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Parte del sufrimiento actual en el trabajo es que ni los propios trabajadores pueden explicar lo que hacen. Entrevista a Philippe Davezies

Mié, 15/10/2014 - 12:20
BERTA CHULVI

BERTA CHULVI
La servilización del mundo del trabajo, es decir, trabajar al ritmo de la demanda, no es un fenómeno nuevo. Cada vez son más las investigaciones que conectan los modos de organizar el trabajo y la salud de los trabajadores. En esa línea trabaja Philippe Davezies, médico y profesor de Salud y Trabajo en la Universidad Claude Bernard (Lyon). Le entrevistamos cuando acaba de publicar con ETUI un análisis sobre qué retos plantea a los sindicatos este modo de organización de la producción que individualiza y oscurece el trabajo.

¿De qué manera afecta a los trabajadores que la demanda dirija la producción?

Cuando la demanda es el elemento que organiza el trabajo, pasamos de un mundo previsible, donde el trabajo se podía planificar, a un mundo imprevisible donde los trabajadores lo que van a tener que movilizar es toda una serie de capacidades y competencias para resolver problemas diferentes cada día. Esto, que podía ser positivo, no lo es si añadimos el fenómeno de la intensificación del trabajo: la demanda excede con mucho el tiempo disponible. En esa situación nos encontramos dos fenómenos. Por un lado, los trabajadores se enfrentan a toda una serie de dilemas éticos, pues cuando deciden cómo trabajar, lo que hacen no es considerar cómo van a obtener un mejor resultado, sino decidir qué van a tomar en consideración y qué van a dejar pasar. Se trata de un ejercicio de supervivencia individual que tiene otro efecto colateral: cada persona resuelve de manera subjetiva esa presión y la relación con el trabajo se convierte en algo extraordinariamente individual: no hay mecanismos para poner en común esas distintas formas de resolver, no hay transmisión de experiencias y saberes, etc. Sin posibilidad de comunicación de la propia experiencia no se desarrolla el sentido de comunidad ni de solidaridad. Lo que vemos es que los trabajadores no pueden explicar lo que hacen y los mandos intermedios tampoco lo saben, por lo que el mecanismo básico en la organización del trabajo es el conflicto interindividual.

¿Se está refiriendo a la comparación entre los trabajadores?

Sí. Cuando el trabajo se organiza al servicio de la demanda, ya no es posible prescribir el trabajo. En Francia, entre 1984 y 2005, las encuestas señalan que la proporción de trabajadores que afirman que su ritmo de trabajo viene impuesto por una demanda exterior (clientes, pacientes, usuarios) ha pasado del 28,3% al 53,2%. El fenómeno, según la encuesta Eurofound de 2010, afecta al 67% de los trabajadores de la Unión Europea. ¿Qué hacen pues los mandos intermedios para gestionar la presión a la productividad? Comparar a unos trabajadores con otros. Siempre hay gente, “los atletas del trabajo”, podríamos llamarles, que llegan a conseguir los objetivos aun en las peores condiciones. Estas personas son puestas como ejemplo, frente a los que no son capaces de satisfacer la demanda, sin que haya ninguna reflexión sobre por qué no se llega a satisfacer la demanda, o en qué condiciones de calidad se está resolviendo esa demanda. Los responsables de la organización del trabajo van a utilizar criterios cuantitativos para evaluar el desempeño y los trabajadores que no llegan, ni siquiera van a ser capaces de describir su propio proceso de trabajo y sus fallos, para poder identificar la fuente de su fracaso.

¿Y cuál es el origen de esa incapacidad para describir el proceso de trabajo?

Es la misma servilización de la producción lo que oscurece el trabajo. Me explico: cuando la demanda dirige la organización del trabajo en un contexto de intensificación muy fuerte, una parte importante de nuestra actividad se desarrolla sin control consciente. Los seres humanos somos mucho más capaces de recordar en qué nos hemos equivocado que todo lo que hicimos bien para que algo saliera adelante. Son los fallos lo que sale a la luz, sin embargo, todas las acciones que llevamos a cabo para evitar que el barco se hundiera quedan en la penumbra. Cuando una parte importante de nuestra actividad consiste en resolver imprevistos, mucha parte de nuestro trabajo queda oscurecida. Lo vemos cuando contrastamos las tareas que teóricamente debe hacer un trabajador (normas de gestión) con las tareas que realmente hace (normas de actividad). El conflicto entre unas y otras es lo más frecuente. En este sentido, lo más llamativo no es que la dirección ignore todo lo que hace el trabajador para que la actividad no se colapse, es que tampoco el trabajador es consciente. Muchas veces nos encontramos que el propio trabajador descubre su actividad, una reacción tipo es la de “yo no me daba cuenta de que hacía todo esto”. Este mecanismo básico de la percepción que oscurece nuestro desempeño positivo (porque eso era lo previsible) y re salta nuestros fallos produce un desequilibrio. Como no hay tiempo para discutir con los compañeros y compañeras cómo hacer las cosas, este es, a veces, el único retorno que tiene el trabajador de su desempeño laboral. Y cuando el fracaso es total, no puede ni explicarlo.

¿Cuáles son las consecuencias de este proceso sobre el organismo?

Cuando estamos trabajando bajo presión nuestro cuerpo anticipa toda una serie de respuestas defensivas, como cuando escapamos de un peligro. En un primer momento genera adrenalina, que multiplica las capacidades de reacción del organismo en un proceso energético costoso que no puede mantenerse mucho tiempo. Es un proceso biológico de tipo inflamatorio. A partir de ese momento, nuestro organismo va a generar también, aunque más lentamente, una hormona que conocemos como cortisol y que vendrá a actuar en sentido contrario, como un proceso antiinflamatorio. En realidad, la salud es un equilibrio entre los mecanismos inflamatorios y los antiinflamatorios. Si la situación de estrés es permanente la generación excesiva de cortisol es patológica. Sus efectos son muy variados: aumenta la glucosa, los triglicéridos y el colesterol en sangre, fenómenos centrales en las enfermedades cardiovasculares. Además tiene efectos tóxicos sobre el hipocampo, que juega un papel central en la formación de la memoria episódica, la memoria de los acontecimientos vividos. En resumen, los principales efectos de la situación de estrés crónica son la ansiedad y la depresión, la aparición de patologías somáticas como las cardiovasculares y la disminución de la memoria y las capacidades de aprendizaje.

¿El control de las emociones frena la secreción de cortisol?

Sí, pero no es una buena estrategia a largo plazo. La investigación ha demostrado que algunos individuos en situación de estrés presentan bajas tasas de cortisol porque utilizan estrategias psicológicas de distanciamiento, represión de las emociones, negación de la realidad, etc. Pero la no expresión del sufrimiento está estrechamente ligada a enfermedades somáticas como las cardiovasculares. Hay que tener en cuenta que la secreción de cortisol reduce la inflamación. La única fórmula saludable para combatir el estrés es mantener la capacidad de acción de los trabajadores para intervenir en su vida laboral. Es ahí donde los sindicatos tienen un gran reto: conectar de nuevo a los trabajadores entre sí y conseguir que sean capaces de expresar su sufrimiento de un modo proactivo para cambiar el estado de cosas. Hay un potencial crítico enorme en estos momentos en el mundo del trabajo.