La Fundación 1º de Mayo ha puesto en marcha una serie de proyectos, financiados por la Fundación Estatal para la Prevención de Riesgos Laborales, con el objetivo de reforzar la sensibilización, la investigación y la acción preventiva en un mundo del trabajo en plena transformación

Por Fundación 1º de Mayo
El año 2026 ha sido declarado oficialmente Año de la Seguridad y Salud en el Trabajo. El anuncio coincidió con una fecha simbólica: los treinta años de la aprobación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL) que se celebró a finales de 2025. Esta norma supuso un cambio profundo en la manera de entender la protección de la salud de las personas trabajadoras e introdujo, por primera vez de forma sistemática, la prevención como eje estructural de las relaciones laborales. Tres décadas después, este doble hito invita no tanto a una celebración complaciente como a una reflexión crítica sobre los avances logrados, las carencias persistentes y, sobre todo, sobre la necesidad de seguir reforzando la sensibilización, la investigación y la acción preventiva en un mundo del trabajo en plena transformación.
En este sentido, la Fundación 1º de Mayo viene desarrollando una línea de trabajo sostenida en materia de prevención de riesgos laborales, impulsando proyectos que combinan análisis, investigación aplicada, elaboración de materiales divulgativos y propuestas de intervención. Una línea de trabajo que ha reforzado durante los últimos años y que continuará centrando su atención en la prevención de riesgos laborales en 2026 a través de una serie de proyectos que han sido posibles gracias a la financiación de la Fundación Estatal para la Prevención de Riesgos Laborales (FSP).
Estos proyectos parten de una idea central: la prevención eficaz se construye desde la organización del trabajo, la igualdad y la participación sindical. Por ello, se analizan riesgos tradicionalmente invisibilizados, se estudian las desigualdades que atraviesan el empleo, con especial atención a las desigualdades de género, y se refuerza el papel de la negociación colectiva y de la representación sindical como herramientas fundamentales para mejorar las condiciones de trabajo y proteger la salud.
Estos proyectos buscan además adaptar el concepto de prevención de riesgos laborales a las nuevas realidades del trabajo. Si se analizan únicamente los datos de siniestralidad de los últimos 30 años, podría pensarse que la legislación en esta materia es suficiente. Sin embargo, las personas trabajadoras se enfrentan hoy a riesgos muy distintos a los existentes hace tres décadas. La digitalización, la inteligencia artificial, el envejecimiento de la población activa, el impacto del cambio climático o la expansión del sector de los cuidados son procesos que generan oportunidades, pero también nuevos riesgos que no siempre están suficientemente identificados, evaluados ni registrados. De ahí la necesidad de analizarlos con rigor, para determinar dónde es preciso reforzar la prevención o incluso qué aspectos de la legislación conviene revisar.
La salud mental en el trabajo
Uno de los ámbitos tradicionalmente relegados a un segundo plano en la prevención por parte de las empresas han sido los riesgos laborales psicosociales y, en particular, el impacto de las condiciones laborales sobre la salud mental. De hecho, la enfermedad mental, como la cardiovascular, presentan un claro subregistro: podríamos decir que no existen desde el punto de vista del daño laboral.
En este marco, uno de los proyectos en los que trabaja la Fundación 1º de Mayo es un estudio longitudinal que permitirá disponer de datos para analizar la evolución de la salud mental de la población asalariada en España en relación con distintos niveles de exposición a este tipo de riesgos. Además, el proyecto servirá para establecer nuevos valores de referencia del método de evaluación y prevención de riesgos psicosociales COPSOQ-ISTAS21, que cumple con todos los requisitos científico-técnicos y legales y es de uso público y gratuito. Este método, ya consolidado como referencia en la evaluación de riesgos psicosociales en numerosos ámbitos, se actualizará para adaptarse a las nuevas realidades laborales y para seguir siendo así una herramienta clave a escala internacional.
Asimismo, se desarrollarán proyectos específicos centrados en sectores en los que se ha identificado una mayor exposición a riesgos psicosociales, ya sea por su elevada feminización o por situaciones de precariedad, o cuyos impactos han sido menos estudiados hasta ahora. Entre los ámbitos que se analizarán figuran los establecimientos residenciales, la sanidad privada y la prensa diaria.
Otro elemento estrechamente vinculado a la salud mental es la creciente digitalización de los entornos laborales y, en particular, las dificultades para garantizar la desconexión digital de las personas trabajadoras. Las problemáticas asociadas a este fenómeno se abordarán en un proyecto centrado en el sector educativo, uno de los ámbitos más olvidados en relación con estas cuestiones, y en otro enfocado al sector del ciclo integral del agua.
No obstante, este no será el único aspecto de la digitalización que será estudiado. La incorporación de nuevas tecnologías y, especialmente en los últimos años, de sistemas basados en inteligencia artificial está transformando la organización del trabajo y los procesos productivos. Esta transición digital incide en el ritmo de trabajo, la carga laboral y el tiempo dedicado a las tareas, agravando esa hiperconectividad y reforzando los mecanismos de control laboral. A ello se suma la opacidad de muchos de los algoritmos que rigen estos sistemas, lo que introduce nuevas fuentes de exposición y posibles impactos sobre las condiciones de trabajo. Al mismo tiempo, la inteligencia artificial comienza a desarrollarse como una herramienta de prevención, gracias a su capacidad para identificar y anticipar riesgos laborales. Por este motivo, se analizarán tanto los efectos adversos como las oportunidades que plantea su uso dentro de la organización del trabajo con una perspectiva puesta en la negociación colectiva.
Una prevención con perspectiva de género
Como ocurre en otros ámbitos, la perspectiva de género no siempre ha estado bien integrada en la acción preventiva. Tanto la evaluación como las políticas y las herramientas de prevención han incorporado durante años importantes sesgos de género, y el análisis de su impacto sobre las mujeres ha quedado con frecuencia relegado a un segundo plano. Diversos estudios han señalado la ausencia de este enfoque en las metodologías empleadas para identificar y valorar las condiciones de trabajo. Ya en 2009, Marta Zimmerman concluía, a partir de los datos de la VI Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, que la evaluación era menos frecuente entre las trabajadoras: al 51,70 % de las mujeres, frente al 48,30 % de los hombres, no se les había realizado la evaluación correspondiente a su puesto. De este modo, en la práctica sigue predominando un modelo preventivo construido en torno al trabajador varón y al sector industrial, con metodologías pensadas para grandes empresas dedicadas a la producción industrial.
Por este motivo, varios de los proyectos impulsados por la Fundación 1º de Mayo incorporan un enfoque centrado en el género. Algunos de ellos ya se han mencionado, como los relacionados con la prensa diaria, la sanidad privada, o los establecimientos residenciales. Pero es necesaria una radiografía más general de la prevención con enfoque de género. Por ello, se está desarrollando también un proyecto específico orientado a integrar esta perspectiva en la prevención, tanto en los procesos de evaluación como en las políticas y herramientas existentes, con el objetivo de corregir estos sesgos históricos y mejorar la protección de toda la plantilla. La evaluación con enfoque de género supone un cambio de mirada, al situar a la persona en el centro y asumir que es el puesto de trabajo el que debe adaptarse a la trabajadora o al trabajador, lo que redunda en beneficio del conjunto de la población asalariada. Implica, asimismo, revisar cuestiones clave como el reconocimiento de las enfermedades profesionales en trabajos considerados “ligeros”, desempeñados mayoritariamente por mujeres, entre otros aspectos.
Otro ámbito estrechamente vinculado al género es el de la violencia en el trabajo, en todas sus vertientes y que, en muchos casos, también es ampliamente desconocida. En este sentido, diferenciamos los tipos de violencia laboral o los marcos organizativos en los que se produce. Para llenar ese vacío de conocimiento, la Fundación 1º de Mayo, a partir de un análisis pormenorizado del marco teórico y la realización de una encuesta representativa de la población asalariada española, realizará una labor de análisis en la que podamos determinar no solo los contextos y tipologías de violencia, o los colectivos donde producen con mayor frecuencia, sino también las medidas que puedan contribuir a prevenirla.
Cambios en el clima y la demografía
Cuando se habla de prevención laboral en el siglo XXI, no pueden dejarse de lado los impactos del cambio climático. Se trata de uno de los mayores desafíos actuales en materia de seguridad y salud en el trabajo, que incluye, entre otros, desde las consecuencias del cambio climático, hasta otros elementos como los vectores infecciosos (zoonosis), alérgenos o radiación solar. De todo ello, tal y como hemos señalado, el aumento de las temperaturas —y, en particular, de las olas de calor— es uno de los factores con mayor repercusión sobre la salud de la población trabajadora. España es, además, una de las zonas más expuestas y vulnerables al calentamiento global, y figura entre los países con mayor número de olas de calor registradas.
El cambio climático incidirá de manera significativa en las condiciones laborales, especialmente en aquellas actividades que se desarrollan a la intemperie. La Fundación 1º de Mayo lleva varios años analizando los efectos del incremento de las temperaturas extremas sobre las personas trabajadoras y continuará profundizando en esta línea, estudiando sus implicaciones para la seguridad y la salud en el trabajo en el marco de la transición ecológica.
Asimismo, se abordarán casos concretos, como el impacto del estrés térmico en quienes trabajan en el ciclo integral del agua, una actividad que se desarrolla en gran medida al aire libre y en distintos turnos, incluidos los de mayor exposición al calor. También se examinará la situación en el ámbito educativo, un sector que, pese a no desempeñar su labor habitualmente en exteriores, se ve especialmente afectado por el estrés térmico debido a la insuficiente adaptación climática de muchos centros escolares.
Vuelta al trabajo y envejecimiento
Una de las cuestiones que atraviesan buena parte de estas iniciativas es la adaptación de la prevención a trayectorias laborales cada vez más complejas. El retorno al trabajo tras procesos de incapacidad temporal prolongada, por ejemplo, pone de relieve las limitaciones de los enfoques preventivos tradicionales. La reincorporación no puede entenderse como un simple regreso al puesto previo, sino como un proceso que requiere evaluación de riesgos, adaptación de tareas, seguimiento y coordinación entre servicios de prevención, personal sanitario y representación de las personas trabajadoras.
Este enfoque conecta directamente con otro de los grandes retos actuales: el envejecimiento de la población activa. El aumento de la edad media de las personas trabajadoras plantea interrogantes sobre la adecuación de los puestos de trabajo, la carga física y mental, y la capacidad de los sistemas preventivos para anticipar y reducir riesgos asociados a trayectorias laborales largas. En sectores especialmente exigentes, como el de los cuidados y la atención a personas mayores, estas cuestiones adquieren una dimensión aún más crítica. La prevención en estos ámbitos no puede desligarse de factores estructurales como la organización del trabajo, las ratios de personal o la precariedad laboral, que condicionan de manera directa la exposición a riesgos físicos, biológicos y psicosociales. De hecho, uno de los aspectos más relevantes es que el envejecimiento presenta dinámicas distintas en función de la historia laboral, lo que significa que la falta de prevención de riesgos laborales durante la vida laboral de las personas es uno de los elementos básicos que aceleran el propio envejecimiento, entendido como deterioro físico y cognitivo.
Delegados sindicales en el foco
Uno de los principales objetivos de los proyectos que está desarrollando la Fundación 1º de Mayo es reforzar la acción preventiva a través de la negociación colectiva y la práctica preventiva llevada a cabo por la representación legal de los trabajadores y trabajadoras. Para ello, es esencial dotar a las delegadas y delegados sindicales, así como a las personas que conforman los comités de empresa, de las herramientas técnicas y sindicales que les permitan intervenir con mayor eficacia. Por ello, buena parte de estas iniciativas se concretarán en guías y recursos prácticos dirigidos a los representantes legales de las personas trabajadoras en el ejercicio de sus funciones. Así, no solo se actualizarán documentos de referencia como la Guía del delegado y delegada de prevención, La prevención de riesgos en los lugares de trabajo: guía para la acción sindical y la Guía para la intervención sindical en organización del trabajo y riesgos psicosociales, sino que también se elaborarán folletos divulgativos y materiales especializados sobre temáticas y sectores concretos, algunos de ellos ya mencionados.
Junto a este trabajo, otro objetivo prioritario es la sensibilización del conjunto de la población trabajadora. Así, en 2025 se lanzó la campaña Protege la vida, visibiliza el riesgo,que pone el foco en cuatro de los problemas más frecuentes: el cáncer laboral, las caídas en altura, los trastornos musculoesqueléticos y la salud mental. Recuerda, por ejemplo, que en España se detectan cada año 16.000 casos de cáncer relacionados con el trabajo, de los que apenas se reconoce el 1 %, que se producen diariamente 76 accidentes por caídas en altura y que el 78 % de las enfermedades profesionales están vinculadas a trastornos musculoesqueléticos.
Con el objetivo de llegar a perfiles diversos, la iniciativa incluye vídeos e imágenes difundidos a través de redes sociales, así como anuncios en vallas publicitarias situadas en puntos estratégicos de Madrid, Barcelona, Málaga, Sevilla, Valencia, Murcia y Alicante. Además, se insertarán contenidos en medios de comunicación digitales e impresos. La campaña se desarrollará en dos fases: la primera en otoño de 2025 y la segunda en otoño de 2026.


