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Trabajadores del 11-M: trabajadores del corazón

Jue, 15/04/2004 - 12:19
MARÍA JOSÉ LÓPEZ JACOB

Trabajadores del 11-M: la dimensión del corazón

MARIA JOSÉ LÓPEZ JACOB
Probablemente ya está todo dicho. La tragedia del 11-M ha sido objeto de información exhaustiva y de análisis desde muchos puntos de vista. Todos nos hemos rebelado, hemos reflexionado, debatido, denunciado. Sin embargo la pena, la indignación y la solidaridad siguen y seguirán ocupando un espacio muy profundo dentro de cada uno de nosotros. Lo que sigue es un testimonio de ello.

 

Trabajadores en los trenes

Trabajadores iban en los trenes, hijos e hijas de trabajadores, padres y madres de trabajadores, compañeros, hermanos, amigos. Del Pozo del Tío Raimundo, de Alcalá, Coslada, Guadalajara, Azuqueca, Vicálvaro, Entrevías, Torrejón. Los padres y los hijos, a veces muy lejos, en Marruecos, Colombia, Ecuador, Perú, Rumania, Polonia, Bulgaria. Trabajadores de diecisiete nacionalidades.

Albañiles, estudiantes, empleadas de hogar, administrativos, empleadas de banca, contables, instalador de calderas, cocinero, empleadas de limpieza, maestra, funcionaria, camareros, niñeras, peones, ingeniero, recepcionista, informáticos...

Trabajadores en el rescate

Trabajadores fueron quienes recuperaron los cuerpos sin vida.

Trabajadores rescataron a los heridos, les atendieron, les cuidaron y los trasladaron en ambulancias, en autobuses municipales, en sus propios coches.

Trabajadores los recibieron en hospitales, los operaron, los cuidaron y consolaron, les abrazaron y lloraron con ellos.

Trabajadores en la morgue recibían a los familiares, se aprendieron sus nombres y les miraron a los ojos.

Trabajadores cubrieron los cuerpos sin vida, los limpiaron, lavaron su cabello y quisieron hacerlo lo mejor posible para sus familias.

Trabajadores atendieron con afecto por teléfono llamadas desesperadas, trasladaron familiares, los recibieron en hoteles, los entendieron.

Trabajadores limpiaron los rastros de las vías y repararon las huellas del desastre.

Trabajadores dando terribles noticias. Trabajadores consolando a trabajadores.

Trabajadores con corazón

Recuerdan estos trabajadores su experiencia y destacan repetidamente las sensaciones, los olores, las miradas, el silencio.

Miles de entrevistas registradas en la prensa rescatan la dimensión afectiva del trabajo, tantas veces olvidada. Nunca, ni de forma tan evidente, ni en tales dimensiones, se había puesto de manifiesto la medida más humana del trabajo, la importancia del componente emocional.

Sufrir, llorar, tomar manos heridas, abrazar, consolar, temer por los demás, ser generosos, son atributos humanos que los trabajadores incorporan habitualmente en su actividad.

Nos exigimos entender a los demás, sus sentimientos y emociones, mostramos compasión y comprensión, y con ello llegamos a formar parte del mundo de los otros, y los otros y sus problemas se hacen nuestros.

Llorar y volver al trabajo

Había riesgos evidentes durante los trabajos de rescate del 11-M (otras bombas, otros trenes podían invadir las vías), pero estos peligros pasaron a un segundo plano de atención. Lo que afloraba inevitablemente eran las emociones.

Basta con leer en la prensa los testimonios vertidos en caliente, en los escenarios de la tragedia convertidos en campos de compasión, solidaridad y trabajo. Testimonios de trabajadores directamente implicados el once y los días que le han seguido. Testimonios de sus familiares. Testimonios de los testigos de su trabajo.

  • Sanitarios: 'Es muy duro, porque te hablan y no sabes qué responder'. 'La expresión de los ojos de los familiares, lo peor'. 'Vienen un momento a la centralita, lloran, y vuelven al trabajo'. 'Temor de no estar a la altura'. 'Las enfermeras repartían palabras dulces'...

  • Asistentes sociales, psicólogos: 'Te conviertes en uno más de la familia'. 'Me llamaban por mi nombre'...

  • Equipos de emergencia: 'Me lo notan mis familiares y amigos'. 'Tiene muchas conchas, pero nunca le había visto tan afectado'. 'Tememos por el derrumbe de los sanitarios y los psicólogos'. 'Me siento culpable por no poder hacer más'...

  • Educadores: 'Los miembros de la comunidad educativa están muy tocados, pero esta mañana, al entrar en clase y encontrarse cada uno con 25 alumnos, comprendieron que había que seguir adelante'. 'Algunos no pudieron seguir dando clase por la congoja que les invadió al conocer la noticia de que esa misma tarde nadie acudiría a recoger a algunos de sus alumnos'...

  • Trabajadores de limpieza, mantenimiento, reparaciones: 'Limpiamos sangre'. 'Encontramos objetos personales y lloramos'.

  • Trabajadores de seguridad, de servicios funerarios: 'Se nos presume inmunes, pero...'. 'Sufrían al oír los teléfonos móviles, que paren ya'...

  • Forenses: 'entonces empiezas a pensar en las familias'.

Componentes del trabajo que pasan factura a la salud, que generan ansiedad, problemas de sueño, tristeza...

Que se superan habitualmente, pero a veces pueden dar lugar a alteraciones crónicas. El estrés postraumático se ha puesto tristemente de moda. Se calcula que 400.000 ciudadanos de Madrid sufrirán alteraciones mentales en diversos grados.

Solidaridad y firmeza

El atentado del 11-M ha superado cualquier condición esperable, es cierto, y se desarrollan programas de atención psicológica para los afectados. También la respuesta de los ciudadanos, de los trabajadores ha superado lo imaginable.

Se ha destacado la entrega de cientos de trabajadores voluntarios, la generosidad de todos los equipos implicados, la sensibilidad con la que asumían sus tareas.

Los responsables públicos hablaron orgullosos de la respuesta humana, de la eficacia con la que se ha trabajado. También trabajadores de los servicios de emergencia se mostraban orgullosos de sus compañeros. Pueden estarlo. Hemos conocido su propio corazón.

Y después, trabajadores en las manifestaciones, en los funerales.

En los trenes otra vez.

Trabajadores preguntándose por qué.

Trabajadores exigiendo PAZ.