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Por una mirada de género en salud laboral

Analizamos las experiencias en acción sindical con enfoque de género y constatamos situaciones inadmisibles
Jue, 05/03/2020 - 11:43
MONTSERRAT LÓPEZ BERMÚDEZ
Opinión

Cómo cada 8 de marzo las mujeres trabajadoras pasaremos a la acción, nos haremos visibles como colectivo, reivindicaremos, una vez más, la igualdad de oportunidades en todos los ámbitos de nuestra vida laboral y personal, denunciaremos la desigualdad existente, también en términos  de salud. En este artículo abordamos la necesidad de una acción sindical en salud laboral con mirada de género.

mujer con lupa

Todavía hay mucho que reivindicar. A las condiciones de empleo precarias, lideradas, entre otras, por la contratación temporal, la contratación a tiempo parcial y la brecha salarial, hay que añadir que las trabajadoras tenemos menor acceso que nuestros compañeros a la formación e información sobre los riesgos de nuestro puesto de trabajo, al suministro de equipos de protección individual, a la vigilancia de la salud y a la actividad preventiva.

Ya parece asumido que hablar de género en la prevención de riesgos laborales es mucho más que hablar de la prevención y la protección del embarazo y la lactancia natural así como de la conciliación por cuidados. Sin embargo, aunque  la normativa de prevención y de igualdad regula, a nuestro entender, de forma acertada las obligaciones de las empresas,  la realidad es bien distinta. Nos encontramos con casos como el de una trabajadora de una empresa de frutos secos que suministra a una cadena alimenticia de ámbito nacional, muy conocida, que cuando solicita la reducción de jornada para atender a su hija de pocos meses, se encuentra con que la empresa le comunica que el ejercicio de este derecho es incompatible con su categoría actual por lo que procede a cambiarla a otra inferior. Impresionante.

Hablamos de empresas de la industria alimentaria, de fuerte presencia femenina, dónde la precariedad en las condiciones de trabajo es abrumadora. Donde los contratos fijos discontinuos, sin periodos de reincorporación claros, son la excusa perfecta que se utiliza para deshacerse de una trabajadora cuando comunica su estado de embarazo. Empresas con una alta presencia de trabajadoras como falsas autónomas, carentes de toda protección. Empresas dónde se trabaja a turnos, sin ningún tipo de organización, con sistemas arbitrarios que la dirección puede cambiar cuando lo considera oportuno, con jornadas muy largas,  de hasta 10 o incluso 12 horas. Centros de trabajo donde  las trabajadoras se enteran que se ha fumigado el fin de semana porque se encuentran el lunes un cartel en la puerta del almacén; dónde la productividad prima siempre por encima de la salud; empresas en las que hay que trabajar muy, muy, pero que muy rápido.

En la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 2015, el indicador de salud percibida no se distribuía de forma homogénea entre hombres y mujeres; mientras un 4% de las trabajadoras manifiestan tener mala salud, este porcentaje se reduce al 2% entre los varones. Las trabajadoras, en comparación con los hombres, presentan una mayor prevalencia en todas las do­lencias analizadas, excepto en el caso de los pro­blemas de audición que, estadísticamente, afectan más a los hombres.

 

gráfica

 

El dolor es para las trabajadoras la expresión más importante de sus problemas de salud. El dolor en zonas muy concretas como espalda, cuello y extremidades superiores. Siguiendo al dolor aparece el cansancio generalizado, las cefaleas y la fatiga visual. Las dificultades para dormir, para mantener el sueño y para que éste sea realmente reparador y les permita recuperarse de la fatiga y del cansancio, las tienen principalmente las trabajadoras.

Con mucho esfuerzo a lo largo de los años CCOO mediante la acción sindical en las empresas, ha hecho visible lo invisible, convertido lo individual en colectivo y transformado la percepción del problema en acción. Se ha trabajado en la seguridad privada, en el trabajo del hogar, en el sector del ocio y tiempo libre, en centros asistenciales y educación infantil, en la industria alimentaria, en invernaderos, en el sector de la limpieza, en la sanidad, en la dependencia, en residencias…, sectores fuertemente feminizados per se. Tanto en  estudios como en acciones preventivas promovidas por la representación sindical,  las trabajadoras han tenido la oportunidad de compartir sus problemas con el resto de compañeras, expresando colectivamente los problemas de salud derivados de las condiciones de trabajo, poniendo de manifiesto lo que piensan, lo que sienten, haciendo pública su experiencia subjetiva sobre las desigualdades en la exposición a los riesgos y daños, cómo lo viven diariamente. Nos ha permitido desarrollar iniciativas y propuestas de mejora de las condiciones de trabajo implicando a las propias trabajadoras en las actuaciones encaminadas a la solución de los problemas.

Algunos logros y algunos reconocimientos

Conseguir el reconocimiento del daño es difícil, pero más para las trabajadoras, y más en las enfermedades profesionales. El síndrome del túnel carpiano tiene género, dos ejemplos: las rederas y las camareras de pisos.

La Red de Mujeres del Sector Pesquero, consigue el reconocimiento del síndrome del túnel carpiano como Enfermedad profesional. En 2018 la Dirección General de Ordenación de la Seguridad Social reconoce que el síndrome del túnel carpiano se identifique como una enfermedad profesional y apunta que “dictó unas instrucciones a las mutuas colaboradoras” en las que “incide el hecho de que lo relevante es que se realicen trabajos en los que se produzca un apoyo prolongado y repetido de forma directa o indirecta sobre las corredoras anatómicas que provocan lesiones nerviosas por compresión”.

En relación a las camareras de piso,  en agosto de 2018, la Mesa por la calidad en el empleo en el sector de la Hostelería, conformada por patronales, sindicatos y Secretaria de Estado de Empleo y Comunidades Autónomas consiguieron que  mediante una Instrucción inmediata de la Dirección General de ordenación de la Seguridad Social se ordenara  a las mutuas el reconocimiento de enfermedades profesionales, como el síndrome del  túnel carpiano, bursitis y epicondilitis al colectivo de camareras de piso. Mientras se procede a la  modificación del RD 1299/2006 que regula el cuadro de enfermedades profesionales para incluir a la actividad de este colectivo y  ante la necesidad de reconocimiento de estas enfermedades, cuando  la mutua se niegue, este acuerdo las empresas del sector deben facilitar el parte de asistencia, siendo necesario realizar la reclamación de contingencia, cuya resolución será favorable al reconocimiento de la enfermedad profesional.

Es posible actuar incluso en sectores y trabajos que pueden estar fuera de la aplicación de la normativa. Se han dado intervenciones sindicales en el sector de ayuda a domicilio donde hasta la fecha no se incidía por ser el centro de trabajo un domicilio particular. Estas intervenciones se realizan sobre la exposición a factores de riesgo ergonómico mediante la instauración de  visitas evaluadoras a domicilios con condiciones particulares de exposición en las que participan el personal técnico del servicio de prevención ajeno, el personal de los servicios sociales municipales, la representación sindical y la trabajadora. Se mejoraron las condiciones de trabajo de la plantilla al garantizar la participación de la trabajadora, que es quien mejor conoce las características prácticas de sus funciones en su puesto. 

Movilizadas contra el riesgo químico

El riesgo químico está generalizado en todos los sectores, y puede estar presente también en puestos de trabajo ocupados por trabajadoras, tanto directa como indirectamente.

Es el caso de un grupo de trabajadoras encargadas de la limpieza de un centro hospitalario que sufren mareos y picores en los ojos. La actividad de la limpieza sale a licitación y llega una nueva empresa, que toma unas decisiones llamativas: impugnación del convenio colectivo, cambios en los procedimientos de trabajo, propuesta de reducción de plantilla y cambios en los productos de limpieza. Se trata de un desinfectante que puede provocar quemaduras graves en la piel y lesiones oculares, irrita la piel y las vías respiratorias, en contacto con ácidos libera gases tóxicos y además es muy tóxico para organismos acuáticos. Tras los primeros daños, la representación sindical solicita actuaciones a la empresa, ante la pasividad comienzan las movilizaciones con buenos resultados: se retira el producto, y se cambia por otro; se consigue que las trabajadoras afectadas sean consideradas especialmente sensibles; se dan las adaptaciones de puesto de trabajo necesarias para velar por la seguridad y la salud de las trabajadoras afectadas.

Situaciones de acoso y violencia

Las situaciones de discriminación laboral, la inadecuada política de igualdad de oportunidades, el acoso sexual, la falta de respeto, etc., tienen consecuencias sobre la salud, por lo tanto son factores de riesgo, que también deben ser objeto de diagnóstico e intervención en los planes de igualdad. Un estudio sobre la exposición a factores psicosociales en el sector de la seguridad privada con perspectiva de género, nos mostraba una fuerte segregación en cuanto al tipo de tareas y las categorías profesionales. Al tratarse de un sector tradicionalmente ocupado por hombres, identifica  tareas explícitamente para hombres, sobre todo en las que puede ser necesario el uso de la fuerza, cuando los propios trabajadores y trabajadoras son conscientes que en estos casos las actitudes de diálogo y comunicación, más propias de las trabajadoras podrían ser relevantes para solucionarlas en una primera fase.

La violencia, también, está presente en este sector. Desde el uso continuado del lenguaje machista, o ignorar o devaluar el trabajo de las mujeres, justificar la no participación en cargos directivos, hasta el acoso sexual. Conocemos también experiencias de violencia en otras actividades. Por ejemplo, el caso de las trabajadoras de invernaderos que son castigadas por solicitar librar un domingo para poder estar con su familia. Se les aísla, se les prohíbe hablar, se les obliga a trabajar en total soledad. 

También es escandalosa la situación de las trabajadoras del Hogar. Un estudio de la Universitat de Barcelona  muestra que de las 80 mujeres que participaron, el 41% afirma haber sido objeto de groserías, insinuaciones, proposiciones o comentarios de carácter sexual; 28% haber sido objeto de tocamientos o de acercamientos excesivos, el 10% haber recibido demandas de relaciones sexuales, bajo presión o no; y el 10% afirma que han abusado sexualmente de ellas.

Incorporar la perspectiva de género en nuestra acción sindical amplia “el cómo” miramos las condiciones de trabajo y de salud de las trabajadoras a las que representamos. No añade otro tema más a nuestras reivindicaciones, sino  que introduce en lo que ya hacemos las herramientas necesarias para que todas las condiciones de trabajo, de todos los colectivos, sean objeto de prevención de riesgos laborales en las empresas. Además contamos con recursos que nos ayudaran a identificar las desigualdades en la gestión preventiva de las empresas como una Guía Sindical y un folleto.

Todos fuera menos la limpiadora

Situaciones como las que se vivió en una población valenciana  el pasado dos de marzo son inaceptables y muestran el valor que se le da la vida de las trabajadoras. Fuertes rachas de viento agitan el tejado de la piscina municipal que está a punto de caerse, todo el mundo fuera, grita la persona responsable, ¡la limpiadora puede quedarse!

La discriminación, la desigualdad entre hombres y mujeres debe ser tratada como un factor de riesgo para la salud. La discriminación no se limita a las condiciones económicas. Devalúa el trabajo en todas sus dimensiones, disminuye la autoestima, reduce el margen de autonomía y la posibilidad de hacerse oír. No nos lo podemos permitir. El 8 de marzo hay que gritar más alto que nunca.