Un mensaje letal

La cuestión es saber si se organizarán y movilizarán fuerzas capaces de poner freno y revertir esta política letal para la humanidad, que ha puesto en marcha EEUU. En este reto debería de jugar un papel relevante el movimiento sindical de los trabajadores y las trabajadoras, pues están siendo y serán las principales víctimas de la misma  
Donald Trump durante el discurso de inauguración de su segundo mandato. / Casa Blanca

Por Nicolas Sartorius, abogado, político y periodista

Es obvio que el rapto del presidente efectivo de Venezuela por parte de los americanos es una flagrante violación de todas las normas, principios y reglas del derecho internacional. De otra parte, no ha sido ninguna sorpresa, pues estaba escrito en el guion reflejado en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional de los EEUU publicado en noviembre pasado. Se trata del primer resultado práctico de la vieja doctrina Monroe- versión Trump- que consiste en considerar a Latinoamérica- o el hemisferio occidental- territorio que debe estar controlado, dirigido y explotado por los EEUU. Existen antecedentes de esta política durante la guerra fría, con las intervenciones en Guatemala, Brasil, Argentina, Chile, Cuba etc. Y muy parecida a la actual en Panamá, país que fue invadido y cuyo presidente Noriega fue detenido, trasladado, juzgado y condenado en EEUU. Sin embargo, conviene examinar en lo posible cuáles son los elementos nuevos de la situación actual.

Primero, no se trata de hechos puntuales, según las circunstancias del momento, sino de un programa sistemático publicado en un documento oficial, donde se reflejan los objetivos estratégicos de la política exterior americana.

Segundo, se trata de una política intervencionista con vocación global, en la que los EEUU de Trump se erigen en un gendarme mundial que solo responde a la particular interpretación que el presidente americano hace de los intereses de EEUU y de los suyos particulares. En consecuencia, no se limita a América Latina sino a todos los territorios y países que consideren que están afectando a su seguridad nacional.

Tercero, es evidente que el objetivo de la intervención en Venezuela no era quitar de en medio a Maduro, ni liberar al pueblo venezolano de la dictadura, ni implantar la democracia, sino algo mucho más pedestre y obsceno como es expoliar el petróleo de ese país, con las mayores reservas del mundo, y entregárselo a las compañías petrolíferas americanas. La prueba de ello  es que han dejado el país en manos del “chavismo”, con la vicepresidenta al frente, y ha quitado de en medio a los líderes de la oposición. En el fondo, se ha establecido un protectorado americano sobre Venezuela, al viejo estilo colonial que ya veremos cómo termina.

Cuarto, no se oculta que detrás de Venezuela/Maduro irán otros países como pueden ser Colombia, Cuba, Nicaragua, lo que no quiere decir que las intervenciones vayan a ser iguales en todos los casos, aunque el objetivo sea el mismo, es decir, controlar esos países a través de gobiernos “amigos” satelizados. Unas veces se utiliza el chantaje de los aranceles; en otras, a través de créditos como en Argentina o con intervenciones militares. Ya han conseguido algunos objetivos en este último país, en Chile o El Salvador.

Quinto, probablemente uno de los objetivos más importantes de esta intervención sea echar o limitar al máximo la presencia de China en Latinoamérica, cuya penetración era creciente en los últimos tiempos. Se trata de eliminar competidores, ya sea el país asiático, Rusia, o la Unión Europea, y todo aquel que ponga en cuestión la hegemonía americana.

Sexto, es, por otra parte, un aviso muy serio a la UE. Trump no oculta que quiere apropiarse, de momento, de Groenlandia, territorio danés, es decir, de la UE y de la OTAN, lo que creo que no le importa nada al presidente americano. Una demostración más de que EEUU ha dejado de ser un aliado de Europa para mutarse en un adversario, un hecho trascendental que los líderes europeos no acaban de asumir o no quieren darse cuenta de las consecuencias que se derivarían de este cambio.

Séptimo, la administración americana no oculta en el documento de seguridad nacional cuáles son sus objetivos para Europa: apoyar a los partidos de ultra derecha en cada país, que llama “patriotas”, acabar con la Unión Europea y retroceder a la Europa de las naciones “soberanas”, a merced de EEUU o de otros, y liquidar el Estado de bienestar o modelo social europeo con bajadas drásticas de impuestos.

Octavo, la administración Trump solo respeta, de momento, a las potencias nucleares como Rusia o China, a las que lanza con esta intervención un mensaje nefasto en el sentido de que en las zonas de influencia de cada cual, se pueden hacer las mismas trapacerías y violaciones del derecho internacional que en este caso.

Ahora la cuestión es saber si en los propios EEUU- que es lo decisivo-, en la UE y otras áreas del mundo se organizarán y movilizarán fuerzas capaces de poner freno y revertir esta política letal para la humanidad, que ha puesto en marcha EEUU. En este reto debería de jugar un papel relevante el movimiento sindical de los trabajadores y las trabajadoras, pues están siendo y serán las principales víctimas de la misma.    

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