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Jóvenes: más expuestos a prácticas empresariales nocivas para la salud

Lun, 15/10/2012 - 12:20
ERNEST CANO Y AMAT SÁNCHEZ
Noticias

El origen de las exposiciones a los riesgos psicosociales se encuentra en las estrategias de organización del trabajo y prácticas de gestión de la mano de obra que se dan en el ámbito de las relaciones laborales. Dichas estrategias buscan aumentar el beneficio, la flexibilidad y el control sobre la fuerza de trabajo y difieren atendiendo a variables como ocupación, sexo, edad, etnia. También el sector y la situación sindical en el centro de trabajo marcan algunas diferencias.

jovenesA nadie se le escapa que el segmento de población joven es blanco de muchas de las estrategias de organización del trabajo más nocivas para la salud. Esa percepción general la confirman los datos de la Encuesta de Riesgos Psicosociales 2010 realizada por ISTAS con una muestra representativa de la población asalariada española. Los datos corroboran que el segmento joven de la población trabajadora española (de 16 a 30 años) tiene más intensamente (en torno al 40%) un contrato temporal cuando en el conjunto de la población esa situación afecta al 21%. Más aún, todas las formas precarias de contratación (autónomos dependientes, sin contrato…) tienen una incidencia diferencial significativa entre las personas jóvenes, lo que se ve agravado por su mayor dificultad para consolidar su empleo en la empresa, limitando su promoción profesional.

Por otro lado, la población joven está más afectada que el resto de edades por la jornada parcial. Las empresas encuentran en la juventud un colectivo preferente para los esquemas horarios (diarios o semanales) menos apetecibles y para flexibilizar la jornada en función de las necesidades de la empresa (cambios del horario habitual, horas extraordinarias).

Un objetivo fundamental de muchas prácticas empresariales de gestión de la mano de obra es conseguir un control eficaz sobre la fuerza de trabajo mediante la amenaza del despido, la discrecionalidad y el autoritarismo. Estas prácticas afectan a una parte relevante de la población trabajadora más joven. Son, así, los y las jóvenes quienes con más frecuencia señalan que no pueden reclamar mejoras laborales sin exponerse a represalias de la empresa. Son también los menos consultados por la empresa y los que menos participan en sus decisiones.

La política salarial de las empresas se traduce en niveles de remuneración diferenciados para distintos grupos de trabajadores. La juventud española se sitúa por encima de la media en el tramo de salarios más bajos y la influencia del convenio en la determinación de sus salarios es inferior, así que en menor proporción su salario les permite cubrir las necesidades básicas cotidianas.

Todos estos aspectos se encuentran estrechamente relacionados con el hecho de que los jóvenes tienen una menor posibilidad efectiva de ejercer sus derechos laborales y una menor incidencia del marco regulador (incluido el convenio colectivo) sobre sus condiciones laborales (salario, jornada, descansos, vacaciones), lo que evidencia una realidad laboral en la que los derechos formales presentan dificultades para hacerse efectivos y en la que su posición es particularmente débil. Estas prácticas de gestión empresarial que hemos descrito sitúan a la juventud en las posiciones más precarias, lo que aumenta su exposición a los riesgos psicosociales. Su situación no es solo resultado de su menor tiempo de permanencia en el mercado laboral o de su mayor presencia en sectores más débiles, sino que proviene de una segmentación laboral que afecta al colectivo de jóvenes y evidencia su menor poder social de negociación de cara a las empresas. La prevención de los riesgos psicosociales en origen exige, por tanto, modificar significativamente estas prácticas empresariales. Modificarlas, además de necesario, es posible y para ello la acción sindical es una herramienta imprescindible y muy potente.