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“Los dueños de Eternit sabían, desde 1974, que el amianto era mortal”

Entrevistamos a Giampero Rossi, periodista
Vie, 15/10/2010 - 12:19
BERTA CHULVI
Entrevista

Casale Monferrato, una ciudad italiana de la región del Piamonte, creyó resuelto el problema del empleo cuando en 1906 se instaló en la población Eternit, una fábrica de amianto. El resultado ha sido terrible: 2.969 víctimas del amianto en una población que no supera los 40.000 habitantes y una lucha ingente de sindicalistas y familiares que ha conseguido llevar ante los tribunales a los propietarios de Eternit. Giampero Rossi ha documentado todo este proceso en el libro La lana de la salamandra que Ediciones GPS ha traducido al castellano.

¿Cómo está en estos momentos el proceso judicial contra los dueños suizos de Eternit?

El juez decidió abrir el proceso penal contra los propietarios de Eternit el 6 de abril de 2009. Es un proceso muy largo. Cada lunes se celebra una audiencia en Turín. Y cada lunes hay dos autobuses desde Casale Monferrato con un centenar de trabajadores y vecinos que se desplazan a la sala de audiencias para dejar constancia de que el pueblo no olvida. Es impresionante ver el ejército de abogados de los imputados: 22 abogados defendiendo a los millonarios suizos y dos abogados defendiendo a los trabajadores. En estos momentos el juez está escuchando a los testigos y se espera que la sentencia salga para 2011.

¿Tienen esperanzas los trabajadores de que se produzca una condena?

El presidente de la audiencia es muy serio y de sus preguntas se deriva que está siguiendo bien la historia y que hay materia. La acusación penal que pesa contra los millonarios es la de homicidio involuntario y desastre ambiental doloso. Lo que la acusación de los trabajadores quiere demostrar es que los dueños de Eternit sabían desde 1974 que el amianto era mortal y que todas las decisiones que habrían podido cambiar las condiciones de trabajo se tomaban en la central suiza.

La historia que refieres tiene nombres y apellidos; sindicalistas como Bruno Pesce, Nicola Prondano o mujeres como Romana Blasotti han luchado durante décadas para el reconocimiento de los daños. ¿De dónde proviene su fortaleza?

Los sindicalistas son hijos de partisanos, crecieron en ambientes en los que se luchaba por la justicia social. El Partido Comunista de Italia dejó una huella ética enorme y ellos forman parte de ese rastro. La fuerza de Romana Blasotti viene directa del sufrimiento: perdió al marido, la hermana, la sobrina, la prima y finalmente a su hija. Es una mujer tremenda, de 81 años, con una entereza y una capacidad para empatizar increíbles. Es de hierro colado, pero nunca pierde la ternura. Una frase de ella que creo que resume muchas cosas es: “No tengo lágrimas, sólo espero poder llorar el día que se haga justicia”. Para explicar por qué la lucha no decae está el hecho de que en Casale, en 2010, sigue muriendo gente y diagnosticándose nuevos casos de mesotelioma: 50 nuevos casos en el último año.

¿La colaboración desinteresada del grupo de abogados ha sido muy importante en todo el proceso?

Sí. La decisión de los primeros abogados que se ofrecieron a trabajar gratis en un proceso muy lento ha sido clave. En 1980, el tribunal de Casale Monferrato rechazó el proceso y el abogado Bonetto siempre recuerda que un juez le dijo: “Abogado, ponga tranquilidad en su alma, este proceso nunca se va a abrir…” Hoy Bonetto puede decir que sí se ha abierto.

¿Es suficientemente conocido este caso entre la sociedad italiana? ¿Es capaz la opinión pública de pensar que lo que sucedió con el amianto puede estar sucediendo con otros productos químicos?

No. No es suficientemente conocido. El libro ha hecho que el caso llegue a TV. Tuvimos la desgracia de que el día que se abrió el juicio, un fuerte terremoto dejó en la ciudad italiana de L' Aquila más de 300 muertos.

Sí, pero en Casale Monferrato hay 2.969 víctimas del amianto y siguen saliendo casos…

Ya. Por eso escribí el libro. Me dije: "Esta historia hay que contarla", porque la atención de los medios a estos casos es muy poca. Siento ser muy pesimista, pero veo que los medios de comunicación se han rendido al sensacionalismo y la consecuencia más grave es que ha desaparecido la opinión pública. Hay muchas pequeñas opiniones públicas sectoriales, pero la opinión pública como fenómeno, como espoleta del cambio ha desaparecido. En Canadá se sigue exportando amianto y en Brasil las minas siguen abiertas.