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Silencio... se sufre

Jue, 15/04/1999 - 12:19

Condiciones de trabajo

El sufrimiento en el trabajo no es un fenómeno nuevo pero actualmente existen formas nuevas de sufrimiento que se expresan a través de actos cada vez más preocupantes. Se llegan a dar suicidios en los propios lugares de trabajo. Una misma persona intenta a veces suicidarse muchas veces seguidas. Hay también actos de sabotaje. Gente que de repente se propone destruirlo todo. En una empresa que visité, fueron destruidos 1.400 teléfonos en un año. Son actos individuales que están vinculados a problemas psíquicos. Son manifestaciones de algo que podemos llamar 'sufrimiento ético'.

Son palabras de Cristophe Dejours, un psiquiatra y psicoanalista francés, especialista en psicologia del trabajo, que acaba de publicar un libro titulado Souffrance en France. La banalisation de l'injustice social (Sufrimiento en Francia. La banalización de la injusticia social), Editorial Seuil, 1998. El punto de vista que desarrolla es que las nuevas condiciones de trabajo generadas por el liberalismo determinan unas formas específicas de sufrimiento, que la gente sufre cada vez más pero que sufre en silencio, que se calla y no expresa su sufrimiento... Recogemos algunas de sus declaraciones en una entrevista realizada por Carine Clément y Pierre Lada, publicada en la revista Travail et Santé de noviembre de 1998.

Como reconoce el propio autor, las fábricas nunca han sido un paraíso. Históricamente las condiciones de trabajo han sido fuente de malestar. Lo nuevo, según él, es que el neoliberalismo pretende que esto sea considerado normal. Es decir, el sistema exige la adhesión de los trabajadores a sus normas sociales. Exige convivir con el sufrimiento porque aparentemente no hay otro remedio y ello trastoca radicalmente los plateamientos mismos de salud laboral. De acuerdo con esto, no sería posible el bienestar, la salud en el trabajo. A lo más que uno o una puede aspirar es a no caer definitivamente enfermo, a conseguir soportar con normalidad el sufrimiento, a hacer equilibrios para atenuarlo.

Antes lo que se hacía mal era inmediatamente denunciable. Todo el mundo sabía lo que estaba bien o mal y cuando se podía demostrar, por ejemplo, una violación del derecho del trabajo se llegaba a condenar al culpable. Lo que ha cambiado hoy es que se actúa mal, ¡y eso está bien! Se despide, se subcontrata, se asignan sobrecargas de trabajo, se paga dos veces menos, ¡y eso está bien! ¿Cómo explicar ese fenómeno? Es bastante complicado. Pero principalmente el mecanismo consiste en hacer aparecer el mal como una desgracia, una fatalidad, las 'leyes' económicas. Hay que entrar en la carrera competitiva, participar en la guerra económica. No queda otra opción. Paralelamente el miedo ha entrado masivamente en el mundo laboral.

Pero la cosa no es tan fácil. A pesar de todo la gente mantiene la conciencia de lo que está bien y lo que está mal. No somos marionetas manipulables desde el exterior. Y aquí aparecen esas nuevas formas de sufrimiento porque nos damos cuenta de que se cometen injusticias, abusos, discriminaciones, y no somos capaces de enfrentarnos a ellas. La gente se hace cada vez más preguntas: ¿es que realmente no se pueden hacer las cosas de otra manera? ¿es correcto contratar a tiempo parcial, pagar casi nada, poner a la gente de patitas en la calle? ¿es eso realmente correcto?

Eso sucede durante algún tiempo, hasta que un buen día nos damos cuenta de que nos comportamos como unos cabrones. Creo que las nuevas formas de sufrimiento en el trabajo son aquellas en las que la gente se ve obligada a cometer actos que no aprueba, y si la culpa no es completamente del sistema, entonces somos responsables de algo. Eso está mal, es un sufrimiento insoportable.

Según Dejours, el sistema nos coloca ante una verdadera contradicción moral: lo que se nos exige es lo que no queremos hacer. Y si nos quedamos solos frente a esta contradicción, no la compartimos ni la discutimos, llegamos a sentirnos realmente mal. Si veo que mi compañero es insultado, tratado como una mierda por el jefe, y además sé que no lo merece y no hago nada, me callo y asisto como espectador a una injusticia, cuando llego a mi casa eso es para mi un verdadero tormento, porque en el fondo yo soy también un cobarde.

Si tengo que vivir con ese cabrón que hay dentro de mí, pierdo la confianza en mí mismo y en los demás, porque si yo soy capaz de hacer algo así, todo el mundo lo es. La gente se hunde en terribles depresiones y eso es visible clínicamente cuando la gente cae en una crisis. Todo pierde su sentido. La gente no dice 'soy un cabrón' sino 'no sé que me pasa, no tengo ganas de nada'. Y en los casos clínicos la gente no puede enmascarar su sufrimiento porque todo lo llevan reflejado en el rostro. Hay casos de hasta 7 u 8 intentos de suicidio consecutivos.

Es la pescadilla que se muerde la cola. La inactividad frente a la injusticia y la convivencia con la inmoralidad generan este sufrimiento. Pero la conciencia de ese sufrimiento es a su vez un freno para la acción por la negación que supone de la autoestima y de la confianza en los demás. ¿Cómo combatir ese sufrimiento moral? ¿No hay ninguna posibilidad de acción colectiva? ¿De pasar del sufrimiento a la conciencia reivindicativa?

No creo que haya sufrimientos colectivos. Creo que eso es imposible. La identidad está fundamentalmente unida a un cuerpo, hace falta un cuerpo para experimentar el sufrimiento. Creo que la subjetividad está encarnada, yo sufro, siento, experimento placer, de una manera diferente según el individuo. Mi sufrimiento no es igual al tuyo, ¿entonces qué podemos tener en común? Hay que hacer un esfuerzo por encontrar algo en común. Podemos intentar compartirlo, pero eso requiere movilizar recursos para llegar a comprender el sufrimiento ajeno: ¿cuál es tu sufrimiento? ¿qué dice la otra persona? ¿por qué cuando habla de sí misma me revela cosas sobre mí que nunca antes había entendido? Todo el problema del reconocimiento está en lo que hay de común entre dos personas. La cuestión es ¿qué podemos compartir? ¿Cómo es posible una visión común en un mundo de fieras?

Lo hemos leído, nos ha dado que pensar y nos pareció que valía la pena compartirlo.