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¿Qué necesita el INSS para reconocer lo evidente?

Mié, 15/01/2014 - 12:20
BENITO CARRERA
Opinión

No es un secreto para nadie que el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) está poniendo cada vez más trabas para conceder incapacidades, ya sean temporales o permanentes, pero nos negamos a aceptar esta situación. No se trata solo de una conculcación flagrante de los derechos de los trabajadores, hay casos terribles en los que el INSS agrava con su actuación el enorme sufrimiento de las personas enfermas y sus familias.

Un caso especialmente sangrante es el de nuestra compañera, la maestra de educación infantil Míriam, que con 40 años inicia un proceso de deterioro neuronal y recibe el diagnóstico probable de la enfermedad de Creutzfeldt- Jakob (ECJ), popularmente conocida como el mal de las “vacas locas”. La ECJ se manifiesta como una encefalopatía mioclónica subaguda que supone un deterioro progresivo de la función neurológica hasta alcanzar un estado intenso de deterioro psicomotor. La duración media de la enfermedad es de cinco meses y al año de inicio han fallecido el 80% de los pacientes. El diagnóstico definitivo de la enfermedad solo es posible cuando el paciente muere y se le practica la autopsia.

Con este dictamen médico, cuando ya iba en silla de ruedas y no tenía capacidad ni para hablar ni para comer, teniendo que alimentarse con jeringuilla, el INSS le denegó la jubilación por incapacidad permanente a Míriam. Lo más impresionante es que se la deniega afirmando que “no estaba afectada por un proceso patológico que la imposibilitase totalmente para el desempeño de las funciones”. Esta manifestación increíble del INSS se produce el 20 de diciembre de 2012, a pesar de que el equipo de valoración del INSS tiene en sus manos, en ese momento, un documento fechado diez días antes y firmado por los facultativos del Instituto Aragonés de Servicios Sociales que dictaminan que Míriam padece un grado de discapacidad del 75% y que necesitaba del concurso de una tercera persona para poder desenvolverse. Apenas dos meses después, el 13 de febrero de este año, falleció Míriam. El dolor y la indignación es tal que CCOO va a continuar sus acciones y ha demandado por prevaricación al equipo médico que evaluó a Míriam en el INSS porque, al afirmar que Míriam “no estaba afectada por un proceso patológico que la imposibilitase totalmente para el desempeño de las funciones”, dictó a sabiendas una resolución injusta incurriendo en un grave incumplimiento de sus deberes como servicio público.

Lamentablemente, el caso de Míriam no es un caso aislado. Hay bastantes más. Recientemente hemos tenido conocimiento de un trabajador del sector de vitrificado al que la propia mutua MAZ le reconoció secuelas invalidantes para el trabajo y al que el INSS le negó la incapacidad el pasado 3 de abril. El caso de Susana es también sangrante. A pesar de que le concedieron la invalidez absoluta en marzo de 2011 porque se le declaró un cáncer o linfoma no Hodgkin tras una baja de 18 meses, y pese a estar pendiente de un autotrasplante, el INSS le da el alta. Tras varios recursos consigue que le prolonguen la baja seis meses y después vuelven a darle el alta. Al ser interina acaba perdiendo el empleo y encima con derecho solo al subsidio. Y, por si esto fuera poco, el 1 de abril el INSS dictamina que es apta para el trabajo, pese a que sus médicos insisten en que no está en condiciones.

A Gemma, técnico químico que trabaja en una depuradora desde 1992, le diagnostican epicondilitis en 2008, enfermedad popularmente conocida como codo de tenista. Tras pasar por varias operaciones, que no han solucionado su problema, y un engorroso proceso de altas y bajas, el INSS le ha desestimado la declaración de contingencia como enfermedad profesional. En el sector del papel, aunque a más del 35% de los trabajadores se les detecta hipoacusia o pérdida de capacidad auditiva a medida que van acumulando años en la empresa, el INSS se está negando sistemáticamente a reconocerlo como enfermedad profesional.

*Benito Carrera es secretario de Salud Laboral de CCOO Aragón.