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Prevención de riesgos y vigilancia de la salud

Sáb, 15/01/2000 - 12:20

Dossier: Prevención de riesgos y vigilancia de la salud

 

Empresarios y Mutuas andaban confusos y preocupados por el cambio de milenio. Y no solamente por el famoso 'efecto 2000' sino porque, según una Orden de 22.4.97, a partir del 31 de diciembre de 1999 las Mutuas ya no podían realizar con cargo a cuotas los reconocimientos médicos generales. Es decir, desde esa fecha debían ajustarse estrictamente a la normativa sobre vigilancia de la salud recogida en la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y en el Reglamento de los Servicios de Prevención.

Esto significaba un vuelco radical a lo que viene siendo la práctica cotidiana de a los reconocimientos médicos.

En primer lugar, porque el nuevo concepto de vigilancia de la salud implica una integración de la Medicina del Trabajo en todo el proceso preventivo desde la misma evaluación de riesgos hasta la comprobación de la eficacia del plan de prevención. Los médicos ya no pueden actuar al margen del resto de prevencionistas ni realizar reconocimientos que nada tienen que ver con los riesgos a los que están sometidos los trabajadores/as.

Es más, un sistema de vigilancia de la salud no puede limitarse al reconocimiento médico anual. Vigilar es estar atento a todo lo que sucede para detectar inmediatamente cualquier anomalía. La vigilancia de la salud supone recoger sistemáticamente todo tipo de datos que permitan saber si la salud de los trabajadores/as está adecuadamente protegida o no. Es, por tanto, una actividad continuada para verificar que ningún trabajador/a sufre daños en su trabajo o, en todo caso, para identificarlos lo antes posible con el fin de tratarlos eficazmente y de atajar las causas que los provocaron.Datos de absentismo, registros de enfermedades, encuestas de salud o estudios epidemiológicos son fuentes de información que deben ser incorporadas a la vigilancia de la salud.

Por último, y así viene recogido en la normativa, la vigilancia de la salud debe hacerse con estrictos criterios éticos y de independencia profesional. Deben desterrarse definitivamente prácticas perversas de discriminación por motivos de salud, de persecución médica de los trabajadores/as de baja, de intromisión en la vida privada de las personas o de selección psicofísica de personal resistente. El objetivo de la vigilancia de la salud es la protección del trabajador/a y la prevención de riesgos. No es un instrumento empresarial de gestión de recursos humanos.

¿Cual era la razón de la oposición empresarial? ¿No era esto, al fin y al cabo, lo que debía haberse hecho desde la entrada en vigor de la ley? Y las mutuas ¿por qué la mayoría sólo han visto problemas donde deberían ver oportunidades? ¿O es que no es ésta la 'prevención de calidad' de la que han alardeado históricamente?

La propia preocupación constituye una prueba palpable de que la práctica habitual en este terreno dista mucho de ser la que cabría esperar de un mínimo de coherencia preventiva y de adecuación al espíritu de la ley. No obstante, no es ahí donde más les duele. Al fin y al cabo tampoco están siendo muy rigurosos en el cumplimiento del resto de preceptos preventivos. Lo que verdaderamente les quita el sueño es algo mucho más prosaico: los costes. Llevar a cabo una vigilancia de la salud mínimamente presentable representa disponer de más personal y más gastos. Y lo peor desde el punto de vista patronal es que, de acuerdo con la ley, hay que repercutir el coste en las empresas. Para las mutuas la cosa puede representar, además, un problema de marketing en contradicción con sus ofertas de actividades gratuitas o semigratuitas como servicios de prevención ajenos.

Sea como sea, el resultado ha sido que la presión de los empresarios ha conseguido hacer claudicar al Ministerio de Trabajo que se ha plegado a conceder una moratoria de un año. Es decir, lo que estaba previsto el 1 de enero del 2000 no se aplicará hasta que llegue el verdadero cambio de milenio del calendario cristiano en el año 2001.

De acuerdo con la más castiza tradición picaresca, previsiblemente este aplazamiento más que a un plan de adecuación progresiva a las nuevas necesidades responde simple y llanamente a una prolongación del actual estado de cosas. Es decir, dentro de un año podemos estar en las mismas. O peor, porque para entonces la patronal confía en haber conseguido que se les descuente de las cuotas el precio de los reconocimientos médicos.

Para evitarlo, hay que plantear desde ahora mismo un amplio debate social en todos los ámbitos también en el sindical con el fin de clarificar los planteamientos y avanzar en el consenso sobre los criterios de integración de la vigilancia de la salud en los sistemas de preveción. A ello pretendemos contribuir desde Por experiencia con este dossier.