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A Ramón Sampedro

Mié, 15/04/1998 - 12:19

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Querido Ramón,

Enhorabuena. Por fin conseguiste lo que querías. Tuviste que luchar mucho desde tu camilla de tetrapléjico para poder ejercer tu derecho a morir dignamente. Tú, al menos, pudiste decidir el lugar, el día, la hora. Pudiste despedirte de los tuyos. Hasta grabaste un vídeo.

Lo mío ha sido otra cosa. No me dió tiempo de nada. Yo, en realidad, no pensaba morirme ¿sabes?, pero esta mañana quedé atrapado por los hierros de una grúa en la obra en que trabajaba. Y ahí se acabó todo. Qué paradoja ¿no? A unos no os dejan morir y a otros casi nos lo imponen.

Leí tu carta a los jueces, los políticos y los curas. Los periódicos la publicaron y me gustó. Cuando ví el revuelo que se armaba por lo que decías, pensé «este tío además ha conseguido que su muerte sirva para algo».

Ahora te envidio. Porque, ya que uno se muere, alguien debería pensar en por qué se ha muerto.Yo no sé si lo mío será lo mismo. Al fin y al cabo llevamos años muriéndonos en las obras, en las fábricas, y ya ves. A lo mejor es que como nos matamos tantos pues, claro, la gente se acostumbra. De momento, los periódicos ni siquiera han publicado mi nombre, sólo las siglas J.S.M.

No sé si sabes que la policía anda detrás de tu novia y de tus amigos. Necesitan culpables y dicen que no pararán hasta que se «depuren todas las responsabilidades». Yo lo tengo peor. Tal vez algún juez inicie una investigación pero casi seguro que no quedará en nada. Igual acaban diciendo que la culpa ha sido mía.

En fin, Ramón, a ver si nos encontramos. Yo te reconceré, no te preocupes. Vi tu cara en la tele. A ti la mía no te sonaría de nada. Un saludo. Juan.