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Sentencias alarmantes

Jue, 15/01/2004 - 12:19
ANTONIO BAYLOS

Sentencias alarmantes: un fenomeno de inaplicación del derecho

ANTONIO BAYLOS. Catedrático de Derecho del Trabajo. Universidad de Castilla - La Mancha.
En el último mes se han hecho públicas a través de la prensa varias sentencias en las que se exime de responsabilidad a empresarios que han incumplido las medidas de seguridad, sobre la base de que el trabajador actuó imprudentemente. De todas ellas probablemente la que más alarma social ha causado es la de la Audiencia Provincial de Barcelona cuyos magistrados –a quienes “no les tembló la mano” al firmarla, según su presidente– entienden que el trabajador que, siguiendo las órdenes del contratista, subió a un caballete, perdió el equilibrio y cayó por un hueco sin protección, quedando tetrapléjico como consecuencia de la caída, había actuado de manera imprudente, lo que eximía de responsabilidad penal a quienes incumplieron flagrantemente las medidas de seguridad.

Esta sentencia ignora la doctrina del Tribunal Supremo de que la imprudencia con resultado de lesiones sigue siendo grave aun en los supuestos de culpa concurrente de la víctima, porque la responsabilidad de la empresa no sólo obliga a la puesta a disposición de los trabajadores de las medidas de seguridad –que no existieron en este caso– sino que exige la continua vigilancia en el cumplimiento de éstas y en la realización del trabajo. Es decir, que la empresa no puede descargar su responsabilidad por el cumplimiento de las normas de seguridad en el incumplimiento o la imprudencia del trabajador individualmente considerado. No hay que recordar que en materia laboral, la imprudencia profesional del trabajador no exime de responsabilidad al empleador derivada de accidente de trabajo. Hay que señalar simplemente la ostentación de insensibilidad e ignorancia que estos fallos demuestran.

Sin embargo, el problema de fondo es que ni la Fiscalía asume que hay que instigar metódicamente la persecución pública de este tipo de delitos, ni la Inspección de Trabajo tiene medios ni en muchas ocasiones interés en instar la sanción penal para aquellas empresas que incumplen de manera evidente sus obligaciones de seguridad. Por lo demás, muchos de estos empresarios se benefician de una aureola de prestigio social basada en su capacidad de enriquecerse, sin que sea concebible en la construcción social de su imagen que estos sujetos de excelencia puedan incurrir en delitos y ser culpables de muertes y lesiones irreversibles en tantos trabajadores y trabajadoras.

Culpabilizar al trabajador de la falta de medidas de seguridad, exigirle una conducta decidida en el rechazo de las órdenes de capataces y contratistas, equiparar al trabajador con la empresa en la responsabilidad de las medidas de seguridad, son todas ellas afirmaciones que implican la subversión del principio de responsabilidad objetiva del empresario en materia de seguridad que establece nuestro sistema legal.

No hay por tanto laguna legal que cubra la jurisprudencia, ni defectos en la regulación normativa. Hay preceptos claros del Código Penal, tipificación de sanciones en la norma administrativa, regulación de responsabilidad en la norma laboral y civil. Lo que sucede en estas sentencias es un fenómeno de inaplicación del derecho vigente en función de un tipo de pensamiento que, consciente o inconscientemente, ignora la realidad del trabajo y del poder en la empresa, y entiende que la figura del empresario es inmune a cualquier responsabilidad que no sea la derivada del riesgo en el negocio.

Por eso es importante la iniciativa de algunos vocales del Consejo General del Poder Judicial, entre ellos su vicepresidente Fernando Salinas y el magistrado penal José Antonio Alonso, que pretendían que la Inspección judicial iniciara una investigación sobre cómo se está llevando a cabo la aplicación de la normativa que tutela la seguridad en el trabajo. Tal iniciativa fue desestimada sobre la base del respeto a una “independencia judicial” en la que se escuda una ideología conservadora y corporativista claramente antidemocrática, pero está siendo reclamada con fuerza por los interlocutores sociales al órgano de gobierno de los jueces.

Se ha hablado tanto de la cultura de la prevención que se ha olvidado que existe en paralelo otra cultura que desarrollar, la de la vigilancia y el castigo de las conductas de especial desvalor social, que ponen en peligro la vida y la salud de los trabajadores. Mientras los empresarios sepan que no serán incriminados penalmente por incumplir medidas de seguridad, y que frente a la muerte del trabajador y su incapacidad definitiva sólo deban reaccionar con el lamento y la limosna, no nos habremos distanciado demasiado del panorama del siglo XIX cuando el trabajo era siempre inseguro y la vida del obrero no tenía más valor que el que incorporaba al proceso de producción de mercancías.

 

Carta abierta al Sr. Juez

Señoría:

Soy un ex trabajador de la construcción tetrapléjico a causa de un accidente de trabajo que sufrí hace dos años. Estoy indignado, o mejor dicho, muy cabreado después de leer en los diarios su decisión de denegar la indemnización a un compañero en mi misma situación y eximir de la responsabilidad al empresario.

Me gustaría invitar a Ud. y a quienes viven “temporalmente” un accidente desde un despacho a que trabajen en una obra durante dos semanas, a que corran los riesgos que a diario hay que correr, a que vean peligrar su puesto de trabajo si no acatan ciertas órdenes que conllevan riesgos, a sufrir una sanción de hasta 300 € por no llevar el equipamiento de seguridad personal que la empresa no te ha suministrado, a los reproches por no rendir lo suficiente… y así una larga lista de trabas que te llevan a elegir entre trabajar en unas condiciones inaceptables o simplemente no trabajar.

También me gustaría invitarle a pasar una temporada en silla de ruedas, sin poder mover los brazos ni, por supuesto, las piernas. A tener que pedir hasta la más mínima de las necesidades, por ejemplo que te rasquen donde tú antes lo hacías por inercia (la cara, el pelo), mientras tus extremidades -antes brazos y piernas- se agarrotan y se deforman progresivamente sin que puedas evitarlo. También están los “problemillas” del interior del cuerpo, pero eso mejor lo descubre cada uno. Y ¿qué vamos a contar del tema familiar, social y psicológico? Sobre eso se han escrito libros que puedes leer mientras estás sólo porque tu familia y amigos están trabajando, tienen que hacer otras labores o simplemente van apartándose.

La indemnización que usted deniega valdría perfectamente para adaptar la vivienda o comprar una casa sin barreras, tener un vehículo adaptado para el transporte, adquirir una silla de ruedas cómoda o poder ir a un gimnasio para mantener articulaciones y tono muscular. Aunque lo más importante de todo es que estimularía a muchos empresarios y aseguradoras a invertir más en medidas de seguridad y ahorrarse un buen capital en indemnizaciones por accidentes y muertes. Si usted, Sr. Juez, mirase las estadísticas, vería que somos el país europeo con mayor índice de siniestralidad laboral.

Sólo me queda agradecerle en mi nombre y en el de los discapacitados físicos el apoyo que nos brinda y desearle que ninguna persona allegada a usted pase por la situación en la que nos encontramos muchos trabajadores de la construcción.

IÑAKI MANSO (Extrabajador de la construcción)