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Revindicarse a sí mismas, humanizar el trabajo. Entrevista a Carmen Alborch

Jue, 15/04/1999 - 12:19

Dossier: Mujeres

Carmen Alborch es doctora en Derecho y profesora titular de Derecho Mercantil. Actualmente ocupa escaño como diputada del Grupo Socialista y preside la Comisión de control de RTVE del Congreso. Ha sido Ministra de Cultura, Decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia y Directora del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Charlamos con ella en su despacho del Congreso de Diputados y no hemos podido evitar un primer tema de conversación: los silbidos con que la recibieron algunos miembros de la cámara cuando entró por primera vez en el hemiciclo.

Fue una pitada de admiración, evidentemente, pero no deja de ser una forma muy machista de trato hacia una mujer y una falta de respeto...
Sí. Yo, por suerte, jamás pensé que era una cosa relacionada con mi presencia porque la verdad es que yo tenía cuarenta y tantos años, había ido ya a muchísimos sitios y nunca había habido una reacción así. En la vida me hubiera imaginado que aquello iba conmigo...

Ese día el Congreso apareció como un andamio cualquiera, con todo el respeto a los que trabajan en los andamios... Exactamente.

Acabas de publicar un libro titulado Solas en el que he leído algunas ideas que me gustaría comentar. Por ejemplo, ¿crees que andar sola por la vida facilita el acoso? ¿tiene eso algo que ver con ocupar un puesto público, un alto cargo? Porque eso es como estar permanentemente en un escaparate
Ahí hay un doble efecto. En un puesto de alta dirección, hay también unos mecanismos de temor y por tanto disuasorios. O sea de no atreverse con una mujer que parece muy poderosa. Mientras que en un hombre el tener poder puede ser un plus a su favor desde el punto de vista de los afectos, en una mujer eso no está tan claro. No está claro que seas más atractiva por ser más poderosa.

Aunque afirmas que las mujeres no somos militantes de la soledad, en el libro reivindicas tu propia opción de vivir sola. Desde esa experiencia ¿en qué medida tu trayectoria profesional y política ha sido posible porque como tú misma dices eres una llanera solitaria? ¿Realmente se puede llegar a esos puestos teniendo responsabilidades familiares?
Yo creo que afortunadamente se va rompiendo esa idea de tener que elegir entre la familia o la promoción profesional. Se puede ser todo, se puede querer todo. Conozco algunas mujeres, incluso, que tienen una colaboración importante por parte de sus maridos y, cuando los niños son mayores, también tienen un apoyo en sus propios hijos, un apoyo afectivo. Pero por lo que oigo de algunas compañeras, la verdad es que supone más esfuerzo. Y también más preocupación por las tensiones que la ocupación de la madre puede crear a los hijos. Supongo que a los hombres también les pasa eso, pero casi siempre tienen a la mujer que hace un poco de mediadora: no os preocupéis, papá está muy ocupado... Personalmente, quizá lo he tenido más fácil, he tenido que hacer menos esfuerzo. Hay un alto porcentaje de diputadas divorciadas o separadas porque, claro, es un trabajo en el que te pasas al menos dos días de la semana fuera de tu casa y aunque lo organices todo, aunque estés siempre pendiente del teléfono, hay veces que se producen rupturas matrimoniales. Ellos no tienen la misma paciencia que nosotras, ni la misma educación, y entonces se cansan... Es verdad, yo creo que la vida que hacía como directora del IVAM o siendo ministra hubiera sido muy difícil de compaginar con responsabilidades familiares.

El problema es que la familia, las tareas domésticas, de un modo u otro están permanentemente en la agenda de las mujeres aunque trabajen fuera de casa, incluso cuando ocupan puestos de responsabilidad. Esto puede llegar a ser un impedimento para acceder a determinados puestos y, en cualquier caso, implica un plus de trabajo, una sobrecarga.
No es sólo el esfuerzo que supone comprar, preparar la comida, planchar, etc, sino estar cuidando que esa pequeña sociedad que es la familia funcione. Eso es lo que hacen las mujeres. La preocupación porque el niño está enfermo, cómo lleva la niña eso de entrar en la adolescencia, el marido que viene con los problemas... O sea que tienes que lograr un equilibrio familiar y eso supone una inversión importante de tiempo, de energía y de esfuerzo. Hay que conseguir que los hombres compartan todo esto. Pero las mujeres hemos de tener clara otra cosa: que no pueden haber retrocesos en el estado de bienestar. Si hay recortes en las prestaciones sociales, seremos de nuevo nosotras las que tendremos que asumir el cuidado de los mayores, de los enfermos, de los niños. Y de lo que se trata es de que eso lo asuma la sociedad porque no son problemas de las mujeres, son problemas de la sociedad que hemos venido asumiendo las mujeres como problemas nuestros.

¿Crees que esta función social que desarrollamos las mujeres repercute de algún modo en nuestra salud?
Claro, por ejemplo, las depresiones del ama de casa. Eso es una cosa tremenda. Toda tu vida invirtiendo esfuerzos en algo y de repente desaparecen todos y tú te quedas ahí sola, tu vida deja de tener sentido y claro coges unas depresiones... Ellas muchas veces ni siquiera saben que son depresiones, pero les va invadiendo la tristeza y hay mujeres alcohólicas que en la vida te podías imaginar... Hay también una percepción especial de malestar en las mujeres entre 35 y 55 años y es por la ansiedad y por la disociación, por esta dualidad entre el trabajo de la casa y el trabajo fuera. Luego, lo que parece claro es que las mujeres utilizan más los servicios de salud, pero no sólo por ellas mismas sino porque hacen de acompañantes, de los hijos, de los maridos, de las personas ancianas de la familia... Por otra parte, cuando ingresan en un hospital los hombres están más tiempo hospitalizados que las mujeres. La mujer siempre tiene la sensación -y no es sólo una sensación sino que es la pura realidad- de que hay muchas personas que dependen de ella. Y que mientras ella está hospitalizada, pues todo aquello está como desorganizado. Entonces si puedes estar de alta en tres días en lugar de cinco, siempre intentas acortarlo, o sea, siempre olvidándonos de nosotras mismas realmente.

Esta actitud de reivindicarnos poco acaba generando una imagen social de sufridoras que se nos supone e, incluso, se nos exige en el desempeño de nuestro trabajo
Nadie, a lo largo de toda mi vida profesional, ninguno de mis colaboradores, se ha enterado jamás de si he tenido o no he tenido la regla. Así que aunque te encontraras fatal, pues daba lo mismo. El esfuerzo que se nos exige a las mujeres por dar siempre la talla, lleva incluso a que minimicemos nuestros propios problemas de salud. Yo creo que deberíamos dejar de ser tan generosas por decirlo de alguna manera. Si una mujer tiene estrés, que sea capaz de asumir que tiene estrés, o que tiene ansiedad, y si eso es consecuencia de su profesión pues hay que poner algún remedio. O sea, no trasladar al ámbito profesional lo que es la figura sufriente de la madre, de la abnegación, el sacrificio. Porque entonces dices da igual, tengo que soportarlo todo.

Además, reivindicarnos a nosotras mismas sirve a veces para mejorar las condiciones de trabajo de todos, también las de los hombres. Cuando las mujeres entraron en correos empezaron a llevar el carrito y esto ha repercutido en una mejora de la salud laboral para todo el mundo, para hombres y mujeres...
...y ahora empiezan las fotógrafas también ¿sabes?

¿Tú crees que el acceso de más mujeres a puestos de responsabilidad, hará que también cambien algunas pautas de trabajo, los tiempos, la organización, el horario de las reuniones...?
Yo estoy segura. También por eso es importante que las mujeres manden. Aparte de los modelos y aparte de ser una cuestión de justicia. Yo creo que, cuando hablamos por ejemplo de la ciudad vista por las mujeres, no es una ciudad para las mujeres, es que es una ciudad más humana. Y pasa lo mismo con todo, yo creo que es introducir humanidad, no es como consecuencia de una carencia o de una debilidad, sino de otro tipo de mirada. Que lo que puedas llevar arrastrando del brazo, no tengas que llevarlo a la espalda.

Pero de nuevo aparece el problema de las dificultades de promoción, el doble esfuerzo que tiene que realizar una mujer para llegar a determinados niveles de responsabilidad. Eso también genera angustia y otro plus añadido en el trabajo de las mujeres
Eso se ve hasta en la propia universidad. En los Estados Unidos, se hizo un estudio y se vio que las mujeres universitarias, las docentes, publicaban menos trabajos aunque sus publicaciones eran de mayor calidad. Precisamente por ese temor a asumir el riesgo, a ser juzgadas. Y eso es real, tú sabes que vas a ser juzgada con mucha más dureza y eso te preocupa, te crea ansiedad y te crea temor. Sería tremendo que pueda llegar un momento en que la competencia sea también entre nosotras mismas, que si estás tú no estoy yo y entonces que tengamos que rivalizar entre nosotras...Las mujeres debemos hacer un esfuerzo para pactar aunque sea, como dice Amelia Valcárcel, un pacto de no agresión. No se trata de ser hermanitas de la caridad, ni de querernos mucho todas las mujeres, pero por lo menos de no abundar en una crítica, en un ataque hacia una mujer por su mera condición de mujer. La solidaridad entre las mujeres requiere un ejercicio de voluntad. Debemos promover una mayor humanización de las relaciones de trabajo.

Imma Bernabé
Secretaria del Area de la Mujer. FSAP-CC.OO.