Las violencias de género atraviesan la vida laboral de las trabajadoras, afectan a su seguridad, su salud y sus derechos, su autonomía personal, y, en consecuencia, interpelan al trabajo sindical

Por Carolina Vidal, secretaria confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO
En CCOO sabemos bien que las violencias machistas condicionan la vida de las mujeres. Todas estamos expuestas, por ser mujeres. Sabemos que las violencias de género atraviesan la vida laboral de las trabajadoras, afectan a su seguridad, su salud y sus derechos, su autonomía personal, y, en consecuencia, interpelan al trabajo sindical.
Según ONU Mujeres, cada 10 minutos se produce un feminicidio en el mundo. En España, desde 2003 una mujer es asesinada cada 6 días. Hasta el 22 junio 2026 lo habían sido 1.365 mujeres. El 016 recibe una media de 330 consultas diarias. Se denuncian 14 violaciones al día, es decir, 1 cada 2 horas, y según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer sólo se denuncia el 11 % de la violencia sexual. Hay 55 agresiones sexuales al día, es decir, 2 cada hora. Y 6 niñas menores de 13 años son agredidas sexualmente al día.
Son datos, pero sobre todo, son vidas. ¡Y las vidas de las mujeres importan! –y las de las y los menores y otras víctimas colaterales. Pero, sin olvidarlo, hay que poner en el foco las cifras que permiten conocer la magnitud de esta violencia ante el negacionismo de la ultraderecha.
Según el Observatorio de Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial, en España se observa una media de 544 denuncias por violencia de género. De ellas, 7 de cada 10 fueron puestas en comisaría por las propias víctimas, 72,11%, muy superiores a las puestas por familiares de las víctimas, 1,9 % del total. En cuanto a las denuncias falsas, el Ministerio Fiscal señala que el porcentaje de sentencias condenatorias por denuncias falsas es “ínfimo”, del 0,0082 % entre 2009 y 2024.
Y en lo que tiene que ver con la violencia que se produce en los entornos laborales, principalmente el acoso sexual y el acoso por razón de sexo, sabemos también que se trata de una violencia contra las mujeres desconocida en su magnitud porque carecemos de estadística oficial. Y, por tanto, con más riesgo de impunidad y de efectos perversos sobre las propias mujeres que la sufren, que muchas veces optan por renunciar a su puesto de trabajo.
Para hacernos una idea, dada la infra-denuncia, recurrimos a las encuestas. Según la Encuesta Europea Violencia de Género de 2022, del total de mujeres residentes en España de entre 16 y 74 años que ha trabajado alguna vez en su vida, el 28,4% (4,5 millones) ha sufrido acoso sexual en el trabajo en algún momento de su vida. Y cerca de un 5% (4,6%), en los últimos 12 meses. Es decir, más de 700 mil mujeres (723.958) al año.
Es verdad que las inspecciones de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social respecto a la prevención y actuación frente al acoso sexual han experimentado un incremento. Los datos más recientes reflejan una tendencia al alza, aunque el acoso sigue siendo una infracción infra-denunciada. En los últimos años, aumentan las actuaciones sancionadoras: aumentan las infracciones analizadas y las multas correspondientes. En 2024, la Inspección de Trabajo realizó 1.327 actuaciones en materia de acoso sexual y protocolos de acoso sexual. Se detectaron 92 infracciones, sancionadas con 388.822 euros.
Nadie, ninguna mujer, debería ir a trabajar con miedo, arriesgando o con menoscabo de su dignidad, su salud, su seguridad, su intimidad, su libertad. Ninguna debería estar expuesta a sufrir violencia sexual o violencia por razón de sexo en el trabajo, en el trayecto al mismo o en cualquier escenario relacionado con la participación laboral. Sin embargo, esto les sucede a miles de mujeres en nuestros entornos laborales. Y el trabajo asalariado es clave para las mujeres, para nuestra autonomía y nuestra libertad.
¿Cómo acabar con las violencias machistas? Desde luego, es fundamental la actuación de los poderes públicos, el Estado, los gobiernos y administraciones, junto con todos los actores de la vida social. Porque es un asunto de todos y todas. Prioritariamente, de los poderes públicos, esto es, los gobiernos, a quienes cabe exigir actuaciones (obligaciones derivadas del convenio de Estambul y del conjunto de normativa, sea internacional, europea, estatal).
Nosotras, las CCOO, hacemos lo que Nos Toca: contra las violencias machistas, todo. La lucha contra todas las formas de violencia, mercantilización, explotación sexual y reproductiva, contra sus causas y sus manifestaciones, es una prioridad del sindicato en todos los ámbitos. Queremos erradicar todas las manifestaciones de explotación y violencia contra las mujeres, todas las violencias de género (violencia física, psicológica, económica, sexual, vicaria, obstétrica, acoso sexual, acoso por razón de sexo, explotación sexual y sistema prostitucional, trata, ciberviolencias, violencia reproductiva…), porque todas son inasumibles para las mujeres que las sufren, para la sociedad y para la democracia.
Por nosotras, por nuestras compañeras, por las familiares, las vecinas, las migrantes, las mayores, las jóvenes, las discapacitadas… Porque la violencia machista nos puede tocar a nosotras, a cualquiera, pero hay mujeres que están en situaciones especiales de vulnerabilidad que hacen que les resulte más difícil identificar la violencia, conocer sus derechos, salir de ella. Por eso es imprescindible adoptar la perspectiva de la interseccionalidad.
Por eso hacemos frente también al acoso sexual y acoso por razón de sexo en el trabajo, especialmente prioritario para nosotras. Nuestro Observatorio de acoso sexual en el trabajo, a disposición de nuestro gran activo sindical (con más de 112 mil delegados y delegadas fruto de las elecciones sindicales), es una herramienta sindical pionera. Hacemos sensibilización, concienciación, información, asesoramos, hacemos estudios e informes, hacemos campañas intensivas… y, sobre todo, hacemos que el sindicato actúe como espacio de seguridad. Nuestro activo sindical debe ser un espacio de seguridad para sensibilizar e informar al conjunto de la clase trabajadora y apoyar y acompañar a las mujeres víctimas. Y para mejorar sus derechos laborales, económicos, de Seguridad Social y sociales, lo que se pueda mediante la Negociación Colectiva, el diálogo Social (Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva) o la interlocución institucional.
Compartimos muchas horas en los centros de trabajo y muchas veces se sabe, se deduce, que puede haber una mujer sufriendo violencia de género. Hay algunos “indicadores de sospecha” que personas expertas han sistematizado. En el caso de acoso sexual y acoso por razón de sexo, hay una serie de conductas indicadoras, normalmente se detallan en los protocolos de acoso. Hay que generar un espacio de confianza, para que sepa que no está sola, que se la escucha y se la cree. A las víctimas de violencia machista, en general, y a las de acoso sexual en el trabajo, en particular, se les puede acompañar en el proceso de informarse sobre sus derechos y cómo recibir la atención integral que necesitan.
Nos toca interpelar a los hombres. Que nuestros compañeros sindicalistas sean referentes en masculinidades igualitarias. Las CCOO buscamos dejar atrás las desigualdades estructurales con las que nos aprisiona este sistema patriarcal y capitalista neoliberal, que son culturales, desde luego, pero sobre todo son materiales y son políticas. Implica que mujeres y hombres nos posicionemos, nos reconozcamos y nos relacionemos como iguales.
También reclamamos que los servicios de atención integral a las mujeres víctimas de violencias de género y sexual sean considerados servicios públicos esenciales, que mantengan atención 24h/365 días (porque la violencia no tiene horarios) con equipos multidisciplinares especializados y en situación de empleo estable. Son esenciales, reconozcanlo con la dotación presupuestaria, la reglamentación y los derechos laborales correspondientes.
Nos toca hacer frente a los discursos negacionistas sobre la violencia de género, al antifeminismo, a la antipolítica, a la antidemocracia y a la regresión en derechos de las mujeres que pretenden. Según ONU Mujeres, uno de cada cuatro países notifica un retroceso en los derechos de las mujeres. El Parlamento europeo recordaba que ningún país del mundo ha conseguido la plena igualdad de género, señalando que “al ritmo actual, se necesitarán 286 años para cerrar las brechas en la protección jurídica y eliminar la legislación discriminatoria para las mujeres en todo el mundo”.
El feminismo (y nosotras somos feministas sindicalistas) lo cambia todo, y lo que no cambia, lo cuestiona. Hemos puesto sobre la mesa que Lo personal es político, acabando con la impunidad de puertas adentro, cambio sustancial en detectar y luchar contra las violencias machistas. Que es un vuelco de primer orden, nuestras denuncias y MeToos, que están llegando a ámbitos antes impunes. Lo dijimos en nuestro 13 Congreso y lo repetimos: Frente a las crisis y la ultraderecha global, la respuesta es más feminismo sindical. Ni un paso atrás en derechos o en políticas públicas; más avances sustantivos en igualdad.
Las CCOO queremos trasladar a la clase trabajadora, a la sociedad española y al mundo, de manera contundente, inequívoca, para que no le quepa duda a nadie: las CCOO vamos a dar certidumbres, con nuestra fuerza colectiva. Y queremos más: no solo vamos a defender, a ser un espacio de resistencia colectiva. Vamos a estar a la ofensiva, vamos a intensificar el trabajo sindical por extender derechos de las mujeres: derechos laborales, sindicales, sociales, de cuidados, reproductivos, y en especial el derecho a la igualdad efectiva, a la corresponsabilidad en los cuidados y a la participación paritaria. Allí donde estamos las CCOO hay un muro de contención frente a la ultraderecha y hay una defensa activa de la democracia, el Estado social y los derechos de las mujeres.


