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Por una prevención intrépida dirigida a eliminar riesgos

Sáb, 15/01/2005 - 12:20
JUAN MANUEL JÁTIVA

Por una prevención intrépida dirigida a eliminar riesgos. Entrevista a Carlos Anibal Rodríguez, médico del trabajo, galardonado con el Premio Nacional 28 de abril

JUAN MANUEL JÁTIVA

En la actualidad es Gerente General de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo en Argentina (organismo dependiente del Ministerio de Trabajo), pero, en los años 70, a Carlos Aníbal Rodríguez el exilio le convirtió en ciudadano del mundo. Una condición que le ha llevado a aplicar sus ideas sobre medicina del trabajo al servicio de los trabajadores en muy distintos países como asesor de la OIT y de otros organismos internacionales. A su llegada a España en los años setenta impulsó en Cornellá de Llobregat (Barcelona) el primer Centro de Salud Laboral vinculado a los recién estrenados Ayuntamientos democráticos. En octubre de este año ha recibido en Madrid, de manos del Ministro de Trabajo Jesús Caldera, el Premio Nacional “28 de abril” en la modalidad de premio especial del jurado. Con este galardón, concedido este año en su primera edición, la Fundación de Prevención de Riesgos Laborales ha querido reconocer la trayectoria vital y profesional de Carlos Aníbal Rodríguez. El premio consiste en una preciosa estatuilla realizada por el escultor vasco Agustín Ibarrola que representa el “hombre roto”, una figura humana en bronce con el reverso invertido y partido en dos mitades. Colaborador de ISTAS y CCOO, el trabajo del Dr. Rodríguez ha dejado su huella en varias generaciones de activistas sindicales y técnicos españoles de salud laboral.

¿Qué significado tiene este premio para usted?

Para mí fue muy emocionante, yo nunca trabajé para un premio, pero diría que he trabajado más por el bronce que para el oro. Esta estatuilla en bronce justifica una vida en la que tuve que sacrificar muchas cosas materiales. Poner la medicina del trabajo al servicio de los trabajadores no es una cuestión sencilla y, para poder hacerla bien, una de las primeras cosas es resignarse a no ganar mucho dinero, optar entre gastar el dinero en libros o, en otras cosas, porque para plantear una conducta alternativa es indispensable estar a la cabeza en los aspectos técnico-científicos. Esto exige estar actualizado, comprar revistas en vez de zapatillas para las niñas.

La tarea principal de un médico del trabajo es curar el trabajo, porque lo que está enfermo es el trabajo.

Con los primeros ayuntamientos democráticos usted crea el primer Centro de Salud Laboral en Cornellá de Llobregat. ¿Qué recuerda de aquella experiencia?

Recuerdo que éramos una ATS y yo y que por allí pasaba medio mundo, entre trabajadores y delegados sindicales. Hacíamos capacitación, asesoramiento a sindicalistas y a técnicos... Recuerdo cuando llegaron a Cornellá un grupo de trabajadores del norte de España que trabajaban en una fábrica donde polimerizaban cloruro de vinilo y la empresa se empeñaba en negar el carácter cancerígeno del PVC. Se fueron del centro con cantidad de citas bibliográficas que avalaban el hecho, hoy en día indiscutible, que el cloruro de vinilo monómero provoca cáncer hepático. Entonces comenzó a venir gente de distintos lugares que no se sabía cómo se enteraban de que existíamos.

Era una época con grandes deseos de saber y de actuar.

Había hambre de conocimiento. Hay que ubicarse en el 79, cuando todavía la herencia del franquismo había determinado que no existieran unos criterios amplios respecto a qué cosa era la salud pública y, mucho menos, la salud laboral. En ese sentido, tuve la oportunidad de formar en postgrado en la Facultad de Medicina de la Autónoma de Barcelona y yo les insistía a los estudiantes de medicina que se acercaban por allá que eso de ser rojillos estaba muy bien, pero que para hacer salud laboral tendrían que ser muy buenos porque iban a tener muchas más dificultades que un profesional de derechas y que, por lo tanto, nosotros teníamos que ser mejores.

Si la obligación del médico del trabajo es restituir al trabajador enfermo a la línea de producción, debería ubicarse en el servicio de mantenimiento que es donde arreglan las máquinas.

¿Qué le llevó a promover una medicina al servicio de los trabajadores?

Comencé trabajando en empresas pero, aunque me pagaran los empresarios, mis verdaderos clientes eran los trabajadores. Creo que la tarea principal de un médico del trabajo es curar el trabajo, porque lo que está enfermo es el trabajo y ahí está justamente el papel de la prevención y la defensa de la salud de los trabajadores. Yo tuve la suerte de tener un marco amplio conceptual para entender que los problemas no eran solamente los de higiene y seguridad, sino que las formas de contratación, la extensión de la jornada de trabajo, la satisfacción del trabajador, todos esos elementos había que estudiarlos en su conjunto, esquivando esa lógica biologicista que a veces tenemos los médicos.

Aparte de la formación, ¿no existe en esa decisión una opción ética?

Sin ninguna duda. Hay cosas que me parecen inadmisibles, como ir a ver un trabajador para ver si está simulando y decirle “tiene tantos días de baja”. Yo en la facultad he estudiado histología, fisiología y muchas cosas más, pero no estudié para hacer de policía. Si la obligación de un médico del trabajo es restituir rápidamente al accidentado o enfermo a la línea de producción, su ubicación debe estar en el servicio de mantenimiento que es donde arreglan las máquinas.

La doctrina del acto inseguro, según la cual los trabajadores son los culpables de los accidentes, es un concepto anquilosado y desmentido científicamente desde los años cincuenta.

¿Cuál sería, entonces, para usted el papel del médico?

El médico suele estar acostumbrado a dividir la realidad según su escritorio: de un lado un señor que todo lo sabe, él, al otro lado, uno que todo lo ignora, que presuntamente es el trabajador. Pero en la vida del trabajo las cosas no son así, normalmente el que más sabe es el que está al otro lado de la mesa. Tampoco creo en una relación demagógica donde el único que sabe es el trabajador. Son saberes distintos y hay que integrarlos.

Sin embargo, a veces el médico acaba culpando al trabajador...

Una de las más comunes y repetidas a lo largo del mundo es la doctrina del acto inseguro, según la cual los trabajadores parecen ser los culpables de los accidentes cuando en realidad son sus víctimas. Es un concepto anquilosado, desmentido científicamente ya en los años cincuenta. Esta es una parte de la Biblia de la seguridad, que lesiona seriamente la posibilidad de avanzar y que es muy beneficiosa para el empleador porque así nunca tiene responsabilidades. La otra es confundir la palabra protección con prevención. Es lo que yo llamo el 'ponciopilatismo' de la prevención: 'Yo ya te di un tapón para los oídos, si lo usas, bien y si no, yo me lavo las manos'. Nosotros creemos en una sola fórmula de prevención que debe ser una prevención intrépida en el sentido de la eliminación de los factores de riesgo.

¿Hay mucha diferencia en la prevención de riesgos y la manera de afrontarlos entre Latinoamérica y España?

El atraso es mucho mayor allá. El primer problema es el mercado de trabajo. Cuando tú tienes un mercado de trabajo, como el de hoy día en Latinoamérica, donde hay más trabajadores ilegales que en la economía formal, ahí se acaba todo. Porque ese trabajador está en las peores condiciones del mercado. El analfabetismo es otro problema serio, especialmente en algunos lugares. Guatemala, por ejemplo. Allí el jefe de higiene y seguridad en el seguro social, que fue alumno mío en Argentina, me preguntó ¿usted que haría maestro? 'Alfabetizar, hijo', le contesté.

No existe el éxito en salud laboral en tanto que haya un sólo muerto por accidente de trabajo.

Según su experiencia de trabajo en contextos tan diferentes, ¿cuáles son las claves del éxito en las políticas de salud laboral?.

No existe el éxito en salud laboral en tanto que haya un sólo muerto por accidente de trabajo. En todo caso, yo diría que se trata de que el Estado tenga políticas coherentes, coordinadas y consensuadas. Coherencia significa que haya una correspondencia entre el discurso y los recursos que se ponen al servicio de ese discurso. Coordinación, en el sentido de articular todos los recursos que tiene el Estado. Y consensuada en el sentido de que las políticas deben apoyarse en acuerdos tripartitos. También es determinante la actitud que tengan los trabajadores para la mejora de la prevención. Si las organizaciones de los trabajadores no se toman esto en serio, no habrá modificaciones de fondo. Otra clave es que los empresarios comprendan su responsabilidad social y esto no sólo en la gran empresa, sino a nivel de la pequeña y mediana empresa. En todas partes del mundo nos encontramos con grandes problemas problemas en la pequeña y mediana empresa. Creo que deberían elaborarse políticas muy específicas para las pequeñas y medianas empresas y que se debe promover una transferencias de los éxitos. Si de verdad hay experiencias que son valederas es una obligación darlas a conocer.

¿Se ha llegado a sentir coaccionado algunas veces?

He sufrido presiones muy a menudo. Pero yo creo que si tú eliges una línea de conducta y esa línea es firme, tienes que estar preparado para recibir presiones de aquellos que se sientan atacados por tu actuación. Porque uno piensa ¿qué me pueden hacer? Lo que hicieron en alguna ocasión, despedirme de algunos lugares, aunque siempre tuve la suerte de encontrar rápidamente otro trabajo que me permitiera vivir y seguir practicando mi idea de lo que es esta profesión. Hay algo importante, por las mañanas me miro al espejo y soy el mismo.