mismo tiempo eso hace que haya una lucha permanente entre, por una parte, de las organizaciones sindicales fundamentalmente por mejorar las condiciones de trabajo y, por otro lado, del capital, que es quien necesita el trabajo para lograr beneficios. Y cuanto más protegido esté (el trabajo), peor para el capital.
Y en ese sentido, yo creo que la llamada revolución neoliberal ha consistido precisamente en liberar al trabajo de las constricciones y limitaciones que se le imponían en la norma anterior. En España, sobre todo en los años de la constitución, se fijaron muchas limitaciones, siguiendo el pacto keynesiano. Ante esto, hay una rebelión muy fuerte del capital. A mi modo de ver, el sentido más profundo del término neoliberal es precisamente que el capital lo que quiere es recuperar la libertad que tenía anteriormente en su relación con el trabajo. Cuanto más fuerte es el capital, más débil tiene que ser el trabajo. Es una lucha permanente, en la que, durante estas últimas décadas, ha venido ganando el capital. Aunque no han desaparecido del todo las protecciones que existían anteriormente. Mal que bien sigue habiendo contratos, mal que bien sigue protegiéndose el desempleo, aunque se proteja menos, mal que bien sigue habiendo pensiones, mal que bien sigue habiendo seguridad social. Pero es una lucha permanente.
P. ¿Cuáles han sido las claves que han llevado a que el trabajo sea tan importante en las sociedades actuales?
R. El resultado de mi investigación sobre el trabajo no era algo que yo diera por supuesto cuando lo inicio hace 35 años. La conclusión a la que he llegado es que el trabajo no sólo es importante, es que es central. ¿Por qué? Porque nuestras sociedades se construyen, para intentar superar los problemas del antiguo régimen, como sociedades del trabajo, o sociedades de individuos que debe conquistar su autonomía a través del trabajo. Esta idea relativamente postmoderna de que el individuo se constituye por sí mismo y es autónomo e independiente, eso solo es verdad si tiene por detrás en qué apoyarse. Uno no puede ser individuo libre si no tiene un apoyo, ya sea social o productivo, a través del trabajo. Y efectivamente cuando surge la centralidad del trabajo es ligada a intentar que sean los individuos el centro de la sociedad, pero esa centralidad del individuo solo se consigue en el trabajo. En las sociedades actuales, por mucho que digan de una persona que es un individuo autónomo e independiente, si no tiene recursos, no lo puede ser. Y el principal recurso hoy en día para poder ser un individuo autónomo y libre es el trabajo con todas las protecciones sociales y colectivas. Sin eso uno no puede ser individuo libre.
P. Antes comentaba que esta revolución neoliberal había desequilibrado esa balanza en las relaciones laborales, erosionando la parte trabajadora. ¿Podemos decir que ahora somos menos libres de lo que éramos cuando esa relación laboral estaba más equilibrada?
R. Yo creo que sí. Estamos hablando de que los actores centrales aquí son el capital y el trabajo. El capital es una representación corporativa y el trabajo está fundamentalmente liderado por las organizaciones sindicales. A partir de los años 80 empieza una batalla, que algunos historiadores llaman la rebelión del capital, por modificar la regulación, limitar los derechos de las relaciones colectivas, flexibilizar y precarizar la relación individual. Todo eso, en el fondo, es un intento por conquistar libertad y poder para el capital, reduciendo los derechos y las libertades de los trabajadores. Pero no desaparecen del todo ni es irreversible. Por ejemplo, el dato este fundamental de la tasa de temporalidad, que es un indicador de la precariedad y de las malas o buenas condiciones de trabajo. En España ha llegado a haber durante mucho tiempo en torno al 30% de tasa de temporalidad. Hoy estamos en el 14%. ¿Qué quiere decir? Que hay una mejora dentro de lo relativo, es decir, que no hay una marcha atrás definitiva absoluta, sino relativa. Por eso merece la pena seguir luchando.
P. En el libro también habla de feminismo y trabajo. ¿Qué han supuesto las cuestiones de género y el movimiento feminista en estas relaciones laborales?
R. Esto parte de la idea de que las sociedades se hacen con actores y que los actores no preexisten. El sindicalismo no preexiste, hubo que crear el sindicalismo. Y el movimiento feminista tampoco preexistió, hubo que crearlo. A partir del momento en que estos actores se constituyen, esto obliga a repensar un poco todo. Y el feminismo, una de las cosas que ha hecho, es obligar a repensar el sector del trabajo. Mientras no existía un movimiento feminista fuerte, el trabajo era el principio de la identidad individual y colectiva. Pero cuando aparece el feminismo, uno de los elementos es que el trabajo debe compartir su centralidad con los cuidados. Hace 30 años no se hablaba de cuidados. Y no se hablaba de conciliación.
Al mismo tiempo se ha obligado a replantear las relaciones entre hombres y mujeres. De ahí que el capítulo que yo dedico a la relación entre mujeres, feminismo y trabajo lo titulo ‘La revolución de las mujeres’. ¿Por qué? Porque los propios hombres en investigaciones que yo he hecho reconocen que en los últimos treinta años la relación de los hombres con el trabajo y la familia ha cambiado radicalmente por las mujeres. Para bien, porque antes las mujeres tenían que quedarse en casa y los hombres trabajar. Pero a raíz del hecho de que las mujeres, movilizadas por el feminismo, entran al mercado de trabajo, se replantea el papel de los hombres. El movimiento feminista ha terminado por revolucionar elementos claves en la definición del sentido de trabajo. Nunca estamos en el final, porque sigue habiendo desigualdades, pero vamos cambiando, y los cambios son importantes.
P. En el libro también comenta que recientemente se han producido hechos que han supuesto un giro de guión en esa revolución neoliberal, como la pandemia o la guerra de Ucrania
R. Cuando yo empecé a escribir en el libro sobre la revolución neoliberal, yo no sabía si algún día iba a terminar de alguna manera esa revolución. Pero luego vino el gobierno de coalición, la guerra Rusia-Ucrania y la pandemia. El gran argumento neoliberal para despolitizar la gestión del trabajo y convertirla en pura técnica era el de la globalización. Y ya el referente de la gestión de la economía no son las naciones, ni siquiera los conglomerados de naciones, sino el mundo entero. Cuando las relaciones de producción se articulan en el mundo entero, ya lo único que tú tienes que hacer es competir con el mundo entero. La política desaparece. ¿Por qué? Si yo tengo que producir al mismo nivel que los chinos pues tengo que reducir los salarios. Ese era el gran argumento. La globalización fue al final el gran argumento neoliberal. Como el mundo entero se ha convertido en el espacio de producción único, o nos adaptamos al mundo, a esa globalización, o no podemos hacer nada. Es decir, no podemos hacer política, no podemos optar por una u otra opción.
Pero entonces llega la pandemia. Y en la pandemia nos damos cuenta de que la globalización no me trae a mí las mascarillas que necesito. ¿Qué quiere decir? Que yo me tengo que replantear la organización de la producción para poder atender las necesidades fundamentales de mi población. Luego llega también la guerra en Europa, Rusia que invade Ucrania. Entonces estábamos todos muy seguros de que las relaciones económicas internacionales eran pacíficas y que estaban reguladas por el mercado y que nosotros comprábamos trigo a Ucrania, comprábamos petróleo a Rusia y no planteaba ningún problema. Y de repente hay una guerra y resulta que ya no hay grano.
Es decir, que la guerra de Ucrania y la pandemia han reformulado el modo de concebir las relaciones económicas. Y entonces cada país y el conglomerado de Europa ya no pueden decir que hay globalización y que nos tenemos que adaptar porque resulta que hay una autonomía que construir de las relaciones de producción en cada espacio económico y social y en cada país. Y de hecho hemos podido introducir modificaciones positivas porque aquel modelo anteriormente existente de globalización ha entrado en crisis. Ahora tenemos más posibilidades de hacer política en Europa y España. Esto no quiere decir que en Europa no nos empiecen a presionar a volver a la situación anterior con políticas de austeridad, etcétera, etcétera, que son las políticas de mercado.


