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No aceptar cancerígenos

Lun, 15/10/2001 - 12:19
CARLOS ANÍBAL RODRÍGUEZ

Estrategias frente al riesgo tóxico

CARLOS ANÍBAL RODRÍGUEZ. Experto de OIT en salud laboral. Buenos Aires

El cáncer profesional es una enfermedad innecesaria. Toda la estrategia de prevención debe basarse en esto y por tanto debe tender a eliminar la importación, fabricación y uso de sustancias con capacidad de generar cáncer. Los cancerígenos pueden y deben sustituirse. No bastan campañas circunstanciales sino que se trata de convocarnos a la 'no aceptación' a través de planes continuos con un objetivo claro: poner en marcha alternativas frente a los cancerígenos. Hay mucha historia que avala esta proposición. Conviene conocerla y reflexionar sobre ella para no repetir errores o para que no nos vendan viejas falacias.

Un guerrero de la edad de hierro (10.000 años antes de Cristo) tuvo cáncer de húmero. Se han encontrado tumores óseos en los esqueletos de animales prehistóricos que vivieron hace 1.000.000 de años. El cáncer parece existir desde que la vida existe.

Sin embargo, hasta 1775 no aparece el primer estudio de cáncer profesional en el que Percival Pott llama la atención sobre el cáncer de escroto de los deshollinadores: 'El destino de estas gentes me parece singularmente duro. En la infancia son tratados con brutalidad en su mayoría y casi se los deja morir de hambre y de frío, se los obliga a ingresar en chimeneas calurosas y estrechas, donde se tuestan, abrasan y ahogan, y cuando alcanzan la pubertad se hallan propensos a atrapar una enfermedad dolorosa, sumamente molesta y fatal que se origina al parecer, al alojarse el hollín en los pliegues del escroto'.

En 1915, los investigadores japoneses Yamigiwa e Ichikawa consiguen provocar tumores malignos en conejos pincelando regularmente sus orejas con alquitrán, la sustancia señalada como sospechosa por Pott más de cien años antes. Esta es una primera y desgraciada característica del cáncer profesional: con pocas excepciones el cáncer profesional se conoció primero entre los trabajadores y luego se constató en los animales.

No creyendo en el fin de la historia contaremos otra para ofrecer una segunda característica del cáncer profesional. En 1895, durante el Congreso Alemán de Cirugía, Rehm presenta cuatro casos de cáncer de vejiga en trabajadores de una fábrica de colorantes todos ellos del departamento de fucsina (que tenía entonces 45 trabajadores). Grandhomme, médico de la firma introductora del nitrobenceno en la manufactura de la fucsina, se muestra escéptico. Rehm, sin embargo, continua con sus estudios y presenta un informe en 1906 con 38 casos en siete fábricas de colorantes todas ellas en la ciudad de Frankfurt. Grandhomme sugiere rápidamente el origen geográfico de la enfermedad. Ignoraba que Schedler había presentado un año antes casos provenientes de otras ciudades en una de las cuales se demostraba que los trabajadores de la anilina tenían un riesgo 33 veces mayor de contraer un cáncer de vejiga que la población general.

Esta es la segunda característica anunciada: los usos de la ciencia no son neutrales y la independencia ética y profesional siempre ha configurado un bien a obtener en el mundo de las empresas.

Continuar con la historia de las aminas aromáticas nos permitirá obtener otro perfil, tal vez el más peligroso, de la cuestión. En 1921, un documento de la OIT analiza los informes recibidos de distintos lugares del planeta y llega a la conclusión que las aminas y en particular la bencidina deben considerarse como responsable del cáncer de vejiga. Es el primer alerta que lanza la OIT en materia de salud en el trabajo.

En 1970, cincuenta años más tarde de este alerta, se verifican 36 muertos por tumores vesicales en los obreros de la IPCA, una fábrica italiana de colorantes, conocida popularmente desde ese momento como la fabrica del cancro (la fábrica del cáncer). En 1981 un informe de Mason da a conocer un registro de 316 trabajadores con tumores de vejiga en la empresa Dupont. En 1982 Carlos A González en 1982 calcula que la probabilidad de tener un cáncer de vejiga en los trabajadores de tinte y estampado de los productos textiles en Mataró es casi seis veces mayor que en el resto de personas. En 1990 se publica el primer estudio de cáncer de vejiga por aminas aromáticas en China donde el uso comenzó en los 50. Todo esto nos permite enunciar una nueva característica: los conocimientos científicos no siempre se traducen en prevención.

Una última historia. En los años 60, Selikoff vista una fabrica de amianto abierta en 1946 (la Johns Mainsvi-lle) y predice una alta incidencia de cáncer. Los directivos lo tachan de alarmista. Luego se ve que de 500 trabajadores, 15 estaban incapacitados por enfermedad pulmonar y 26 murieron por cáncer de pulmón. Este dista de ser el último ejemplo de una nueva característica del cáncer profesional: los que alertan del peligro son a menudo inculpados y considerados atolondrados, irreflexivos o terroristas científicos.

La historia más actual muestra que en materia de prevención se hace poco o nada para atajar un problema tan grave y parecería que las presiones de la industria fueran más fuertes que la necesidad de que los trabajos sean saludables. Debe recordarse que lamentablemente en ciertos casos el riesgo se transfiere. Así, Canadá exporta casi la mitad de su amianto a países en vías de desarrollo como Brasil, India, Indonesia, Pakistán y Corea del Sur.

Los Delegados de Prevención deben estar alerta a la introducción de cancerígenos. En cada lugar de trabajo donde hay uso o exposición a un cancerígeno debe mostrarse la firme voluntad de que la sustancia o el proceso sea cambiado. Sustituir es posible, lo único insustituible es la vida y la salud de los trabajadores. Creemos que este es el camino.

 

Tomás Catalán, Vicente Vivó y Miguel Carrasco son delegados de prevención de la empresa TMD FRICTION ESPAÑA, S.L. dedicada a la fabricación de frenos. Estos compañeros, tras comprobar que en la evaluación realizada por la mutua ASEPEYO no se hacía mención al riesgo tóxico, decidieron investigar por su cuenta. Revisaron las etiquetas de los productos existentes en el almacén de materias primas comprobando que en muchas de ellas aparecían los símbolos de nocividad y toxicidad. Con esta información se reunieron con el técnico de la mutua quien, aun reconociendo la existencia de tales sustancias, aseguró que según su experta opinión el riesgo era improbable.

A los delegados de prevención la 'experta opinión' les pareció muy poco rigurosa e iniciaron acciones en dos frentes. Por un lado presentaron denuncia ante la Inspección de Trabajo por la presencia de riesgo tóxico no evaluado, solicitando además que las actividades de la empresa se consideraran incluidas en el Anexo I del Reglamento de los Servicios de Prevención. Al mismo tiempo continuaron rastreando todos los productos, recabando más información en el gabinete de salud laboral del sindicato y solicitando las fichas de seguridad.

La información recogida se contrastó con los resultados de las actuaciones llevadas a cabo por la Inspección de Trabajo, identificando productos como el formaldehído, el nitrito sódico, fibras cerámicas y p-aramida, todos ellos considerados en principio de gran toxicidad. A requerimiento de la propia Inspección se realizó una evaluación higiénica cuyos resultados permitieron concluir que se superaban los valores límites de exposición al formaldehído, sustancia que es considerada como probablemente cancerígena para las personas tanto por la IARC (Agencia Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la OMS) como por la ACGIH (Asociación Americana de Higienistas Industriales) por lo que el inspector ordenó la paralización de la actividad por riesgo grave e inminente.

¿Qué se ha conseguido? El reconocimiento del riesgo y la puesta en marcha de medidas de protección y prevención (mascarilla, reducción de jornada laboral, cambio diario de ropa y diez minutos diarios para aseo personal) y la consideración de que la actividad de la empresa se incluye en el Anexo 1 del Reglamento de los Servicios de Prevención, por lo que deberá crear un servicio de prevención propio. Servicio de prevención al que Vicente, Miguel y Tomás, después de esta experiencia, van a seguir muy de cerca.