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Surrealismo y salud laboral. No confundir la Administración con Salvador Daní

Vie, 15/01/1999 - 12:19

Denuncia

Lo absurdo es una dimensión de lo cotidiano que hay que saber sobrellevar con sentido del humor. El surrealismo es un «movimiento artístico que intenta sobrepasar lo real impulsando lo imaginario y lo irracional» contra el que no tenemos ninguna animadversión. Sin embargo dosis excesivas de estupidez y surrealismo producen empacho. Si proceden de la Administración y, además, afectan a la prevención de riesgos laborales, la verdad consiguen que nos enfademos. Vean, si no.

Convidados de piedra

El Tribunal Supremo y los Tribunales Superiores de Justicia de varias Comunidades Autónomas vienen diciendo, desde hace algunos meses, que la designación de los Delegados de Prevención puede hacerse por mayoría del Comité de Empresa sin respetar criterios de proporcionalidad. Vamos, que en un Comité compuesto por 5 delegados de UGT y por 4 de CCOO, es muy correcto que los 3 Delegados de Prevención sean de UGT. Lo más grave, sin embargo, es la justificación que sus señorías hacen de tal aserto. Total, vienen a decir, para lo que hacen los Delegados de Prevención, tampoco es cuestión de ponerse pejigueros con la historia de la representatividad, la libertad sindical, la proporcionalidad, el derecho a la acción sindical y demás mandangas. Si creen que exageramos, vean la sentencia del Tribunal Supremo de 15 de junio de 1998.

En la puñetera calle

Unos trabajadores de extinción de incendios solicitan que su empresa les proporcione unos lugares de trabajo. Afortunadamente no están todo el tiempo en el monte apagando fuegos y dedican parte de su jornada a otros menesteres como gimnasia, actividades de formación, mantenimiento de vehículos y herramientas. Como la empresa no dispone de locales, se ven obligados a hacer todo esto en la plaza del pueblo. Cuando hace mucho frio, se meten en el coche y así van pasando. Con una sagacidad admirable, la Inspección de Trabajo ha ordenado a la empresa que les ponga vestuarios con taquillas, duchas, lavabos y retretes. Punto. De un local en condiciones, nada de nada. La gimnasia y la formación, en los vestuarios, hala. Lo que sí les parece mal a los inspectores es que los forestales hagan pis y caca al aire libre. Desde luego, es un adelanto tener un sitio recogido donde hacer las necesidades. Pero hemos de confesar que con tanta Ley de Prevención de Riesgos Laborales esperabamos algo más.

Marear la perdiz

La Inspección de Trabajo requiere a una empresa para que ponga un sistema de ventilación en una sección. Días antes de cumplirse el plazo, la empresa pide educadamente una ampliación alegando que están en ello pero que necesita unos días más para arreglar el problema. La Inspección concede un segundo plazo. A punto de agotarse este segundo plazo la empresa comunica que como le sale muy cara la instalación, prefiere cerrar la sección conflictiva. Sin fecha, sin plazos, sin más explicaciones. La Inspección se da por satisfecha y comunica a los Delegados de Prevención la brillante solución hallada. «Pero si allí seguimos trabajando» ­objetan los delegados­ «Si con cuatro duros pueden resolver el 80% del problema». Nada. Como la sección «va a cerrar» se acabó el problema. Mientras tanto, a currar sin ventilación. Ar!