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Violencia en el trabajo

Mar, 15/07/2003 - 12:20

Violencia en el trabajo

Ignorada por largo tiempo, la violencia en el trabajo ha cobrado trascendencia dramática en los últimos años hasta convertirse en una prioridad de la salud laboral. Las circunstancias varían ampliamente e incluyen la violencia asociada con robo, violencia ejercida por clientes, usuarios o pacientes y violencia generada por los superiores o empleadores e incluso por los propios compañeros de trabajo. Según los datos de la Tercera Encuesta Europea sobre Condiciones de Trabajo, un 2% de la población laboral se encuentran expuestos a la violencia física, un 4% al acoso sexual y un 9% a la intimidación o acoso moral.

Acoso sexual. La mayor prevalencia de exposición a situaciones de acoso sexual en el trabajo se da en la hostelería con un 6%, entre mujeres (4%) y entre empleados con contratos temporales (4%).

Violencia física. El 4% de la población laboral se encuentran expuesta a la violencia física por parte de personas que no pertenecen a su entorno de trabajo y un 2% por parte de personas de su propio entorno laboral. Las mayores cotas de exposición se dan en la administración pública (6%) y en el sector del comercio (5%). 

Intimidación. Las mayores tasas de exposición a intimidaciones y amenazas en el trabajo son las del sector servicios (14% en administraciones públicas, 13% en hoteles y restaurantes y 12% en otros servicios). Las mujeres se ven más afectadas que los hombres (10% y 8% respectivamente).

Las consecuencias para la persona son muy diversas, desde la desmotivación y pérdida de satisfacción hasta el estrés y los daños para la salud física o psicológica. El 40% de las personas expuestas a violencia física, el 47% de los trabajadores expuestos a amenazas y el 46% de quienes sufren acoso sexual experimentan estrés. 

La violencia influye así mismo en la organización reflejándose en un aumento de absentismo, un descenso de la motivación, una menor productividad, un deterioro de las relaciones laborales y dificultades de la contratación.

No se trata de una cuestión individual sino de un problema estructural que debe ser atacado en sus raíces sociales, económicas, organizacionales y culturales. Por ello hay que promover un enfoque que implique a todas las partes interesadas. Han resultado especialmente eficaces las medidas preventivas destinadas a mejorar el entorno y la organización del trabajo, favoreciendo la confianza y la comunicación abierta con todo el personal y estableciendo cauces de participación que permitan identificar los problemas menos evidentes.