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Uralita: treinta años de lucha por lo evidente

Jue, 15/04/2004 - 12:19
MANUEL DEL ÁLAMO

Dossier: Tres décadas clave para la Salud Laboral en España

Uralita: Treinta años de lucha por lo evidente. De las primeras denuncias a la prohibición del amianto en España

MANUEL DEL ÁLAMO
El amianto mata. No es solo un duro y afilado lema. La exposición a fibras de amianto es motivo de graves enfermedades pulmonares (asbestosis) y de diferentes cánceres letales, entre ellos, el mesotelioma pleural. Ello es hoy científicamente incuestionable pero los trabajadores, millones de trabajadores y sus familias, estuvieron expuestos y padecieron sus efectos durante años. Tuvieron que ser ellos mismos quienes denunciaron estos riesgos y pelearon para eliminarlos. Desde mucho antes de que existieran las leyes. La lucha sindical en Uralita, de larga y difícil trayectoria, es todo un ejemplo. Esta es su historia.

 

El negocio de Uralita

El grupo Uralita fue, sin duda, uno de los grandes grupos industriales del estado español. Firma muy poderosa y con raíces que se remontan a la primera industrialización, su decisiva expansión se realiza en la década de los años setenta, donde llega a contar con mas de cinco mil empleados en numerosos centros por todo el país, bajo la dirección de la Banca March.

El imperio industrial de esta marca se ha sustentado sobre la base de un material resistente, ignífugo, moldeable y duradero utilizado masivamente para fabricar placas onduladas de fibrocemento (que aún hoy conocemos con el nombre de 'uralitas'), tubos de presión o depósitos de agua. Este material, el amianto, añade a las propiedades citadas una peculiaridad: las fibras que lo forman se expanden por la atmósfera y son altamente nocivas por inhalación.

Los trabajadores levantan la alerta

En 1976 las aun ilegales CC.OO. de la factoría de Sevilla promueven los primeros informes sobre los peligros del amianto, proponen revisiones médicas y reclaman la prohibición del amianto azul, el más dañino. También exigen una normativa que no llegó hasta ocho años después tras la prohibición de la crocidolita o amianto azul por la legislación europea.

En marzo del año siguiente (1977) los trabajadores de Uralita-Sevilla denuncian de nuevo a la prensa los graves peligros del amianto. La empresa hace oídos sordos (son noticias alarmistas) y, como suele ser habitual, castiga a los mensajeros. Varios representantes sindicales sufren traslados para aislarlos de sus compañeros.

Médicos y empresarios niegan el riesgo

La muerte, en marzo de ese mismo año, de un empleado de Uralita de la factoría de Cerdanyola-Ripollet es relacionada por la prensa con el amianto y se desata uno de los primeros vendavales mediáticos en torno a las deficientes condiciones de salud laboral en la empresa.

Se inicia así una historia de luchas y experiencias desarrolladas por los trabajadores de Uralita en la mayoría de sus factorías. Los trabajadores promueven una Comision Intercentros sobre el Amianto cuya labor de denuncia, apoyada desde los comités de empresa y los comités de seguridad e higiene, se extiende a lo largo de los años.

Contemplada hoy en las hemerotecas, la tenaz oposición de la dirección de la empresa y de los servicios médicos, que una y otra vez negaban la relación causa-efecto ente el amianto y la asbestosis y menos aun entre el amianto y el cáncer de pulmón o de pleura, causa verdadera vergüenza y tristeza.

Acabar con el amianto

Desde la década de los ochenta los sindicatos plantearon la viabilidad de Uralita en base a la sustitución del amianto, la reconversión tecnológica, el reciclaje de los empleados y la investigación. La dirección y el comité intercentros firmaron en 1984 un Plan de Viabilidad que, sin embargo, no logró impedir que la empresa siguiera utilizando amianto.

En 1992 cuando un comité de seguridad de Uralita señala que hay partidas de amianto descargadas en mal estado y solicita la realización de actividades formativas e informativas entre los empleados, la empresa contesta que 'ya se han implantado cursos a los mandos intermedios y a los miembros del comité, no creyendo necesario ampliarlos a todos los trabajadores'.

La tardanza se mide en muertos

Concentraciones ante la Banca March, manifestaciones y huelgas, gestiones ante la autoridad laboral, propuestas alternativas a la empresa, ruedas de prensa para denunciar la nocividad del amianto, jalonan la actividad sindical de estos años. Fue una forma de canalizar el dolor colectivo, la impotencia y la rabia ante la frecuente noticia del compañero que empezaba a encontrarse mal, causaba baja laboral, conseguía una incapacidad y al poco tiempo moría.

Como señalara Gerardo de Gracia, antiguo responsable de salud laboral de la federación de construcción de CC.OO. (FECOMA), al menos 376 casos fueron reconocidos por la propia Uralita como enfermedad profesional por asbestosis. El reconocimiento del origen laboral del cancer por exposición a amianto llegó muchas veces tras la muerte del trabajador y mediante sentencia judicial como la del Juzgado numero 6 de Madrid de julio de 2000 que reconoce indemnizaciones a los familiares de un operario fallecido de cáncer pulmonar.

Nuevas falacias

La lucha de los empleados contra el amianto durará años. No todos los trabajadores comprenderán su dimensión. El falaz binomio de anteponer el pan a la salud, daño por dinero, ha jugado siempre a favor del negocio de los poderosos. La lucha de Uralita pivotó sobre el problema de la relación entre trabajo y daño en el cuerpo frente a una cultura de la indemnización salarial y el plus de peligrosidad, tan extendida en el desarrollismo.

Cuando la conspiración del silencio sobre la peligrosidad del amianto se resquebrajó aparecieron nuevas ideas tranquilizadoras: la ciencia puede controlar el peligro en un plazo razonable tras un estudio atento del problema.

Mentiras interesadas que siguieron haciendo el juego a los negocios. Porque la experiencia del amianto muestra que las supuestas soluciones son en realidad meros parches o, lo que es peor, fórmulas para trasladar el problema a otras esferas. Un ejemplo: en la fabrica de Uralita de Cerdanyola se redujo la polución interior de la nave mediante una tobera de aspiración que proyectaba las fibras al exterior. ¡A menos de cuatro metros de distancia se encontraba una escuela!

Prohibición en el norte...

Al final lo evidente terminó imponiéndose. En 1999 una orden del Ministerio de la Presidencia prohibe 'la utilización, producción y comercialización de las fibras de amianto y de los productos que lo contengan'. El Gobierno español corregía de este modo su posición anterior de defender –siguiendo los dictados de la patronal de fibrocementos- una moratoria hasta enero del 2005 frente a la mayoría de países europeos con excepción de Portugal y de Grecia.

La prohibición es mérito, fundamentalmente, de los grupos de activistas sindicales que han desenmascarado los intentos de ocultación y han denunciado la falacia de la 'utilización controlada del amianto'. Pero, como ha señalado FECOMA-CCOO 'no podemos concluir que ha merecido la pena, porque sabemos que muchos trabajadores han quedado en el camino y porque somos conocedores que otros muchos compañeros también son conscientes del acortamiento de su vida laboral dados los años que han estado expuestos. Tarde, demasiado tarde llega esta prohibición.'

...y exportación al sur

Los últimos episodios de la historia de Uralita en España se escribieron con el cierre sucesivo de importantes centros - Sevilla, Alicante, Cerdanyola o Getafe- y la venta millonaria de los terrenos donde se asentaban las fábricas.

El destino de estas empresa es ahora Brasil o los países del Este europeo. Evidente proceso de migración en dirección norte-sur o en las fronteras europeas del desarrollo donde aun es posible el uso industrial del amianto y su difusión incontrolada en el medio ambiente.

La herencia en nuestro país: el paro, la enfermedad o la muerte y un subsuelo contaminado. Los beneficios obtenidos por las empresas del amianto y sus accionistas estarán ya invertidos desde hace mucho en otros negocios. Pero el legado del amianto es propiedad de todos. De unos mas que de otros: cuatro décadas después de conocerse la toxicidad del amianto siguen apareciendo en la zona de Cerdanyola nuevos casos de la enfermedad ( El Pais 23-XII- 2003).