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Enfermos por culpa de las sustancias tóxicas

Jue, 15/07/2004 - 12:20
UE

Dossier: Tóxicos sin control

Enfermos por culpa de las sustancias tóxicas

No me descubrían el asma bronquial

Juan P., 55 años. Hernani, Guipúzcoa

Me hicieron todas las pruebas, de alergenos, de función pulmonar. La misma enfermera que me las hizo se asustó, me preguntó que cómo podía mantenerme en pie con un porcentaje de oxígeno en sangre tan bajo. Había contraído un asma bronquial profesional por exposición a polvo de harina.

Trabajaba en una panadería en el polígono 27 de Martutene, Donosti. Empecé en el 96 sustituyendo unas vacaciones y finalmente me contrataron fijo como amasador. En un principio la panadería estaba bien pensada, la amasaduría estaba encima del obrador, era un local cerrado con ventilación suficiente, con varias ventanas exteriores. Trabajaba con unas amasadoras cerradas herméticamente, de alimentación automática, que evitaban bastante el polvo en el ambiente. Un tiempo después, bajaron la amasadora al obrador y me trasladaron abajo para hacer otras cosas: si tenía dos minutos tenía que meter chapas, llevar un carro.... Con el cambio de ubicación el sistema de válvula de caída de harina pasó de estar a un metro de altura a estar a diez y en esa caída a presión se levantaba una polvareda tremenda. Además la empresa unificó dos panaderías diferentes en una y trajeron unas amasadoras que no eran herméticas con lo que aún se levantaba más polvo. Ese polvillo, que venía como una niebla, fue lo que hizo que empezara a notar síntomas de fatiga, a respirar mal. Cuando terminaba, me duchaba y salía de la panadería ya no estaba tan mal. Lo que pasa es que un día, otro día, la cosa iba a más. Sólo me habían hecho un reconocimiento médico en el año 98, cuando ya llevaba un año y pico trabajando y ya entonces me detectaron síntomas de cansancio, pero no le dieron importancia. Un especialista me diagnosticó asma bronquial profesional. Finalmente pasé el reconocimiento en el Equipo de Valoración de Incapacidades y en mayo de 2003 me dieron la invalidez total. Ahora llevo dos años fuera del entorno de la harina, en tratamiento, pero sin seguridad de que pueda tener una recuperación total...

Al menor contacto con un olor fuerte no puedo respirar

Mario Marrupe, 34 años. Mejorada del Campo, Madrid

Si en mi casa se ponen a freír, me tengo que salir a la calle; si voy a un sitio y están fumando, me tengo que ir; si pasa un autobús y echa mucho humo, me molesta; si entro en una tienda y han fregado el suelo con lejía, lo noto. Parecen 'chorradas' pero en la vida cotidiana me las encuentro por todos lados. Luego viene la incomprensión por parte de la gente. Piensan: 'qué delicadito es'. No saben lo que supone tener una hiperreactividad bronquial.

Trabajaba en la Compañía Europea de Cospeles, dedicada a fabricar el disco del euro que después se vende a los distintos países de la UE para que lo acuñen. Yo era oficial de primera en la sección de hornos y lavadoras. Un día al llegar al trabajo me dicen que se había roto una tubería y que el ácido sulfúrico al 97% se estaba comiendo el suelo. Desde lejos se veía una humareda muy grande. Me puse mi traje de protección, mis botas y mi máscara y fui a recoger el derrame. Lo neutralicé con agua, única forma en que la empresa me dio opción a hacerlo a pesar de no ser correcto, y lo trasladé a las arquetas de seguridad. Al no tener desnivel suficiente tuve que empujar el líquido para que se fuera por el desagüe.

Estuve entre las 3 y las 7:30 sudando y pasando calor, pues el traje es hermético. Al día siguiente me encontré con la misma fuga y tuve que recogerla de nuevo tras lo cual empecé a encontrarme muy mal, muy nervioso, como muy acelerado y pedí que me llevaran al médico. Me trasladaron en taxi hasta la clínica de la Mutua Fraternidad pero no me atendieron porque 'el médico se había marchado ya'. Me enviaron al hospital de la mutua donde me ingresaron durante dos días y me dieron el alta. Tras una semana en casa yo seguía encontrándome mal, con afonía, cada vez respiraba peor. Volví a la mutua y me remitieron a la seguridad social para que me dieran la baja por contingencia común. Tres días después ingresé de nuevo en el hospital y estuve con oxígeno durante 15 días, tenía un edema pulmonar evolucionado a síndrome de disfunción de las vías aéreas. A partir de aquí la mutua cambió su actitud, empezó a preocuparse por el tema y me dieron un trato bastante bueno. La secuela del edema es una hiperreactividad bronquial. Al menor contacto con algún olor fuerte empiezo a tener dificultad para respirar. Me han reconocido la incapacidad total para mi profesión habitual..

Tengo niveles elevados de plomo en sangre

Ana Belén Rodriguez, 32 años. Betxi, Castellón

Me han dejado sin trabajo, estuve dos años preparándome para pintar a mano y ahora me han cortado mi vida profesional. La empresa, ante las continuas bajas por mi especial sensibilidad al plomo, me dijo 'ya no nos interesas'. Me despidieron y tuve que pleitear para que se reconociera como improcedente y me dieran la indemnización.

Trabajaba en la empresa Cerámica Artística de Betxi, en Castellón, pintando a mano azulejos. Empecé a trabajar en septiembre del 99 y los primeros síntomas fueron en verano del 2000. Tras una exposición aguda al plomo, presente en las pinturas que utilizaba, ingresé de urgencias en el hospital con inmovilidad en las piernas, vómitos, mareos, náuseas y malestar en el estómago al levantarme por la mañana. Llegué a estar dos o tres veces en urgencias por calambres en las piernas sin poder moverme. No podía estar ni sentada ni tumbada, de ninguna manera.

He desarrollado una especial sensibilidad al plomo con lo cual no puedo ni acercarme a un esmalte. Parece ser que lo absorbo más que otras personas. Cuando me detectan los niveles altos la mutua me da la baja un mes y después continúo trabajando. A principio de 2003 salió una compañera como delegada sindical y empezó a meter caña con el tema, nos informó de lo peligroso que es el plomo denunciando las condiciones de seguridad e higiene de la empresa que eran patéticas y lamentables. A partir de aquí comienzan a hacer exámenes más exhaustivos. Hasta entonces lo único que nos decían los de la mutua cuando se producía una intoxicación de plomo era 'ahora durante un mes no trabajas, te lo quitas y ya está'. Yo tengo niveles de plomo siempre elevados, no pasan del máximo, pero son elevados. De hecho, todas tenemos plomo en sangre…

Yo era encargada en la fábrica, jefa de turno y me habían hecho fija hace un año y medio. He perdido un trabajo fijo, al lado de mi casa y con un horario perfecto para atender a mi hija de 6 años, un trabajo que yo me llevaba currando durante mucho tiempo. A ellos les interesaba más echarme a la calle que arreglar la fábrica, esas fueron sus palabras...

Los disolventes son la causa de mi enfermedad

Enrique Herreros, 48 años. Salamanca

Empecé a darle vueltas a la cabeza, había trabajado con disolventes toda la vida, una hija de otro compañero tenía la misma enfermedad que mi hijo y que yo. Empecé a razonar la situación, a buscar documentación y descubrí que los bifenilos policlorados causan todos estos deterioros.

En 1970, con 14 años, empecé a trabajar en la empresa Transformadores Gedelsa, dedicada a la fabricación y reparación de transformadores y al bobinado de motores. Trabajábamos con piraleno, tricloroetileno y otros disolventes, además de con aceites usados. Yo reparaba del orden de 80 ó 90 máquinas al año que contenían estos productos, utilizaba el soplete para soldar cubas que habían contenido piraleno, que se lavaban con tricloroetileno y a las que se echaba aceite. Además una vez reparadas las máquinas, se metían a un horno a 120ºC a secar durante 24 ó 48 horas y cuando abríamos la puerta para sacar el transformador la nave era una nube de humo que nos tragábamos todos. En el 97 me detectaron una alteración de las transaminasas. Un año después habían subido más y en el 99 se habían triplicado. Estando de baja por un accidente laboral me detectaron una disminución de plaquetas, con lo que a los pocos días me dieron el alta por contingencia profesional y la baja por enfermedad común. A partir de aquí fue cuando me puse sobre el tema y descubrí que los bifenilos policlorados podían ser el origen de todo esto y además leí que se transmiten de padres a hijos. Tengo un hijo de 18 años al que le diagnosticaron a los 12 una púrpura trombopénica idiopática que consiste en una disminución de plaquetas. Me dieron un tratamiento con corticoides y tuve serios problemas con el colon. Me tuvieron que quitar la mitad del intestino y de nuevo surgió el problema de las transaminasas. Tras un estudio hepático me explicaron que tenía un montón de vasos obstruídos y que no detectaban otra causa salvo la manipulación de productos tóxicos como el piraleno y el tricloroetileno. Desde entonces estoy con tratamientos médicos muy duros, nunca se sabe qué nivel de plaquetas tendré y el problema es que no me coagula la sangre.