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No nos vendan gato por liebre

Mar, 15/07/2014 - 12:19

No nos vendan gato por liebre

El Gobierno ha iniciado una campaña para convencernos de que ya hemos salido de la crisis y, por supuesto, que la creación de empleo es un hecho inminente. Los datos en los que se apoya se circunscriben a un crecimiento de apenas medio punto en el PIB, y en una reducción del volumen de desempleados que, todo sea dicho, no es consecuencia de la generación de empleo como vociferan algunos esbirros mediáticos, sino, por desgracia, de la reducción de la población activa, consecuencia de un desánimo generalizado ante la falta de perspectivas de empleo. Un desánimo que, entre otros, está empujando a los trabajadores y trabajadoras españoles, sobre todo los más jóvenes, a buscar empleo en el extranjero.

Eso sí, en las estadísticas oficiales podemos observar que algo sí se está moviendo en el mercado de trabajo. En el último trimestre publicado, el primero de 2014, el empleo seguía reduciéndose; pero, sin embargo, mientras cae el empleo fijo a tiempo completo, aumenta el empleo a tiempo parcial. Desde el inicio de la crisis, el volumen de ocupados a tiempo parcial ha aumentado en 311.000 personas, paralelamente a una reducción de prácticamente cuatro millones de ocupados a tiempo completo. Se trata de un cambio en la estructura del empleo que supone, bajo este esquema, una redistribución del trabajo y del salario, entre los trabajadores y trabajadoras, mientras se produce a su vez, consecuencia de las reformas laborales y los recortes en gastos sociales, una transferencia de rentas desde el conjunto de la clase trabajadora hacia las rentas del capital.

En esta coyuntura, una información estadística que pretendiera describir la realidad debería calcular el volumen total de empleo en base a la jornada de trabajo y no en base al número de las personas empleadas. Por ejemplo, un nuevo empleo a un 50% de la jornada de trabajo no debería computarse a efectos estadísticos como un empleo más, sino como medio empleo. Así aparece en los datos de la Contabilidad Nacional de España, donde se computa no el número de ocupados, sino el empleo equivalente a jornada completa.

Esta forma de utilizar las estadísticas nos permitiría tener una visión más ajustada de lo que está pasando con los accidentes de trabajo. La exposición al riesgo de accidente tiene que ver, lógicamente, con las horas que se está en el tajo y por tanto es mayor en un trabajador a jornada completa que en otro a jornada parcial. Contabilizarlos igual es una práctica clara de desinformación.

El índice de incidencia de accidentes de trabajo con baja se calcula dividiendo el número de accidentes con baja por el número de trabajadores y trabajadoras asegurados contra esta contingencia. Este índice muestra una reducción constante en los últimos años. Pero si cambiamos el denominador, y en lugar de poner el número de trabajadores asegurados incluyéramos su equivalente en jornadas completas, la incidencia de los accidentes laborales aumentaría entre un 6% y un 7%. Un aumento que sería mayor si, además, mejorásemos la toma de datos sobre accidentes laborales y enfermedades profesionales identificando todos los que se “cuelan” como enfermedad común.

Es decir, que una ligera y obvia mejora en la forma en que se calculan las estadísticas, convertiría en fracaso lo que el Gobierno presenta como un éxito. Pero claro, el Gobierno no está dispuesto a hacer estas mejoras en los sistemas de información porque necesita argumentos para justificar una drástica reducción de los recursos destinados a la prevención de los riesgos laborales. Señores del Gobierno: no nos vendan gato por liebre.