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A la mina con muletas

Mié, 15/10/2003 - 12:19

A la mina con muletas

Posiblemente el titular pasó desapercibido para mucha gente. Lo publicó el diario El País el día 15 de agosto, jornada de playa o de fiesta mayor para el común de los contribuyentes. Jornada, no obstante, de abatimiento e incertidumbre y tal vez de desesperación para Antonio Piris, un barrenista de 34 años que vive en el municipio de Toreno (León).

El joven minero se había visto obligado a acudir el día 14 a las 8 de la mañana a la mina Peñarrosa de la empresa minera Uminsa por decisión de un tribunal médico del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS). Sólo que llegó apoyado en sus muletas y con la espalda encorvada. Desde hacía 28 meses estaba de baja por accidente de trabajo con terribles dolores de espalda provocados por varias hernias discales. Esa mañana Begoña, su mujer, le tuvo que ayudar a vestirse como cada día. Un amigo lo llevó en coche hasta la mina. Otro compañero le calzó las botas y le puso el mono antes de entrar a la galería. Los trabajadores no daban crédito a lo que estaban viendo.

A las 8:30 Antonio Piris no soporta el dolor, pide que le llamen a una ambulancia y que lo lleven al hospital. El Servicio Médico de Ibermutuamur considera que 'no es para tanto' y que el dolor no es como 'para morirse'. La empresa dice que no tratándose de un accidente no tiene por qué facilitarle la ambulancia. El trabajador tiene que llamar a un vehículo del 061 que finalmente lo traslada a urgencias del Hospital del Bierzo, donde el médico le recomienda 'reposo absoluto'. Por la tarde interpone una denuncia ante la Guardia Civil contra los servicios médicos de la empresa y de la mutua por delitos contra la seguridad de los trabajadores y omisión de socorro.

Podría no ser más que una anécdota. Atroz, despiadada, pero anécdota al fin y al cabo. Sin embargo, algunas claves globalizantes al uso hacen temer que no lo sea en absoluto. El mismo periódico, unos días antes (3.08.03), relataba que más de la mitad de las empresas de Estados Unidos recortan gastos despidiendo a empleados de baja por enfermedad con lo que se ahorran entre 5.800 y 9.000 dólares anuales por 'deshacerse de un discapacitado'. Estos despidos por enfermedad dejan en situación ruinosa a miles de trabajadores dado que se trata de un país sin sistema nacional de salud. Es tal el sarcasmo que a alguno les llega la carta de despido mientras están hospitalizados por un accidente de trabajo.

Sin comentarios. Pongamos que son datos para reflexionar en tiempos de renovación del Pacto de Toledo y de nuevos intentos de ampliación de las competencias de las Mutuas.