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Paradojas

Mar, 15/07/2003 - 12:20

Paradojas

Estaba en pelotas. Como cuando empezó su andadura migratoria que desde la miseria familiar de Pernambuco le llevaría al trabajo asalariado en las fábricas de Sao Paulo y de allí a la presidencia del gobierno. Sólo que esta vez no se trataba de una metáfora sino de la ciudad situada en el estado de Rio Grande do Sul, al oeste de Brasil.

Allí le dieron la noticia de la concesión del Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación. Premian al tornero mecánico, que perdió un dedo en accidente de trabajo, con un galardón patrocinado por una saga cuyo mayor riesgo laboral suele ser la caída al mismo nivel en las pistas de esquí.

Un reconocimiento a la trayectoria política y personal de este antiguo sindicalista con 30 años de lucha obrera a sus espaldas, desde un país cuyo Gobierno no duda en negar el pan y la sal al sindicalismo de clase cuando moviliza a los trabajadores en defensa de sus derechos.

Quién aprendió a leer a los 10 años y solamente llegó hasta 5º de primaria, visitará España en julio como Presidente de Brasil y compartirá mesa y mantel con su homólogo de aquí que se vanagloria de haber estado preparando oposiciones mientras muchos, de aquí y de allá, luchábamos desde las fábricas y las universidades contra la dictadura militar y por la democracia.

Pedirá apoyos para su proyecto de Foro Mundial contra el Hambre, sugiriendo recortes en los gastos militares de los países ricos, frente a unos gobernantes que no han dudado en apoyar servilmente y sin reservas las veleidades militares de un poderoso ex-empresario de Tejas.

Y seguirá convencido de que otro mundo es posible y de que se puede construir un Brasil mejor. Pero para ello, a diferencia de otros gobernantes, dice que hay que escuchar a la gente en la calle.

Enhorabuena y bienvenido, Lula, compañero. Que tengas mucha suerte.