Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

Sin efecto

Sáb, 15/01/2000 - 12:20

Operación sin precedentes. Cincuenta billones de pesetas invertidos en todo el mundo. Seiscientos mil millones en España y 35.000 trabajadores/as en alerta (¿fuera de convenio?) la noche del 31 de diciembre y los días siguientes formando comités de vigilancia. Se trataba de prevenir una posible catástrofe. A cuenta del llamado nuevo milenio la prevención parecía haber despertado por fin en el mundo capitalista.

Resultado: no hay indicios del temido 'efecto 2000'. Sólo un sobresalto cuando la televisión ofreció las primeras imágenes de los indígenas de la isla de Pitt en el Pacífico Sur recibiendo al nuevo año. ¿Se había acabado la época de los ordenadores y volvíamos al taparrabos? Falsa alarma.

Todo sigue bajo control. Ni siquiera esa supuesta conciencia preventiva puede considerarse tal. Hace casi diez años que se detectó el riesgo y, sin embargo, se ha esperado a última hora para tomar medidas. Una falta de previsión que, como siempre, acaban pagando los trabajadores/as. Un riesgo cuyo origen se sitúa una vez más no en el terreno de lo inevitable sino en el del ahorro, en este caso de memoria informática, que llevó a los programadores a utilizar sólo dos dígitos en vez de cuatro para reconocer el año. Y, una vez más también, medidas de 'final de tubería', menos eficaces y más costosas que el control del riesgo en origen. Es decir, nada nuevo bajo el sol.

 

 

Tampoco parece que el 2000 permita echar las campanas al vuelo en materia de condiciones de trabajo. Al menos eso es lo que la gente percibe. Una encuesta de Demoscopia (diario El País de 2 de enero) refleja un optimismo generalizado de la población. Sólo un 10% afronta el nuevo año con pesimismo y una mayoría cualificada confía en la curación del cáncer (79%) o en la vacuna contra el sida (82%). Sin embargo, ante la pregunta de si 'los trabajos serán cada vez más estimulantes y creativos' se produce un empate técnico: un 43% está de acuerdo y un 42% está seguro de los contrario.

No ha habido efectos catastróficos pero tampoco parece que los tres ceros del año cristiano vayan a suponer ningún milagro. Seguimos teniendo tarea por delante en el nuevo año. Y, seguramente, en los siguientes. Ánimo.