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“El 95% de la mortalidad por exposición a amianto no se registra como patología de origen laboral”

Jue, 15/01/2015 - 12:20
BERTA CHULVI
Entrevista

Alfredo Menéndez-Navarro es médico y catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada. Dedicó su tesis doctoral a estudiar los problemas de salud de los trabajadores de las minas de Almadén y a partir de ahí ha realizado numerosas investigaciones sobre la producción y utilización del amianto en España. Junto con dos investigadoras más, acaba de publicar un artículo en el International Journal of Ocupational and Enviromental Health, donde estiman la magnitud de la mortalidad en España por exposición a amianto y su enorme subregistro.

 

¿Qué tiene de original el trabajo que acaba de publicar con Montserrat García-Gómez y Rosario Castañeda?
El artículo presenta uno de los resultados del proyecto "Los riesgos del amianto en España (1960-2002)". Se trata de algo relativamente sencillo que no se había hecho hasta ahora y que consiste en contar el número de casos de enfermedad profesional causada por la exposición a amianto reconocidos por el Instituto Nacional de la Seguridad Social y compararlo con la mortalidad registrada por patologías que sabemos que están causadas por el amianto, por ejemplo, el mesotelioma pleural. Esta comparación, relativamente simple desde el punto de vista del análisis, ha permitido documentar el tremendo infrarregistro que padecen este tipo de cánceres en nuestro país.

¿De qué cifras estamos hablando?
En el caso del mesotelioma pleural estamos hablando de un 95% de infrarregistro si tenemos en cuenta hombres y mujeres. Es decir que solo 1 de cada 20 casos se está registrando como patología profesional. En el caso del carcinoma de bronquios y pulmón, como puede atribuirse a otras causas como el tabaquismo, la tasa de infrarregistro es aún superior y llega al 98,8%.

¿Qué metodología habéis seguido para calcular ese porcentaje de infrarregistro?
Hemos acudido a las estadísticas oficiales de mortalidad y de reconocimiento de patologías profesionales en España. Hemos tomado los datos para el quinquenio 2007- 2011, en el que el mesotelioma pleural dispone de un código de identificación preciso, y hemos comprobado que en ese periodo hubo 1.297 fallecidos por mesotelioma pleural en España. Según la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC), entre el 80 y 85% de los casos de mesotelioma pleural son debidos a exposiciones laborales. El resto son causados por exposiciones ambientales al amianto, por ejemplo, las que padecieron los vecinos de las fábricas donde se manipulaba amianto, o las familias de los trabajadores de esas fábricas. Siguiendo a la IARC, pues, entre 1.038 y 1.002 muertes de las que se produjeron en ese periodo por mesotelioma se debieron a exposición laboral al amianto, es decir, serían casos de enfermedad profesional. En ese periodo solo se han reconocido 50 casos, 49 en hombres y uno en mujeres.

¿Y en el caso del carcinoma de bronquio y pulmón?
En ese caso hemos partido del número de fallecidos por esa patología en España en el mismo periodo y hemos utilizado las estimaciones que publicaron la doctora Badorrey y colaboradores, que indican que un 4% de los fallecimientos por cáncer broncopulmonar serían atribuibles a una exposición laboral al amianto. Así, 4.076 de los fallecimientos registrados por esta causa serían atribuibles al amianto mientras solo se han reconocido 47 casos como enfermedad profesional en el mismo periodo. Es cierto que se trata de una aproximación menos contundente que la que hacemos con el mesotelioma pleural, ya que este no tiene otra causa que la exposición a amianto.

¿Y ese subregistro en el reconocimiento se debe al rechazo de demandas ante la Seguridad Social o a personas que no han reclamado el reconocimiento?
No lo podemos saber, porque la Seguridad Social no publica el número de trabajadores que solicitan el reconocimiento de enfermedad profesional. Es un problema serio de falta de transparencia de un organismo de la Administración del Estado. Sabemos que hay rechazos, pero también casos de trabajadores que no solicitan la contingencia. Los cánceres del amianto, como otros cánceres profesionales, tienen un largo periodo de latencia: la enfermedad aparece décadas después de que se haya producido la exposición, hasta 50 años después. Muchos trabajadores desconocen que ese cáncer –que se manifiesta cuando ya están jubilados– tiene origen profesional. Si los médicos que los atienden no indagan en su historia laboral, el origen profesional de la dolencia puede pasar inadvertido.

¿Cuando presentáis la distribución geográfica de los casos reconocidos se observan grandes asimetrías que atribuís a la formación de los equipos médicos?
Sí. Este es un fenómeno que se ve muy bien en la serie histórica. En el año 1962, la asbestosis (una forma de fibrosis pulmonar causada por la inhalación de fibras de amianto) se contempló como enfermedad profesional en nuestro país. Entre 1962 y 1976 se reconocieron 40 casos de asbestosis, 37 de ellos en Vizcaya. ¿Por qué? Porque allí había un grupo de profesionales liderados por Luis López Areal del Amo, el pionero del estudio del amianto en nuestro país, que posibilitó dicho reconocimiento. De igual forma, la actividad de grupos de sanitarios y abogados, de asociaciones de víctimas y de sindicatos favorece que en algunas zonas se reconozcan más casos. Al margen de ello, la distribución geográfica de los casos reconocidos reproduce la ubicación de los principales centros productivos donde se manejó amianto.

Que eso pasara entre 1962 y 1976 podría ser comprensible, pero que siga pasando ahora en el 2014 es inadmisible, ¿no?
Efectivamente. En la formación médica los antecedentes laborales o el tema de la patología laboral tiene un peso muy pequeño, y no hay un entrenamiento en este campo para los médicos de familia, que es el primer escalón al que acuden los afectados, especialmente los que han abandonado el mercado laboral. De manera que ante un mesotelioma pleural no necesariamente se les encienden las alarmas, y desde luego menos ante otro tipo de cánceres. Y claro, eso es importante, porque si nuestras estadísticas oficiales registrasen los 700 fallecimientos anuales, que son los que estimamos que se producen y que se van seguir produciendo año a año a lo largo de esta década, sería difícil para la Administración presentar el problema como irrelevante. Se trataría de un problema de dimensiones similares al de fallecidos en accidente de tráfico y, por tanto, habría más concienciación. Si el amianto, que causa uno de cada dos cánceres profesionales, pasa inadvertido, qué decir de otros agentes cancerígenos laborales. Deberíamos aprender del caso del amianto para actuar frente a riesgos emergentes, como las exposiciones a disruptores endocrinos como el bisfenol A. Lo que ocurre hoy con esos tóxicos me recuerda mucho a la situación de hace 40 o 50 años con el amianto. Ahora estos productos son omnipresentes en nuestras vidas, como antes lo fue el amianto.

¿Qué impide que este conocimiento sobre el origen laboral o ambiental del cáncer penetre, definitivamente, en las facultades de Medicina?
Digamos que a lo largo de la historia de la medicina han prevalecido las explicaciones pluricausales, que sí consideraban los factores ambientales de la enfermedad, ya fueran exposiciones laborales o no. Desde finales del siglo XIX, la formulación de la teoría microbiológica en medicina favoreció el auge de las explicaciones unicausales que, de una forma u otra, se han mantenido hasta la actualidad. En nuestros días, la investigación médica privilegia el peso de los factores genéticos en el origen del cáncer, en detrimento del papel de los factores ambientales. Un paradigma para la explicación de las causas de la enfermedad que le viene como anillo al dedo a los valores de una sociedad neoliberal.