1976: Las huelgas que frustraron un franquismo sin Franco

Desde diciembre de 1975 y a lo largo del primer trimestre del año siguiente, una oleada de movilizaciones alteró los planes de continuidad del franquismo sin Franco. En este dossier analizamos ese momento decisivo para la construcción de la democracia en España

Por PorExperiencia

Desde luego, la intención inicial de Juan Carlos I no era restaurar la democracia. El perfil del presidente de su primer Consejo de Ministros era bien elocuente en este sentido. En efecto, Carlos Arias Navarro era un franquista de los que habían hecho la guerra y participado plenamente en la represión de primera hora. Como fiscal en los consejos de guerra en Málaga, se le atribuye la muerte de unos 4.300 republicanos. Luego fue director general de Seguridad y ministro de Gobernación. Una carrera forjada en el corazón del aparato represivo de la dictadura. En suma, la idea era mantener la corona en una suerte de franquismo sin Franco.

Sucedió, sin embargo, que, en palabras de José María de Areilza, ministro también de aquel gobierno, una galerna de huelgas sacudió al país desde el mismo mes de diciembre de 1975 y a lo largo del primer trimestre del año siguiente. Esta oleada de huelgas, sin precedente desde la guerra, fue el núcleo de una movilización popular más amplia que incorporó a las mujeres de manera significativa –en mayo se celebraron en Barcelona las Primeras Jornadas Catalanas de la Mujer-. El resultado de estas protestas fue la dimisión de Arias y el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno a principios de julio.

Suárez tomó la iniciativa política que llevó al referéndum por la reforma política y, en definitiva, hacia el cambio de régimen. La abstención predicada por la oposición en el referéndum, e incluso el paro general del 12 de noviembre, no fueron suficientes para llevar la situación hacia una ruptura política en lugar de la reforma.

El dossier que ahora presentamos nos introduce en aquel 1976, decisivo en el cambio político. José Manuel Rúa nos presenta una visión general en términos políticos y sociales del año. Susana Alba nos aproxima a las huelgas de enero en Madrid, uno de los epicentros de la oleada huelguística. El artículo de Mayka Muñoz está consagrado a visibilizar las luchas de las mujeres. Finalmente, David Ballester muestra la represión desatada por el Estado frente a quienes protestaban, desvelando un aspecto crucial del cambio político que comenzó aquel año.

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