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Juicio de Ardystil: crónica de una tragedia

Mar, 15/04/2003 - 12:19
RAFAEL GADEAE

RAFAEL GADEA
El pasado día 4 de febrero comenzó en la Audiencia de Alicante la vista oral del juicio por el “caso Ardystil”, nombre por el que se conoce la masiva intoxicación sufrida a principios de los 90 por los trabajadores de la aerografía textil de la comarca alicantina de Alcoi y que ocasionó la muerte de cinco trabajadoras y un trabajador y la afectación de más de 100 personas, la mayoría de las cuales todavía con secuelas.

En el juicio se dirimen las responsabilidades en que pudieron incurrir los empresarios de aerografía, los suministradores de los productos químicos utilizados, algunas compañías aseguradoras y un inspector de trabajo. Día tras día se suceden las declaraciones. De los acusados en primer lugar, de los afectados después. Como era de esperar, sin novedad sobre las causas de la intoxicación. Lo que llama la atención, no obstante, es la auténtica galería de despropósitos que van apareciendo a través de las diversas declaraciones y que dibujan el panorama que dio lugar a la tragedia.

Los empresarios declaran que no tenían ni idea de la peligrosidad de los productos químicos que utilizaban “nadie nos informó de que fueran peligrosos” y, además, “no llevaban etiquetas que indicaran la composición ni indicaciones de uso, sólo el nombre del producto y la empresa”.


Fotografia de Pep Garcia

La responsable de la empresa en la que trabajaban cinco de las fallecidas reconoce que “notábamos que había una especie de neblina en el ambiente, pero no le dimos importancia”. El encargado, por su parte, cuando se enteró de que algunas trabajadoras sangraban por la nariz dice haber llamado a la Bayer “y nos dijeron que el producto sólo era peligroso si se ingería, nada de toxicidad por inhalación”. En ninguna de las tres visitas que hizo a la empresa la Inspección de Trabajo se dieron indicaciones sobre seguridad e higiene. Otros empresarios encausados aseguran que Sanidad había certificado que sus empresas reunían “todas las condiciones de seguridad” para los operarios.

El Dr. Alfonso Cabeza, médico forense y testigo de la defensa de dos de los acusados, califica las revisiones realizadas por la Mutua como “insuficientes, incompletas, sanitariamente no válidas.... en fin, una chapuza”.

Pero donde realmente se pueden encontrar las claves de lo ocurrido es en las declaraciones de las afectadas: “en las dos empresas en las que yo trabajé siempre había una neblina en el ambiente, carecían de ventilación, no teníamos mascarillas y solo nos dieron unas de papel después de las primeras muertes”. Nunca se les informó sobre la peligrosidad de los productos que utilizaban: “cuando preguntábamos si los productos eran tóxicos nos respondían que eran como sal de frutas”. Cuando acudieron al médico por fatiga o hemorragias nasales fueron diagnosticadas de tuberculosis, gripe y otras afecciones respiratorias benignas.

Los trabajadores se veían totalmente indefensos, “en una empresa como esta no había opción a quejarse”, y narran cómo en una ocasión “la empresa echó a todos los trabajadores por pedir sus derechos”. No es de extrañar que en estas circunstancias “después de lo de Ardystil el jefe nos mandó vaciar los botes de los productos en una pila por el temor a sufrir una inspección”. En otra empresa “desde que el caso salió a la luz se trabajaba sólo por la noche”.

Estamos, pues, ante una larga cadena de desinformaciones, explotación, desidias, desamparos e incluso delitos que el tribunal de la Audiencia de Alicante deberá dilucidar para así, después de más de una década, hacer justicia a las víctimas.