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Multinacionales y Bush contra REACH

Jue, 15/07/2004 - 12:20
LAURENT VOGEL

Dossier: Tóxicos sin control

Multinacionales y Bush contra REACH
Intrigas y maniobras de la industria química frente al proyecto europeo de mejorar la protección de la salud y el medio ambiente.

LAURENT VOGEL. Oficina Técnico-Sindical Europea para la Salud y Seguridad BTS. Bruselas.

En los últimos años la Unión Europea ha venido configurando una nueva política sobre productos químicos llamada REACH (Registro, Evaluación y Autorización de Productos Químicos). La presentación en octubre de 2003 del proyecto REACH, que debe ser debatido por el recién elegido Parlamento Europeo, ha desatado los esfuerzos de la industria química para impedir su aplicación.

En un primer momento la industria química aprovechó las contradicciones en el seno de la Comisión Europea. El proyecto REACH era apoyado por la Dirección General de Medioambiente, mientras que la Dirección General de Empresas proponía una rebaja sistemática de sus contenidos. En 2001, las discusiones en el seno del Parlamento Europeo indicaban que existía un contexto muy favorable para el proyecto REACH. Pero la contraofensiva de la industria química puesta en práctica de manera progresiva por la federación patronal de la industria química europea CEFIC consiguió ir cambiando esa perspectiva.

Cada vez que se han propuesto reformas para mejorar la protección de la salud o del medio ambiente, los ataques de la industria se basan en los costes que suponen dichas reformas.

Controlar el riesgo químico sale muy caro

El argumento de los costes es un tema clásico en este tipo de debates. Cada vez que se han propuesto reformas para mejorar la protección de la salud o del medioambiente, los ataques de la industria se basan en los costes que suponen dichas reformas.

Un informe reciente del International Chemical Secretariat analiza la técnica de esas evaluaciones. La patronal escoge generalmente las modalidades más costosas para calcular el impacto económico y no tienen en cuenta las innovaciones industriales que permiten alcanzar los objetivos a un menor coste.

Lo más común es que no se haga pública la metodología de cálculo utilizada. De esta manera el debate sobre los costes se asemeja a una partida de poker mentiroso. Con respecto al REACH, un estudio dirigido por la patronal alemana (de la firma privada Arthur D. Little) anunciaba la pérdida de 2,35 millones de puestos de trabajo si se aplicaba el Libro Blanco de 2001 y de otros 1,73 millones por el proyecto REACH de mayo de 2003. Un estudio llevado a cabo en Francia por el gabinete de consultores Mercier anunciaba que en Francia se perderían 360.000 puestos de trabajo. La credibilidad de dichos estudios es nula. La propia firma Arthur D. Little había previsto las peores catástrofes económicas si se aplicaba un programa de desulfurización del combustible Diesel en 1998. Unos años más tarde, se demostró que el coste de las medidas había sido sobreestimado.

El 21 de marzo de 2002 Colin Powell envió un telegrama a los embajadores de los Estados Unidos en la Unión Europea y de otros 35 países para coordinar una campaña contra REACH

La madre de todas las catástrofes

En 2002, se produjo un cambio en la dirección del CEFIC. El nuevo presidente alemán, procedente de la empresa BASF, ha impulsado una línea dura. La nueva estrategia del CEFIC consiste en vaticinar una inminente catástrofe económica y en buscar cínicamente las alianzas más variadas posibles para crear un frente externo contra la Unión Europea: con los fundamentalistas de la defensa de los animales, con ciertos sindicatos sensibles al chantaje del empleo, con la administración Bush.

Desde enero de 2002 la administración Bush se ha sumado a la batalla y ha puesto en marcha una campaña sistemática contra el REACH. El Consejo Americano de Química (una organización patronal) ha tomado el mando de las operaciones, dadas sus relaciones privilegiadas con la administración republicana. El 21 de marzo de 2002, Colin Powell hizo su aparición y envió un telegrama a los embajadores de los Estados Unidos en la Unión Europea y de otros 35 países para coordinar una campaña contra el REACH.

Un informe de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos publicado el 1º de abril de 2004 a solicitud del congresista demócrata por Los Angeles, Henry A. Waxman, revela la guerra secreta llevada a cabo por Bush contra el REACH, que incluye: contactos con gobiernos de terceros países como Australia, Canadá, China. Indonesia, etc., y con las organizaciones patronales japonesas, malayas, mexicanas y de otros países para sumarlos a su causa; una estrategia de división de los países de la Unión Europea con la intención de favorecer los contactos con ciertos estados como Francia, Alemania y el Reino Unido susceptibles a oponerse al proyecto. El informe parlamentario considera que dichas presiones contribuyen a explicar el retroceso de la Comisión Europea en octubre de 2003.

Para más información se pueden consultar los siguientes documentos en INTERNET

 

REACH: Una oportunidad para mejorar la prevención del riesgo químico

En 2001, la Comisión Europea publicaba un libro blanco sobre productos químicos. En él se reconoce que la legislación actual no protege eficazmente la vida y la salud de las personas ni tampoco el medio ambiente. En mayo de 2003 la Comisión ha presentado un proyecto de nueva normativa llamado REACH (Registration, Evaluation and Authorisation of CHemicals) que descansa sobre tres pilares. 

  1. Registro: todas las sustancias producidas en un cantidad de al menos una tonelada deben ser registradas. El fabricante o importador suministrará a las autoridades una ficha del producto con una primera evaluación de riesgos e indicaciones para el uso seguro del mismo.

  2. Evaluación: las autoridades públicas examinarán detalladamente la ficha y realizarán diferentes tipos de pruebas.

  3. Autorización: se requerirán autorizaciones previas a su introducción en el mercado para las sustancias más peligrosas, como los agentes cancerígenos o los disruptores endocrinos.

El proyecto REACH podría llevar a una protección más eficaz de la salud de los trabajadores y de la población en general, así como a una mejor protección del medio ambiente.

REACH prevé un sistema dinámico de circulación de la información. La industria química deberá observar una «responsabilidad de vigilancia», es decir, realizar un seguimiento de los efectos derivados de la utilización de los productos que comercializa. Las empresas usuarias dispondrán de una información más completa sobre el producto y su utilización.

Por otra parte, la instauración de una Agencia Europea de Productos Químicos y los procedimientos de autorización o de restricción favorecerán la recuperación de la iniciativa por parte de las autoridades públicas.

La propuesta oficial del REACH presentada por la Comisión Europea en octubre de 2003 es desdichadamente menos ambiciosa que la versión inicial. Las presiones por parte de la industria para lograr nuevas concesiones son muy fuertes. Si REACH fuese bloqueado o descafeinado, la industria química continuaría obteniendo enormes beneficios en detrimento de la sociedad, los trabajadores y el futuro de nuestro planeta. A pesar de los discursos sobre la « responsabilidad social corporativa».