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Hemos de actuar sobre todas las condiciones de trabajo para conseguir efectos en materia de salud laboral”

Dom, 15/01/2017 - 12:19
BERTA CHULVI
Entrevista

Geneviève Baril-Gingras es ergónoma y profesora titular del Departamento de Relaciones Industriales de la Université Laval de Quebec. Como investigadora colabora con dos centrales sindicales quebequenses, la Federación de Trabajadores de Quebec (FTQ) y la Confederación de Sindicatos Nacionales (CSN). Baril-Gingras conoció el trabajo del COPSOQ-ISTAS21 y quedó fascinada porque se trataba de una herramienta que desde el marco de la salud laboral permitía a los trabajadores intervenir en la organización del trabajo y avanzar en la democratización de las relaciones laborales. Recientemente nos visitó para iniciar una colaboración más estable con ISTAS.

Tus investigaciones analizan las estrategias de los sindicatos que permiten avances en salud laboral, ¿por qué te interesa este campo?
Tras muchos años de investigación en salud laboral conocemos muy bien qué hacen las empresas y lo que nos ha quedado claro es que quienes están detrás de los avances son los trabajadores, concretamente la movilización por medio de los sindicatos. Sin embargo, la mayoría de estudios que he encontrado se centran más en el efecto de los delegados de prevención que en analizar la acción sindical global, que no toma necesariamente el camino de los comités de salud y seguridad. Los sindicatos trabajan sobre factores que tienen un efecto sobre la salud laboral, aunque no les dan la “etiqueta” de salud laboral. Por ejemplo, los salarios, los horarios, la carga de trabajo, no son llamadas cuestiones de salud laboral, pero tienen un efecto directo sobre la salud de los trabajadores. El método COPSOQ-ISTAS21 de ISTAS-CCOO permite mostrar esta relación y abre un camino para la acción de los trabajadores sobre estas preocupaciones. Por eso, me quedé muy impresionada cuando conocí, en una revista científica, el trabajo de ISTAS-CCOO en cuanto a riesgos psicosociales y la organización del trabajo. Lo mostré a algunos de mis interlocutores en una de las centrales sindicales con las que colaboro en el plano de la investigación y se quedaron igualmente impresionados ante el trabajo sindical que hace CCOO con los riesgos psicosociales. Por eso contacté con ISTAS y he venido a España a conocer la experiencia.

¿Qué es lo que te pareció tan importante?
Lo que me impresionó del trabajo de ISTAS-CCOO es que permite que las cuestiones de salud se integren en el resto del trabajo sindical. De hecho, la salud está en el centro de la experiencia del trabajo y se mantiene en las preocupaciones más importantes de los trabajadores a pesar de la crisis. En muchos países la acción de los delegados de prevención parece, en cierta manera, aislada del resto de la acción sindical y no está integrada en el grueso del conflicto laboral, en el marco de las negociaciones de las relaciones laborales que se da en la empresa. Sin embargo, con la metodología COPSOQISTAS21 se le da un papel central a los trabajadores y al sindicato en la prevención de riesgos psicosociales y se consigue efectivamente intervenir sobre la organización del trabajo, en el sentido de democratizar las relaciones en la empresa. Y eso, evidentemente, tiene efectos directos sobre la salud de los trabajadores. Lo que yo vi es que se llevaba a la práctica una premisa que a mí me parece esencial: la salud laboral no puede estar aislada de todo el conjunto de la acción sindical, sobre las condiciones de empleo y de trabajo.

Es incomprensible que la salud laboral se trate de manera aislada del conjunto de la acción sindical, pero también se da ese enfoque en España. ¿Cuál es el proceso histórico que ha llevado a esta situación?
La existencia de un marco legal y de estructuras exclusivamente dedicadas a la salud laboral puede ser concebida como una manera de darle importancia. Pero en ciertos casos, esto produjo un efecto paradójico. Por ejemplo en Quebec, con la introducción de la Ley de Salud y Seguridad en el Trabajo (LSST) en 1979, se produjo una tendencia a separar la seguridad y salud en el trabajo del resto de relaciones laborales. El objetivo de la ley era sacar la salud en el trabajo del contexto de relaciones de poder desiguales que se producen en la empresa, con un interés legítimo, pensando que el hecho de que existiera una estructura especial facilitaría la prevención. La creación de estas estructuras dedicadas a la salud se ofrecía como el camino para evitar que se negociaran subidas de salario en contra de la exposición a riesgos para la salud y la seguridad. Después se añade un discurso según el cual la salud laboral es un interés común de “todos”, empresas y trabajadores. Pero con el tiempo nos hemos dado cuenta de que este enfoque solo funciona en ciertas circunstancias, pero no en todas, por ejemplo, cuando la salud o la seguridad de los trabajadores revierten en la calidad del producto. Pero si no hay esta coincidencia de intereses, este enfoque más técnico y menos sindical no es eficaz en la transformación de las condiciones de trabajo que están detrás de la pérdida de salud de la población trabajadora. Actualmente, con la intensificación del trabajo y la precarización de las condiciones laborales en términos de salarios, horarios, estabilidad, etc., los intereses entre trabajadores y empresa están muy lejos de ser convergentes y ese enfoque que separa la salud laboral del corazón de la acción sindical no sirve para intervenir en la transformación de la organización del trabajo, que es el aspecto esencial en materia de salud laboral. Esto renueva la importancia de la organización autónoma de los trabajadores y la movilización sindical al nivel de los centros de trabajo mismos y al nivel de las políticas públicas. Al menos, esto es lo que estamos viviendo en Quebec. Hemos de actuar sobre todas las condiciones de trabajo, incluyendo la organización del trabajo, con todos los medios sindicales, para conseguir efectos en materia de salud laboral.

¿Y qué piensas que se puede hacer en esta perspectiva en Quebec?
He buscado inspiración en la experiencia de CCOO-ISTAS que sí ha conseguido, a través de una concepción muy participativa de la evaluación de riesgos psicosociales, que empodera a los representantes sindicales y a los trabajadores directamente, intervenir en la organización del trabajo. De tal manera que la misma metodología de evaluación se convierte en sí misma en un remedio, en una solución, ante los problemas existentes, porque implica participación directa y representativa. En Quebec los sindicatos tienen más dificultades para llevar a cabo un trabajo similar porque la evaluación de riesgos no es obligatoria para las empresas de todos los sectores. Cuando se aprueba en Quebec la Ley de 1979 de Salud y Seguridad en el Tra bajo se establecen cuatro instrumentos para actuar en materia de salud laboral: el programa de prevención, el programa de salud elaborado por equipos de salud laboral en una red de salud pública independiente de la empresa, el comité de Seguridad y salud y el representante de prevención. Se decidió que se iría aplicando poco a poco a los distintos sectores de actividad que se dividen en seis grupos, en aquel momento, según el nivel de riesgo. Han pasado 30 años, y en su totalidad solo se aplican los cuatro instrumentos que prevé la ley a los dos primeros grupos de empresas. ¿Cuándo se paralizó el proceso? Casualmente, cuando había que aplicar la norma a los empleados y empleadas de las Administraciones públicas. En la actualidad, solo un 13% de los trabajadores y trabajadoras están cubiertos por los cuatro instrumentos que preveía la ley, y el 26% por los dos primeros. La gran mayoría de mujeres trabaja en sectores donde estos mecanismos de la ley no se aplican. A los sindicatos de Quebec los gustaría mucho disponer de un instrumento legal que establece la obligatoriedad de la evaluación de riesgos, como la Ley de Prevención de Riesgos de 1995, aunque es evidente que CCOO-ISTAS la ha utilizado de una manera muy imaginativa y creativa, porque la ley solamente ya sabemos que no produce efectos. Es absolutamente necesario no solamente denunciar el daño, sino tener una visión para utilizar la ley de manera no técnica y estrecha, sino más bien de una manera que permite proponer cambios, y que permite a los trabajadores tener más poder sobre sus condiciones de trabajo cotidianas, individualmente y colectivamente.

No parece fácil en un momento de crisis económica y política como el actual, ¿no?
No es fácil, pero yo creo que la salud laboral es precisamente una de las piezas clave para dinamizar la presencia de los sindicatos y renovar su fuerza. En todas las encuestas aparece que la salud es una de las principales preocupaciones de los trabajadores, una de sus prioridades. A pesar del paro, de la precariedad de los salarios, la salud siempre aparece en los primeros puestos en cuanto a las preocupaciones. La salud laboral es pues una de las vías que tienen los sindicatos para mostrar que son útiles y reconstruirse en el actual contexto sociopolítico y económico, especialmente difícil. No se trata de utilizar la salud laboral de manera instrumental, sino de ponerla, verdaderamente, en el centro de la acción sindical. El lugar que le corresponde desde siempre; porque, por ejemplo, la fiesta del 1 de mayo está directamente relacionada con la salud laboral: conseguir una jornada laboral de ocho horas, lo que reivindicaban los obreros que fueron ejecutados en Chicago en 1886, era esencialmente una demanda en materia de salud laboral.