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Pero... ¡Si solo estás trabajando 3 horas!

Mié, 15/10/2014 - 12:20
BERTA CHULVI

BERTA CHULVI
Cada vez son más las personas que trabajan a tiempo parcial para varias empresas, es decir, completan su jornada laboral de ocho o más horas en varios centros de trabajo para poder reunir el dinero necesario para vivir, a veces malvivir. Se trata de un fenómeno que afecta de manera directa a la salud de las trabajadoras y los trabajadores, en primer lugar porque, cuando se da esa multiplicidad de empleos, la jornada supone unas mayores exigencias para las personas, pero también porque todas las políticas preventivas están pensadas con el enfoque de ocho horas de trabajo y un solo empleador.

Montse Terrones es responsable de Salud Laboral del sector de ocio educativo y sociocultural de CCOO de Catalunya. Ella conoce de primera mano la problemática de muchas trabajadoras y trabajadores que compatibilizan dos empleos a tiempo parcial, para dos empresas, a veces en el mismo local: “Por ejemplo –explica Montse–, un caso típico es el de una estudiante universitaria de 19 años que hace de monitora de comedor en un centro escolar y también trabaja para la empresa que organiza las actividades extraescolares. Con esta segunda empresa se fue de campamento, para lo que tuvo que pedir unos días a la empresa de catering que gestiona el comedor y que se los concedió sin problemas porque es una buena entrada de dinero. Sin embargo, cuando en el campamento se hizo un esguince y se tuvo que coger la baja, la empresa de catering le puso problemas”.

Si el reconocimiento de las enfermedades profesionales es de por sí difícil, los obstáculos son mayores para alguien que está a tiempo parcial: “Hay muchos problemas musculoesqueléticos y patalogías de la voz que tienen un origen claramente profesional –plantea Montse–, y cuando trabajadores y trabajadoras a tiempo parcial acuden a la mutua para plantear la situación siempre se encuentran con la misma respuesta: pero si solo estás trabajando tres horas”.

El sector del ocio educativo es uno de los que acumulan trabajadores a tiempo parcial. Se trata además de un sector que hace unos años estaba integrado solo por gente joven pero ahora, en la actual situación de crisis, los estudiantes universitarios que empezaron en estos empleos compatibles con sus estudios siguen en ellos y se enfrentan a nuevos riesgos laborales tanto de tipo ergonómico como musculoesquelético. Este sector del ocio educativo es un ejemplo de esa dinámica general que se da con el trabajo a tiempo parcial, que ya no es solo para mujeres y para jóvenes, sino que afecta cada vez a una mayor parte de la población de cualquier sexo y edad. Montse Terrones explica que en estos momentos se está negociando el segundo convenio a nivel estatal y el tercero en Catalunya, pero todavía no se han podido incluir cláusulas que tengan que ver con la salud laboral, aunque como ella reconoce “es un tema urgente”. En relación a la evaluación de los riesgos psicosociales, en la Federación de Enseñanza de CCOO-Catalunya están empezando a promover la implantación del ISTAS21 en las grandes empresas para que se empiecen a visualizar esos riesgos. Montse describe una situación especialmente complicada: “Imagínate el caso de la chica que te comentaba antes, que trabaja para dos empresas con los mismos clientes pero se enfrenta a estilos de gestión muy diferentes en cada una de ellas. ¿Qué hace la trabajadora cuando cada una de las empresas le impone un estilo diferente de trato con los clientes? La tensión es enorme”, explica Montse.

Otra de las situaciones que nos encontramos es que los trabajadores a tiempo parcial son blanco fácil para la vulneración de derechos. Técnicas del Gabinete de Salud Laboral de CCOO de Madrid denuncian cómo los trabajadores de una subcontrata de Alcampo son obligados a renunciar al reconocimiento médico en el momento de firmar el contrato, el argumento es el carácter parcial del contrato pero la ilegalidad es manifiesta. Las delegadas de Alcampo son las que han detectado el problema, pero los trabajadores pertenecen a una empresa subcontratada y en principio la empresa principal, que tiene también la obligación de velar por que sus proveedores de personal cumplan la legislación vigente en materia de salud laboral, de momento se lava las manos.

Paloma, delegada de prevención en Eulen, denuncia el uso fraudulento que se realiza del contrato a tiempo parcial y cómo eso perjudica la salud laboral de las trabajadoras. Eulen es una empresa de limpieza de colectividades cuya práctica habitual es reducir las horas de contratación de las trabajadoras: “Estamos viendo una reducción generalizada de los contratos de seis horas a tres horas. Y un incremento de los accidentes laborales derivados de las prisas. El otro día una trabajadora que limpia un instituto, a la que le han reducido las horas pero tiene el mismo trabajo, se tropezó y se rompió una cadera”, explica Paloma. “A los pocos días otro trabajador, que estaba limpiando los cristales del instituto desde un andamio que no tenía anclajes, se cayó de espaldas y no se ha quedado inválido de milagro”, añade Paloma. Los riesgos psicosociales a los que están expuestas las trabajadoras, sometidas a la presión de la intensificación del trabajo y la reducción de sueldo, han multiplicado las bajas por ansiedad. El Tribunal Supremo de Madrid ha dado la razón a CCOO en dos litigios contra Eulen por haber reducido las horas de las trabajadoras que provenían de una subrogación, y ahora están teniendo que ampliar contratos, pero durante todo el tiempo transcurrido quienes han estado perdiendo su salud han sido las trabajadoras y los trabajadores de la empresa.

Carolina es ingeniera de obras públicas en una empresa de Madrid. Su cometido es la inspección técnica de obras y está con un contrato parcial de seis horas a la semana: “En las épocas en las que he de hacer informes –explica Carolina–, la cantidad de trabajo que tengo supera en mucho la jornada de ocho horas. Voy de una obra a otra sin comer. Y el problema es que esto ya no es una punta de trabajo. Es que se ha convertido en la marcha habitual”. Carolina cobra poco más de 800 euros con un contrato de seis horas, cuando antes de la crisis cobraba 1.600 por una jornada completa teniendo mucha menos carga real de trabajo entonces –que trabajaba ocho horas– que ahora, que trabaja seis. “Son contratos a tiempo parcial ficticios –argumenta Carolina– porque, de hecho, no son compatibles con nada”. Carolina es joven, tiene 36 años y todavía tiene energía para hacerle frente a un trabajo tan duro, pero ya empieza a experimentar problemas de imnsomio: “A veces no me puedo dormir porque estoy pensando en cómo hacer encajar todas las piezas del puzzle”.

Lo que es evidente es que, en muchas ocasiones, trabajar menos hace más daño. Este es precisamente el título de la investigación desarrollada por Ana María Seifert y Karen Messing de la Universidad de Quebec. Estas investigadoras compararon la situación de camareras de piso a jornada completa con otras compañeras suyas que estaban contratadas a tiempo parcial y analizaron los riesgos ergonómicos a los que estaban expuestas: las trabajadoras a tiempo completo, como tenían una mayor capacidad de negociación, podían intervenir en la organización del trabajo (solicitando cambio de habitaciones, etc.), mientras que las que estaban contratadas a tiempo parcial no solían hacerlo. Tampoco podían anticiparse a las puntas de trabajo ni solían recurrir al apoyo de otras compañeras. Su vinculación parcial a la empresa era de por sí un factor que las hacía más vulnerables.