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Imagine

Mar, 15/04/2003 - 12:19

Imagine

Imagine, Sr.Empresario, que un buen día su empresa es objeto de una guerra sin cuartel de salud y seguridad, una especie de opa hostil por riesgos laborales. En dos palabras, vaya, que le declaran una guerra preventiva.

Primero le denuncian por tener almacenados materiales peligrosos. Muy peligrosos. Terriblemente peligrosos. Sus detractores saben perfectamente de qué están hablando. Fueron ellos quienes le suministraron esos materiales en el pasado.

La inspección levanta un acta de infracción por almacenamiento de materiales prohibidos. Los tribunales le declaran culpable de un grave delito contra la seguridad y le conminan a eliminar inmediatamente y de una vez todos los riesgos de su empresa. Por un vez, la magistratura se muestra radical en exigir la eliminación del riesgo.

Suponga que finalmente se decide a acatar la ley de prevención y se declara dispuesto a sustituir sus materiales peligrosos. Pero eso no arregla nada. Ahora ya no se trata de cumplir la ley sino que, en una especie de incontenible celo preventivo, quieren someterlo a un castigo ejemplar por si acaso en el futuro se le ocurriera volver a las andadas. De hecho los inspectorers ya no cuentan. Ahora dicen que la única solución es dinamitar su empresa con los trabajadores dentro (sic) para así protegerles del peligro que usted y sólo usted presenta.

Los tribunales que le juzgaron se declaran impotentes ante el poderío de los dinamiteros. Usted queda totalmente indefenso frente al fanatismo y la arbitrariedad de estos supuestos prevencionistas.

Tras su empresa vendrá otra, y otra, y otra más. Y así hasta que quienes defienden esta forma de hacer prevención al estilo de la 'kale-borroka' instauren la razón de la fuerza, un 'ordine nuovo' en el que detenten la exclusiva de la gestión de riesgos.

Imagine, Sr. Empresario, que esta fábula fruto de nuestra enfermiza y calenturienta imaginación ocurriera de verdad. Pero usted está seguro de que esto nunca sucederá en un Estado de derecho. ¿O tal vez no?