En una economía con menos recursos, hay posibilidades de que se incrementen las diferencias entre ricos y pobres, explica el doctor en Economía Albert Recio

Por Laura Villadiego
El índice Gini lleva siendo una referencia a la hora de comparar la desigualdad en el mundo desde hace al menos dos décadas. Si se analiza la evolución global de ese índice desde inicios de siglo, pareciera que la brecha de ingresos poco a poco se ha ido estrechando. Sin embargo, un análisis más detallado lanza un dato preocupante: las diferencias entre países se han reducido por el crecimiento de los países asiáticos, pero la brecha dentro de los países – es decir, entre la población más rica y más pobre de un mismo Estado – no ha hecho más que aumentar desde los años 80 del siglo pasado.
Y esta tendencia a la desigualdad probablemente aumentará, si no se adoptan políticas igualitarias fuertes, a medida que se profundice en la crisis ecosocial y se vayan reduciendo como consecuencia la cantidad de recursos disponibles, reflexiona el doctor en Economía Albert Recio. “Existe el gran peligro de que esta sociedad evolucione a unos niveles de desigualdad insoportables en lugar de una sociedad igualitaria. ¿Por qué? Porque en una economía con menos recursos, hay posibilidades de que las condiciones de trabajo de muchísima gente empeoren mucho, especialmente si se refuerzan los derechos de la propiedad privada», asegura.
Recio se remite a las sociedades precapitalistas con menos recursos, donde “la desigualdad existía de forma brutal”. Así, siguiendo a Paul Lafargue en su Derecho a la Pereza, en esas sociedades el trabajo mayoritario era el de criado, un empleo que históricamente ha tenido unas condiciones que han estado “siempre en el límite entre el trabajo salariado y el servilismo feudal”. Y aunque el capitalismo también es desigual, apunta, sus formas son diferentes y, con abundancia de recursos, menos brutales. “Una sociedad con menos energía y menos recursos puede generar tendencias, incluso con más intensidad, de vuelta a formas de servidumbre diversas, que en parte las estamos viendo en el sector de cuidados familiares, entre los inmigrantes que cuidan gente mayor, o en otras condiciones que hay en subsectores de hostelería”. Y no será sólo en el plano de los servicios, también por cambios en las técnicas productivas.
Según Recio, con menos energía y recursos se requerirán técnicas productivas más intensivas en trabajo (incluyendo las mayores necesidades de cuidados por razones demográficas), ampliando el porcentaje de la población trabajadora con esas malas condiciones laborales. “El crecimiento de la economía de servicios, que en gran parte es economía de cuidados, será como economía de servicios mercantil. Y aquí es donde tenemos las peores condiciones laborales, porque son las menos mecanizables”, explica Recio.
Por ello, en la crisis ecosocial los sindicatos tendrán un papel fundamental. “Tenemos que entender que esto va en serio. Los sindicatos tienen un gran reto, porque cualquier ajuste ecológico afecta a sectores de empleo importantes”, asegura. Su rol será así fundamental a la hora de promover culturas y respuestas igualitarias. En España, un ejemplo es el sector automovilístico, “que ha sido siempre una punta de lanza antiecológica brutal”, pero que es un modelo que hay que cambiar.
¿Cómo avanzar hacia una sociedad más igualitaria?
Según Recio, la crisis ecológica está alimentada por tres factores principales. El primero sería la naturaleza depredadora del capitalismo, que crece sin control. “Esto es obvio que es el principal responsable”, asegura Recio. En segundo lugar, estaría el sector científico, que a pesar de poner las bases del conocimiento que tenemos sobre la emergencia climática, es también ambiguo sobre las soluciones. “Existe la idea de que la ciencia proveerá de una tecnología que resolverá todos los problemas y esto genera una distorsión notable en las percepciones de mucha gente”, explica Recio. Esto lleva a un inmovilismo y a una falta de cuestionamiento del modelo de crecimiento infinito, asegura.
Y después el tercer elemento es la propia demanda democrática de la población. “El capitalismo tiene una base de apoyo social muy fuerte en ese crecimiento del consumo a lo bestia y en esta idea de que, si el otro puede, por qué yo no”, explica Recio. Y este es uno de los principales obstáculos a la hora de hacer frente a la crisis ecosocial: la reducción del consumo no cuenta con una base social. La cuestión crucial es que solo se pueden universalizar los “bienes comunistas” aquellos que son accesibles a todo el mundo, pero todos los demás exigen una limitación de su consumo y acceso que se puede llevar a cabo por vías diversas: precios, racionamiento, regulación, cultura. Se trata de buscar los mecanismos que aseguren un racionamiento justo e igualitario.
“Una sociedad ecológica tiene que ser autocontenida. O es muy democrática y muy igualitaria, o será imposible generar políticas”, explica. Así, en una sociedad del futuro con menos recursos, será necesario castigar aquellos comportamientos menos sostenibles a la vez que se ponen en marcha políticas públicas más igualitarias. Como la limitación del vehículo privado combinada con una mejora en el transporte y el diseño urbanístico.
Y aún hay esperanza, asegura Recio. “Está muy difícil y hay muchos peligros ahí, pero hay que combatirlos. Pero todos los movimientos sociales progresistas en el fondo se basan en combatir la realidad”, concluye.


