Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

La silicosis del siglo XIX

Mar, 15/04/2003 - 12:19
DIEGO PEDRERA REVIRIEGO
CONCHA GÓMEZ MOJÍO
MARÍA

DIEGO PEDRERA REVIRIEGO, CONCHA GÓMEZ MOJÍO, MARÍA J. LÓPEZ JACOB
La silicosis del siglo XXI es igual que la de siempre, la que conocían los romanos, pero ahora duele más, porque a estas alturas democráticas y tecnológicas aspiramos a otra cosa. Durante los últimos meses, en la zona de Quintana de la Serena (Badajoz) se está llevando a cabo una intensa presión sindical contra la silicosis. No existe cura para esta enfermedad pero es evitable al cien por cien si se adoptan las medidas adecuadas. La desregulación laboral y la impunidad por los incumplimientos empresariales son los aliados de la silicosis.

La palabra “silicosis” nos trae a la memoria imágenes del pasado; nos sugiere condiciones de trabajo penosas, de la primera era industrial, las minas insalubres, los trabajadores escupiendo sangre a golpe de tos, el hambre, el polvo, la miseria.

Hace unos meses en Badajoz se empiezan a tener noticias de la existencia de silicosis en los trabajadores de las canteras de la zona de Quintana de la Serena. Se trata de un área de explotación de yacimientos de granito en pleno desarrollo, subvencionada por la administración. En estas canteras trabajan alrededor de 600 trabajadores distribuidos en unos 50 centros y con unas condiciones de trabajo caracterizadas por la desregulación.

Una nube de polvo indica que allí hay un trabajador

El denominador común es el polvo: allí donde hay una nube de polvo se sabe que hay un trabajador taladrando, martillando, labrando, cortando. Polvo y ruido. El ruido supera los límites de salud en todos los puestos de trabajo. El polvo contiene sílice y cubre los caminos y las carreteras hasta llegar al casco urbano.

Tras la explosión de la barrena (“te avisan a gritos, si te avisan”), las moles de granito se desprenden, se transportan y pasan a ser cortadas en chamizos abiertos a la intemperie. Sólo si hay máquinas que resguardar se instalan techumbres. Al pasar por los caminos de polvo entre canteras, chamizos y máquinas, se entrevén los distintos oficios. Hombres jóvenes y maduros que en general trabajan aislados con máquinas a veces obsoletas, otras más sofisticadas. Cada vez se van viendo más equipos de protección respiratoria.

Hasta hace poco la semana laboral solía ser de 50 horas y las vacaciones anuales, de 15 días. El abanico de la picaresca empresarial es amplio y variado: despido en vacaciones, clasificación ilegal de categorías, nóminas tramposas, falsos autónomos, cuota empresarial de la Seguridad Social a cargo de los trabajadores, vacaciones no pagadas y a cuenta del trabajador.

Sin lavabos, vestuarios, ni agua potable accesible, la prevención parecía poco menos que una quimera de ciencia-ficción. La inspección de trabajo, a denuncias del sindicato, ha levantado actas de infracción por un sinfín de temas: por falta de evaluación de riesgos y ausencia de planificación de la prevención, por carencia de información y formación, por no llevar a cabo reconocimientos médicos específicos, por no tener planes de emergencia, por almacenamiento inadecuado de botellas de gases, por no entregar a los trabajadores equipos de protección individual, por falta de instalaciones higiénicas, por falta de protección de maquinaria. Un total de 55 trabajadores “autónomos” han sido objeto de inspección. 

Campaña sindical por el reconocimiento de la enfermedad

CC.OO inicia en julio del 2001 una campaña de prevención en las canteras de granito. Se hacen visitas, notas de prensa, se reparten hojas informativas y se fija un lugar de encuentro en un bar del pueblo más cercano. Llegan las primeras consultas: Gregorio, Juan, Felipe, Pedro... A veces con sus mujeres o vienen los hijos a consultar problemas de pulmones, de cáncer, de sordera, de accidentes. “He pedido que me hagan una placa de tórax y el médico de Fremap me dice que eso no viene en ninguna ley”, comenta un trabajador de una cantera de la zona.

Cuando se llevan acumulados unos cuantos casos, el sindicato organiza un primer viaje al Instituto Nacional de Silicosis de Oviedo. En colaboración con la administración sanitaria de la región, se organizan actividades formativas para actualizar los conocimientos de los médicos extremeños sobre el diagnóstico de la silicosis.

Mientras se mantienen reuniones con la administración laboral y la sanitaria, se estimula la actuación inspectora en los diversos tajos, se plantean diversas denuncias sobre condiciones de trabajo o sobre incumplimientos de las Mutuas y Servicios de Prevención, y la Federación de la Construcción de CC.OO. (Fecoma) comparece en la Asamblea de Extremadura, a solicitud de CC.OO., está realizando un estudio epidemiológico sobre las patologías pulmonares en los trabajadores de las canteras de granito. Neumólogos especialmente formados investigarán los casos que lleguen a los centros de salud de la zona y al hospital, se estudiarán los casos y se llevará un registro de toda la población afectada.

Por ahora se van reconociendo nuevos casos de enfermedades profesionales, se hacen más mediciones de polvo, se están generalizando las radiografías de tórax para el diagnóstico precoz de la neumoconiosis. Algo que hasta hace escasos meses parecía impensable. Se ha formado una Comisión en la que están presentes la Mutua y el Servicio de Prevención hegemónicos, el gerente de la asociación patronal del sector, la Consejería de Sanidad y el Gabinete de Salud Laboral de CCOO.

En el Estado Español hay muchas industrias donde los trabajadores están expuestos a polvo de sílice y, por tanto, con riesgo de silicosis. No sólo en canteras y minas, también en industrias del vidrio, en fundiciones, en trabajos de limpieza mediante chorro de arena. En el año 2001 el Intituto Nacional de Silicosis contabilizó un total de 205 nuevos casos procedentes de León, Asturias y otras 10 provincias. La estadística oficial de Enfermedades Profesionales sólo ha registrado 43 casos en el mismo año. Acabar con esta discrepancia es un primer paso para abordar el problema y con campañas como ésta se puede contribuir a ello.