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Que nos pregunten

Mié, 15/10/2014 - 12:20

Que nos pregunten

La agenda política actual está centrada en el sí o el no a la consulta en Catalunya. Sobre si la ciudadanía catalana puede o no, en este caso, decidir su futuro dentro del Estado español. Es de todos conocido que la joven democracia española no tiene mucho apego al referéndum-consulta, no solo al de tintes soberanistas, a pesar de ser la herramienta de participación más directa de la ciudadanía en la política. Tampoco, por desgracia, existe este apego en la mayor parte de países europeos. Diríamos que a los distintos gobiernos no les viene muy bien preguntarle a sus ciudadanos sobre qué opinión les merece tal o cual medida. Es, dicen los gobernantes, más eficaz e incluso más eficiente (la típica excusa de los costes económicos directos e indirectos) actuar sin someterse a lo que pueda opinar el pueblo. Es evidente que esta forma de gobernar también es menos democrática, si entendemos por democracia el poder político ejercido por los ciudadanos y ciudadanas.

Discutir la legalidad, constitucionalidad o pertinencia del referéndum-consulta de Catalunya es tan aburrido como eficaz a la hora de distraer a la opinión pública sobre todo lo que nos está pasando. Claro que queremos que nos pregunten y si es por aquellas cosas que más nos afectan en nuestra vida cotidiana, mejor. ¿Dónde estaríamos ahora si nos hubieran preguntado por decisiones políticas capitales en nuestros ayuntamientos, comunidades autónomas o Gobierno central? Medidas concretas que afectaban a nuestra calidad de vida y trabajo, la razón de ser del derecho de ciudadanía.

Tenemos derecho a decir si estamos o no de acuerdo en cerrar los servicios sociales del ayuntamiento, recortar el número de profesores en las escuelas, recortar en las plantillas sanitarias, evitar la ayuda a la dependencia... ¿Hubiera estado de acuerdo la población en que el despido sea más fácil y barato, en reducir los salarios, en aumentar la edad de jubilación, en endurecer la jubilación parcial, en reducir el gasto en salud de los trabajadores y trabajadoras…?. ¿Se imaginan cuántos despidos, desahucios, paro, proyectos vitales truncados, pobreza, muertes…, nos hubiéramos ahorrado si nuestros gobiernos hubieran necesitado de nuestra aprobación para ejecutar sus medidas económicas y sociales? Pero, sobre todo, hubiese sido un resultado u otro el de esta hipotética consulta, el propio proceso participado en la decisión, fortalece nuestra educación política y la propia democracia.

Hoy, la pobreza y la desigualdad siguen en aumento, el desempleo no baja, los accidentes laborales siguen creciendo, los salarios cayendo, la dependencia, la educación y la sanidad públicas siguen ancladas en el recorte permanente, limitando a la ciudadanía su acceso universal, gratuito y de calidad…; y los beneficios empresariales creciendo, esa es la gran noticia, junto con el aumento del IBEX-35. ¡Ah!, se nos olvidaba, y el crecimiento de unas décimas del PIB o el crecimiento estadístico del empleo, precario y con salarios por debajo de la subsistencia. Todo ello para atreverse a decir, en un arranque de osadía y desvergüenza, que la recesión y la crisis están acabadas y que somos el ejemplo a seguir en Europa. Menudo ejemplo. Consulten, por favor, a la ciudadanía a ver qué opina.