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Tóxicos sin control

Jue, 15/07/2004 - 12:20
ALFONSO CALERA

Dossier: Tóxicos sin control

Dossier: tóxicos sin control

Ocultación sistemática del riesgo

Empresas y Servicios de Prevención ignoran los riesgos tóxicos

ALFONSO CALERA

Trabajamos y vivimos rodeados de sustancias químicas. Las utilizamos: para fabricar la ropa y el calzado que llevamos, construir y mantener las casas en las que vivimos, producir y conservar los alimentos, tratar nuestras enfermedades y matar a todo tipo de plagas. Muchas de ellas son tóxicas, deberían estar perfectamente identificadas, eliminarse de los puestos de trabajo y controlar el riesgo que generan. ¿Por qué no se hace?, ¿por qué se permiten tantos daños a la salud y al medio ambiente?, ¿qué hacen y cómo lo hacen los responsables del control del riesgo químico?

De los cerca de 16 millones de productos químicos existentes, en la UE se comercializan unos 100.000 que pueden ocasionar efectos adversos para la salud de los trabajadores. De entre ellos, 30.000 son habitualmente utilizados en las empresas y sólo conocemos la toxicidad de unos 10.000. Es decir, hay 20.000 productos químicos que pululan por las empresas para los que no disponemos de información toxicológica o ésta es muy limitada.

Estos riesgos se ven acrecentados por el insuficiente cumplimiento de la normativa y por la falta de información. Un estudio, por ejemplo, averiguó que sólo el 12% de las empresas conocía sus obligaciones establecidas por las medidas reguladoras. Otro estudio diferente puso de manifiesto que el 20% de las fichas de datos de seguridad facilitadas por los fabricantes de sustancias peligrosas contenía errores. Incluso la comprensión del etiquetado, pieza básica de la prevención del riesgo químico, es muy limitada. Los departamentos de salud y seguridad en el Reino Unido y Suecia han comprobado que más del 70 % de los trabajadores no entiende la información suministrada mediante las etiquetas de los productos.

Todo este panorama se complica todavía más cuando se constata el uso combinado de muchas sustancias, riesgo por multiexposición, y el desconocimiento que esta nueva situación origina. Sabemos que en un 30 % de los accidentes ocasionados por agentes químicos han estado implicadas dos o más sustancias –en un accidente llegaron a estar presentes cinco tóxicos– o que más del 60 % de los aplicadores de plaguicidas realizan mezclas de varios productos ¡en algún caso hasta 27!.

Los Servicios de Prevención no evalúan el riesgo químico

Ante la extensión del riesgo y la falta de responsabilidad de empresarios y la Administración, hemos querido conocer cómo se está abordando el riesgo químico desde los Servicios de Prevención. Para ello hemos analizado evaluaciones de riesgo realizadas en empresas de varias provincias españolas y nos hemos entrevistado con diversos técnicos prevencionistas. El resultado no ha podido ser más descorazonador.

El riesgo químico está más o menos presente en la mayor parte de las actividades de muy distintos sectores y ramas de producción: construcción, agricultura, industria química, industrias gráficas, servicios de limpieza, tratamiento de alimentos, peluquería, textil-curtidos, gestión de residuos, atención sanitaria y mecánica del automóvil. Sin embargo, los peligros que representan las sustancia químicas ni siquiera suelen reflejarse en las evaluaciones de riesgos o, como mucho, aparecen en forma de referencias genéricas del tipo 'existe contacto con sustancias cáusticas o corrosivas' o bien 'existe exposición a sustancias nocivas o tóxicas', pero sin identificarlas.

No se evalúan todos los puestos de trabajo o no se identifican a todos los trabajadores expuestos o las tareas que estos realizan o la mayor parte de las sustancias químicas presentes.

Tampoco se tienen en cuenta los datos de salud de los trabajadores –es prácticamente inexistente la integración de la vigilancia de la salud en las evaluaciones de riesgos- ni las características especiales de los trabajadores: sensibles, jóvenes, mujeres, con problemas de salud. Solamente en algunas empresas grandes se tiene en cuenta esta información.

La calificación del riesgo que realizan los técnicos no tiene en cuenta informaciones sustanciales como: vías de entrada de los tóxicos en el organismo, características toxicológicas de las sustancias y posibles daños a la salud, cantidad de producto utilizado o eficacia de las medidas de prevención existentes. Con este escaso bagaje es muy difícil que las calificaciones de severidad o gravedad emitidas por los técnicos de prevención tengan una base suficiente y fiable. O bien se omiten estos datos, por otro lado básicos y necesarios, o la calificación se hace de forma empírica.

Por otra parte, las evaluaciones del riesgo muestran un claro sesgo hacia la seguridad. Se identifican con mucha más frecuencia los riesgos de accidente (salpicaduras, incendio/explosión, etc.) que los riesgos para la salud a medio y largo plazo. Así por ejemplo, es muy escasa la identificación de riesgos por exposición a cancerígenos, mutágenos y tóxicos para la reproducción.

En cuanto a las medidas preventivas propuestas o aplicadas lo que prima es la protección personal. Los equipos de protección individual suelen constituir la única prevención propuesta a pesar de que son muchas veces ineficaces, como reconocen los propios técnicos, al ser rechazados por los trabajadores debido a la falta de confort y a los riesgos asociados que implica su utilización. Sin entrar en que la protección personal deberían de ser la última de las soluciones preventivas a proponer tal y como plantea la ley y el sentido común.

Se identifican con mucha más frecuencia los riesgos de accidente que los riesgos para la salud a medio y largo plazo.

 

 

 

La OIT estima que de los 2 millones de muertes laborales que tienen lugar cada año en el mundo, 440.000 se producen como resultado de la exposición de trabajadores a agentes químicos.

 

Tampoco se registran los daños por riesgos químicos

Las enfermedades degenerativas derivadas de la exposición habitual a agentes químicos, son con mucho, más importantes y frecuentes que los accidentes de trabajo.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que de los 2 millones de muertes laborales que tienen lugar cada año en el mundo, 440.000 se producen como resultado de la exposición de trabajadores a agentes químicos.

La Unión Europea, por su parte, estima que en Europa se producen anualmente 32.000 muertes por cáncer, 16.000 enfermedades cutáneas, 6.700 enfermedades respiratorias, 500 enfermedades oculares y 570 enfermedades del sistema nervioso central, por exposición a sustancias tóxicas en el trabajo.

En España se vienen registrando en los últimos años alrededor de 10.000 accidentes de trabajo por productos químicos y unas 3.000 enfermedades profesionales. No obstante, al menos en el caso de las enfermedades, estas cifras no reflejan la realidad. Existe un importante subregistro de las enfermedades profesionales en general (somos unos de los países de la UE que menos enfermedades registra) y de las enfermedades por exposición a productos químicos en particular.

Según algunas estimaciones, se pueden estar registrando 6 veces menos dermatosis de las realmente producidas, dato importante ya que las enfermedades dermatológicas de origen laboral suelen obligar a los trabajadores a cambiar de trabajo, por ejemplo al 10% de los peluqueros.

Por cada caso de asma de origen laboral que contabilizamos hay al menos 16 que no se reconocen: los estudios indican que una tercera parte de todos los casos de asma adquiridos en la edad adulta están provocados por la exposición en el lugar de trabajo.

Pero tal vez la situación más escandalosa es la referente al cáncer profesional. Se estima que el subregistro de los datos oficiales recoge 2.000 veces menos de casos de muerte por cáncer que los que se producen. En el año 1999 no se registró ni un sólo caso.

Ojos que no ven, corazón que no siente. Sabemos bien que sólo se aborda aquello que se reconoce, que está a la vista de todos. Hacer visible el riesgo químico es la primera tarea a realizar si queremos que la prevención pase de las palabras a los hechos.

 

Una directiva europea pone coto a los disolventes en las pinturas

Tras la votación del Parlamento Europeo del pasado 30 de marzo en el que se aprobó la Directiva 2004/42/CE, de 21 de abril de 2004, relativa a la limitación de las emisiones de compuestos orgánicos volátiles (COV) debidas al uso de disolventes orgánicos en determinadas pinturas y barnices y en los productos de renovación del acabado de vehículos, la mayor parte de estos compuestos peligrosos se deben retirar de las pinturas que se utilizan para decoración en nuestros hogares.

La nueva normativa europea reducirá significativamente la cantidad de disolventes peligrosos en las pinturas para decoración, barnices, productos para la reparación de coches y otros productos industriales.

Según prevé la directiva, los disolventes peligrosos comenzarán a desaparecer de las pinturas en 2007 con lo que se reducirá sensiblemente el riesgo para la salud de los pintores. Siendo optimistas, también se verá disminuida la contaminación por ozono en las ciudades.

Los compuestos orgánicos volátiles son transportados por el aire y provocan enfermedades respiratorias y neurológicas así como daños a los cultivos ya que dificultan la fotosíntesis. La ola de calor que sufrió Europa el verano pasado fue achacada en parte a la contaminación por ozono a la que contribuyen los disolventes contenidos en las pinturas.

La directiva establece que la reducción de emisiones de estos disolventes peligrosos se hará en dos fases (2007 y 2010) de modo que se da tiempo a la industria para su adaptación. La limitación de los valores para los productos de pintura para el acabado de vehículos será aplicada desde enero de 2010. La industria ha hecho ya esfuerzos significativos para reducir la cantidad de disolventes en las pinturas decorativas. Hoy el 70 % de estas ya son de base acuosa.