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Los atentados del 11-S y la catástrofe del Prestige

Mié, 15/10/2003 - 12:19
PERE BOIX

 

PERE BOIX
La pasada primavera se hicieron públicos los primeros resultados oficiales del programa federal de vigilancia médica promovido por el estado de Nueva York para evaluar los problemas de salud que sufren los voluntarios y trabajadores de los servicios de emergencia que participaron en las labores de rescate tras los ataques del 11 de Septiembre. Casi al mismo tiempo, desde ámbitos investigadores de nuestro país se denunciaba la falta de estudios y valoraciones sobre la exposición a contaminantes de las personas afectadas por la catástrofe del Prestige.

 

“ Es lo menos que podemos hacer por los voluntarios del 11-S”

Desde el mismo momento en que se produjeron los atentados de Nueva York se empezaron a diseñar distintos programas de investigación y vigilancia médica. Uno de ellos es el que coordina el Servicio de Salud Laboral y Medioambiental del prestigioso Centro Médico “Mount Sinai” con el apoyo del NIOSH (el equivalente institucional a nuestro Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo) y del Centro de Control de Enfermedades (organismo técnico del Departamento de Sanidad).

Dicho programa ofrece información individualizada, gratuita y confidencial a los trabajadores y voluntarios que pudieron verse expuestos a riesgos durante las labores de rescate y limpieza en la zona cero y los vertederos de Staten Island. Además, se les realizan diversas exploraciones para determinar posibles alteraciones tanto en su salud física como mental. 

Los primeros resultados de estos estudios muestran síntomas pulmonares y trastornos mentales persistentes en casi la mitad de los trabajadores de los servicios de emergencia estudiados. Estos resultados preliminares demuestran la importancia del programa de vigilancia dijo el Dr. Levin, uno de los directores del proyecto, quien señaló que “los resultados también señalan la necesidad de recursos para un tratamiento y seguimiento a corto y largo plazo; mientras más rápidamente sean detectadas y tratadas estas enfermedades, mayor será la eficacia que se logrará en la prevención de enfermedades y discapacidad prolongada”. La Dra. Robin Herbert codirectora de Mount Sinai recalcó por su parte que “los resultados corroboran la urgencia de la instauración de un servicio de salud para estos trabajadores”.

Hasta la fecha la financiación federal (12 millones de dólares) ha hecho posible un total de 9.000 pruebas médicas a igual número de trabajadores de una cifra estimada de 40.000 participantes en las labores de limpieza y rescate. “Durante los sucesos del 11 de septiembre, decenas de miles de hombres y mujeres se arriesgaron generosamente para ayudar a otros. Asegurar su vigilancia médica y posterior seguimiento es lo menos que podemos hacer por ellos” dijo el Dr. Philip Landrigan, jefe del Departamento de Medicina Preventiva y Comunitaria de Mount Sinai.

Sin datos sobre el impacto del chapapote en la salud

Greenpeace España presentó en febrero de 2003 un informe realizado por Miquel Porta y Gemma Castaño, investigadores del Institut Municipal d’Investigació Mèdica de Barcelona (IMIM), que con el título “El Prestige y las personas” reclamaba la necesidad urgente de iniciar la toma de muestras biológicas y la realización de entrevistas epidemiológicas tanto a la población afectada como a los voluntarios y miembros del ejército que participaron en las labores de limpieza.

El Ministerio de Sanidad, por su parte, tras anunciar el 23 de enero que se había iniciado ya la toma de datos, realizó un segundo anuncio dos meses después, mediante una nota de prensa del 7 de marzo en la que reafirmaba su intención de recoger datos para la realización de un estudio epidemiológico. “Esperamos que las Autoridades Sanitarias no sólo se hayan dado prisa en anunciar el estudio y que realmente estén realizando ya la recogida de datos” declaró Sara del Río, responsable de la campaña de tóxicos de Greenpeace.

Basándose en el informe elaborado para la organización ecologista, los investigadores Porta y Castaño, publicaban en junio una editorial en la revista Archivos de Prevención de Riesgos Laborales resaltando como el “hecho más llamativo desde la perspectiva de la salud pública” la ausencia de información sobre el impacto en la salud de las personas de la “mayor catástrofe ambiental de la historia de España”. Señalaban cómo varios meses después del naufragio del petrolero “al parecer, no se ha efectuado medición alguna de las concentraciones que presentan en sangre, orina, aire exhalado u otro medio biológico los compuestos tóxicos contenidos o liberados por el fuel vertido”. Miquel Porta, que es además presidente de la Federación Europea de Epidemiología, y Gemma Castaño reclaman celeridad en su editorial para subsanar esta falta de información “por respeto a la ciudadanía, por racionalidad y por coherencia política”.

La reciente aprobación por parte del Parlamento Europeo de una comisión de investigación sobre la catástrofe del Prestige tal vez aporte algo de claridad en un escenario que se ha venido caracterizando por la confusión informativa y el oscurantismo. Aunque tal vez, como señalan los investigadores del IMIM, se haya desaprovechado “un tiempo vital para recoger la información más fundamental (muestras biológicas, entrevistas personales) y para no cerrarle las puertas a la posibilidad de efectuar valoraciones del riesgo con los datos más relevantes posibles”.